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Imágenes consagradas

Fotografía: Edwin Castro

Este año el pueblo católico tendrá la oportunidad de asistir a varias consagraciones de imágenes. Para comprender la importancia de este rito y su significado vale la pena acercarse un poco al desarrollo histórico y a las raíces de esta ceremonia en Guatemala.

El año 1717 fue testigo de una ceremonia por medio de la cual el obispo Fray Bautista Álvarez de Toledo consagró a la imagen del Señor de La Merced.

Imágenes consagradas de la Ciudad de Guatemala
Nazareno de la Demanda
Nazareno Del Consuelo
Jesús de las Palmas
Nazareno de los Milagros
Nazareno De las Tres Potencias
Nazareno De La Reseña
Nazareno De La Indulgencia
Nazareno Del Rescate
Nazareno Cristo Rey
Imagen del Nazareno (La Merced)
Cristo Yacente (El Calvario)
Señor Sepultado (Santo Domingo)
Señor Sepultado (La Recolección)
Virgen de La Soledad, Templo de Santo Domingo
Virgen de La Soledad, Templo de La Recolección
Virgen de la Soledad (El Calvario)
Jesús Resucitado (El Calvario)
Jesús Resucitado (La Merced)
Imágenes consagradas de
La Antigua Guatemala
Representación De las Palmas, Templo de la Escuela de Cristo
Jesús Nazareno De La Reseña, Templo de La Merced
Imagen de Jesús Nazareno De La Humildad, Templo de San Cristóbal el Bajo
Imagen de Jesús Nazareno Del Perdón, Santuario de San Francisco El Grande
Imagen de Jesús Nazareno, Templo de La Merced
Consagrada Imagen Del Señor Sepultado, Escuela de Cristo
Imagen del Señor Sepultado, Parroquia San José Catedral
Consagrada Imagen del Señor Sepultado, Templo de San Felipe
Imagen de la Virgen de La Soledad, Templo de San Felipe
Imagen de la Virgen de La Soledad, Templo de San Felipe
Imagen de Resurrección, Iglesia de San Pedro Apóstol

Aquel rito, réplica del que consagró a la Virgen de los Reyes en Sevilla, no se repetiría en nuestro país sino hasta 1738, cuando el entonces Obispo de Masagua consagró a la Virgen de Dolores del Manchén, que hoy se venera en el templo de San Sebastián.

Habría que esperar hasta 1917, es decir 179 años, para que el pueblo católico presenciara otras consagraciones. Esta vez las del Señor de Esquipulas y la del Señor de Candelaria, debidas a Monseñor Fray Jacinto Raymundo y Ribeiro.

En 1956 (39 años más tarde), se realizó la consagración del Señor de la Recolección, gracias a Monseñor Celestino Fernández y 17 años después, en 1973, Mario Cardenal Casariego consagró al Señor de Santo Domingo.

Desde entonces, se podría decir que se inició una explosión de consagraciones que tienen como fin “conferir un estatus especial a la imagen, gracias a su trayectoria devocional y a sus valores artístico, histórico y tradicional”, según dice Monseñor Rodolfo Mendoza, Canciller de la Curia.

La consagración de una imagen es una ceremonia católica cuyas raíces se hunden en la noche de los tiempos bíblicos.

“El máximo ungido es Jesús”, dice Monseñor Mendoza, pues “ése es el significado de la voz Mesías”, pero la consagración tiene como antecedente a la unción de los reyes israelitas, como sucedió con Saúl y también con David.

Durante la citada consagración de la Virgen de los Reyes, se invocó al relato bíblico que cuenta cómo Jacob soñó con una escalera y cuando despertó derramó aceite sobre una piedra, como memoria del sueño que había tenido (Génesis, 28-18).

La consagración se realiza solamente por un obispo en la misa, durante la cual se unge el Crisma (aceite bendito), sobre la frente, manos y pies de la imagen. A las extremidades se les colocan cruces de oro o plata, para consignar la ceremonia, luego se le ofrece incienso a la imagen.

Como se dijo, para este año se realizarán más consagraciones. Sin embargo, las autoridades eclesiásticas afirman que de esta manera se está rindiendo culto sólo a Dios, no a la imagen en sí, pues en este caso ella sirve solamente como un símbolo de la divinidad.