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Vía Sacra Musical
Por Celso Lara

Las marchas fúnebres procesionales constituyen el mayor aporte que Guatemala ha dado al desarrollo de la música occidental. Surgidas en el seno de la sociedad guatemalteca, a finales del siglo XVI, con el objetivo de acompañar los cortejos procesionales de sepultados y nazarenos durante la Semana Mayor, se convirtieron en el canto fúnebre del guatemalteco y parte de la música popular.

La más antigua marcha de la que se tenga noticia fue la compuesta para la procesión del Cristo de los Reyes, en 1595. De autor anónimo, la partitura incompleta puede consultarse en el Archivo Arquidiocesano. De clara procedencia veneciana, las primeras marchas fúnebres fueron compuestas por los maestros de capilla de los templos donde hubiese, además de un cura evangelizador, un maestro de capilla. Hubo varios maestros de capilla de ascendencia indígena.

 
       
 

Rápidamente pasaron a formar parte de la herencia social de los maestros músicos, quienes eran integrantes de las bandas de instrumentos de metal, madera y percusión que se organizaron en Guatemala. Hacia la segunda mitad del siglo XVII, las marchas fúnebres estaban difundidas y afincadas en todo el territorio del Reino de Guatemala. Desde entonces se han convertido en la expresión del espíritu colectivo del guatemalteco de todos diversos grupos sociales y étnicos.

En el siglo XVIII, fueron mencionadas por José Moziño, cuando llegó a Guatemala con la expedición científica enviada por los reyes Borbones. De su evolución hay constancia con las partituras del siglo XIX, como algunas marchas dedicadas por Eulalio Samayoa a Jesús de Candelaria. Muchos compositores no tenían conocimientos musicales. Sin embargo, como la marcha fúnebre tiene una estructura musical muy fija, resulta relativamente fácil componerla para luego ser orquestada por un músico con mayores conocimientos técnicos.

La estructura musical básica es una primera parte dramática, en donde se expone el tema principal, una segunda parte que modula a su relativa mayor y una resolución en tono menor, por ejemplo "Los Pasos". Escritas en tonalidades menores, su ritmo característico es 4/4.

La marcha fúnebre pone mucho énfasis en la participación de los cobres en sus melodías: cornos franceses, helicones, trompetas y trombones. Los nobles clarinetes y las flautas intervienen en la filigrana de la melodía clave.

Hay que destacar el paso, ritmo y dinámica de la marcha, marcado especialmente por el redoblante, el bombo y los platillos.

Marchas como La fosa, Una lágrima, Los pasos, Señor, pequé y El Cuervo son del dominio de todos los músicos. Como todo fenómeno popular, el nombre de sus autores se tiende a colectivizar, pero destacan Manuel Moraga, Santiago Coronado, Mariano de Jesús Díaz, Julián Paniagua, Salvador y Fabián Rojo, Mario Paniagua, Monseñor Santa María y Vigil y Mónico de León.