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Dar vida a las imágenes
Por Anibal Chajón
Una de las tradiciones más antiguas en Guatemala
es la de vestir regiamente a las imágenes que son sacadas
en procesión durante la Semana Santa, con lo que se expresa
el respeto de los fieles a la divinidad del Nazareno.
La tradición de usar costosos atuendos en las imágenes
de Pasión es añeja, de ello dio testimonio Jesús
Fernández en la Semana Católica del 8 de abril de
1899. "En Jesucristo, agobiado por el peso de la cruz",
decía Fernández, el guatemalteco "contempla al
rey triunfador que va a tomar posesión de su imperio, revistiendo
las estatuas de Jesús con las telas más preciosas,
bordadas de oro".
Esto les parecía a los fieles una condición indispensable,
"haciéndole arrastrar cauda como rey y soberano",
continuaba. "Sogas y cordeles ataron al divino ajusticiado,
pero aquí se han trocado en gruesos cordones entretejidos
de oro y así recorre las calles, con majestuoso paso y eco
de marchas fúnebres llevado sobre andas".
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Para la identificación inmediata de la imagen, se recurría
al uso de colores determinados. De esa forma, los nazarenos eran
vestidos de morado, símbolo de la penitencia; los sepultados
lucían albas blancas e iban sobre almohadones bordados en
oro; las dolorosas eran vestidas con túnica fucsia y manto
azul claro, mientras que las imágenes de la Soledad eran
ataviadas de negro.
De tal manera que la costumbre de vestir regiamente a las imágenes
de Pasión es muy antigua. Además, en la edición
del 25 de abril de 1899 de la misma publicación, se destacaba
la labor de bordado de las hermanas Guerra, quienes confeccionaron
ese año una túnica para el Nazareno de Candelaria.
Con el paso de los años, la costumbre del bordado se ha extendido
y, hoy en día, son famosos los trabajos de Ramiro Gálvez,
de Santa Lucía Cotzumalguapa, y Álvaro Lara y Manuel
Morales Montenegro, en la capital.
El proceso del bordado es sencillo, pero requiere paciencia. Se
inicia con el diseño, que se plasma en un dibujo. Éste
se copia sobre la tela y se cortan plantillas resaltadas, denominadas
en conjunto espartería, para resaltar algunas partes del
diseño. Las plantillas, que pueden hacerse de varios materiales,
se forran de tela que asemeje el tono del oro o plata, para que
la espartería mantenga resistencia y se procede a bordar
con hilo de oro o plata. Por último, se adorna con pedrería
para darle mayor elegancia y realce.
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Algunos ejemplos de trajes
muy apreciados son el manto que usa la Virgen de La Recolección,
que fue un obsequio de un sacerdote estimado por los parroquianos,
fray Miguel Murcia, y la túnica que usó el Nazareno
de La Merced para su consagración, en 1717, y que fue restaurada
hace pocos años.
Vestir una imagen es otro arte, algunas personas como Álvaro
Lara o Edgar Cristales saben imprimir en el vestuario una animación
que hace parecer vivas a las esculturas. El procedimiento es minucioso,
la primera fase es colocar tiras de gasa para forrar la talla, de
tal manera que cuando se prendan alfileres no se lastime la obra
sagrada. Después se le ponen dos albas de tela blanca, encima
un fustán de manta almidonada (que, según Lara, antes
era de brin si la imagen era de bastidor) y, por último,
la túnica, ceñida por cíngulos de hilo de oro.
Pero no se trata de poner tela sobre tela, hay que darle movimiento
y vida sin deformar los rasgos esenciales de la imagen.
Complementan el atuendo de las efigies las cabelleras de pelo natural,
que son cuidadosamente peinadas y perfumadas por artistas especializados.
Por último están la joyería y los accesorios,
que comprenden coronas de espinas, resplandores, halos y dagas,
en las imágenes de Pasión.
De tal manera que, la indumentaria de los santos es parte esencial
de las tradiciones religiosas en Guatemala, que marca una etapa
más en la secuencia devocional de su gente.
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