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Imágenes consagradas
Este año el pueblo católico tendrá la oportunidad de asistir a varias consagraciones de imágenes. Para comprender la importancia de este rito y su significado vale la pena acercarse un poco al desarrollo histórico y a las raíces de esta ceremonia en Guatemala. El año 1717 fue testigo de una ceremonia por medio
de la cual el obispo Fray Bautista Álvarez de Toledo consagró
a la imagen del Señor de La Merced. Aquel rito, réplica del que consagró a la
Virgen de los Reyes en Sevilla, no se repetiría en nuestro país
sino hasta 1738, cuando el entonces Obispo de Masagua consagró
a la Virgen de Dolores del Manchén, que hoy se venera en el templo
de San Sebastián. Habría que esperar hasta 1917, es decir 179 años,
para que el pueblo católico presenciara otras consagraciones. Esta
vez las del Señor de Esquipulas y la del Señor de Candelaria,
debidas a Monseñor Fray Jacinto Raymundo y Ribeiro. En 1956 (39 años más tarde), se realizó
la consagración del Señor de la Recolección, gracias
a Monseñor Celestino Fernández y 17 años después,
en 1973, Mario Cardenal Casariego consagró al Señor de Santo
Domingo. Desde entonces, se podría decir que se inició una explosión de consagraciones que tienen como fin conferir un estatus especial a la imagen, gracias a su trayectoria devocional y a sus valores artístico, histórico y tradicional, según dice Monseñor Rodolfo Mendoza, Canciller de la Curia. La consagración de una imagen es una ceremonia católica
cuyas raíces se hunden en la noche de los tiempos bíblicos. El máximo ungido es Jesús, dice
Monseñor Mendoza, pues ése es el significado de la
voz Mesías, pero la consagración tiene como antecedente
a la unción de los reyes israelitas, como sucedió con Saúl
y también con David. Durante la citada consagración de la Virgen de los
Reyes, se invocó al relato bíblico que cuenta cómo
Jacob soñó con una escalera y cuando despertó derramó
aceite sobre una piedra, como memoria del sueño que había
tenido (Génesis, 28-18). La consagración se realiza solamente por un obispo
en la misa, durante la cual se unge el Crisma (aceite bendito), sobre
la frente, manos y pies de la imagen. A las extremidades se les colocan
cruces de oro o plata, para consignar la ceremonia, luego se le ofrece
incienso a la imagen. Como se dijo, para este año se realizarán más consagraciones. Sin embargo, las autoridades eclesiásticas afirman que de esta manera se está rindiendo culto sólo a Dios, no a la imagen en sí, pues en este caso ella sirve solamente como un símbolo de la divinidad.
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