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Penitentes y Cucuruchos
Por Celso Lara
El traje talar utilizado por los cucuruchos en Guatemala
tiene una larga trayectoria. Su origen se remonta a los primeros
trajes de peregrinos utilizados en Europa, hacia el siglo IX, cuando
recorrían los lugares sagrados del centro europeo y, sobre
todo, a partir del siglo XI, cuando visitaban los lugares santos
en Medio Oriente. Esta indumentaria estaba ligada a la utilizada
en conventos y abadías. Otra influencia fue el traje de peregrino
establecido por la orden franciscana, a partir del siglo XII. Estos
ropajes tuvieron amplísima difusión en toda Europa.
En España se volvieron comunes, sobre todo en las peregrinaciones
a Santiago en Compostela.
La vestimenta de cucurucho en Guatemala fue traída en el
siglo XVI. La primera noticia de los trajes de penitentes es la
mención que se hizo en la procesión de Jesús
de Candelaria en 1596 en una Crónica del Ayuntamiento. Los
hombres iban vestidos con una túnica morada, con una esclavina
blanca al estilo de los penitentes de Santiago de Compostela
y los criollos y nobles iban ataviados como penitentes, portando
cucuruchos negros, túnica y alba negra que les cubría
el rostro. A principios del siglo XVII, Tomás Gage
describió los mismos trajes. José Moziño, en
1795, vio la misma vestimenta aunque agregó que durante los
días Miércoles y Jueves Santo los trajes eran de color
morado, en tanto el Viernes Santo se utilizaban túnicas negras
en conmemoración del luto de la muerte de Jesús.
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Jacobo Haefkens, en 1860, hizo otra descripción de los
trajes de cucuruchos guatemaltecos por lo que se sabe que habían
cambiado poco desde el siglo XVI. A principios del siglo XX, Jesús
Fernández comentó que entre los penitentes figuran
todas las clases sociales, con la sencilla túnica y el legendario
capuz.
El traje de penitente contaba con un cono llamado cucurucho sobre
la cabeza que cubría el rostro, excepto los ojos, por eso
fue prohibido en distintas oportunidades desde la época colonial
hasta el siglo XIX y, durante las dictaduras del siglo XX, casi
desaparecieron. Sin embargo, ha vuelto a resurgir en las procesiones
a partir de 1950.
La vestimenta del cucurucho en la actualidad se compone de una
túnica morada, para los días de Cuaresma y Semana
Santa, o negra, para ser utilizada en las procesiones de Viernes
Santo. Lleva una esclavina morada o negra, también llamada
paletina, que es una sobrecapilla que se coloca en los hombros,
como símbolo de penitencia y deriva directamente de los penitentes
del Santiago de Compostela. La esclavina de Jesús de Candelaria,
usada el Jueves Santo, es blanca para conmemorar la institución
de la Eucaristía y porque en 1597 le fue concedido, por bula
papal de Inocencio IV, el privilegio de utilizar dicho color. Para
ceñirse la túnica se usa un cíngulo o cinturón
morado, blanco o negro según la simbología del día,
que recuerda la autoflagelación con el que se castigaba el
cuerpo, en tiempos coloniales, y que era también portado
por los caminantes de Santiago de Compostela. El traje se completa
con un parasol también negro o morado, según el día
y la procesión. Algunas variantes son los cascos romanos,
forrados de tela morada, como en Candelaria.
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Muchos trajes de cucuruchos han sufrido variantes y
adaptaciones que las hermandades y cofradías le han impuesto
según sus gustos y necesidades, como el de San Juan Sacatepéquez.
Además, se estila otra indumentaria, la de los escuadrones
de Palestinos que acompañan muchas de las procesiones guatemaltecas,
que son hombres vestidos a la usanza de la Jerusalén bíblica.
También los escuadrones de romanos que acompañan los
cortejos en la capital, Antigua Guatemala y Quetzaltenango. Por
último están las vestimentas de los Cruzados del Santo
Sepulcro, tanto de la Recolección como de El Calvario, en
la capital, quienes sobre una túnica negra utilizan una capa
blanca que recuerda a los cruzados del Santo Sepulcro de la Isla
de Rodas que lo cuidan desde el siglo XII.
Por todo ello, los trajes de Semana Santa son únicos
en América Latina y ha adquirido su propia naturaleza según
el proceso histórico y la creatividad de sus mismos portadores
y las hermandades y cofradías que le dan vida.
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