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El traje talar utilizado por los cucuruchos en Guatemala
tiene una larga trayectoria. Su origen se remonta a los primeros trajes
de peregrinos utilizados en Europa, hacia el siglo IX, cuando recorrían
los lugares sagrados del centro europeo y, sobre todo, a partir del siglo
XI, cuando visitaban los lugares santos en Medio Oriente. Esta indumentaria
estaba ligada a la utilizada en conventos y abadías. Otra influencia
fue el traje de peregrino establecido por la orden franciscana, a partir
del siglo XII. Estos ropajes tuvieron amplísima difusión
en toda Europa. En España se volvieron comunes, sobre todo en las
peregrinaciones a Santiago en Compostela.
Jacobo Haefkens, en 1860, hizo otra descripción de
los trajes de cucuruchos guatemaltecos por lo que se sabe que habían
cambiado poco desde el siglo XVI. A principios del siglo XX, Jesús
Fernández comentó que entre los penitentes figuran
todas las clases sociales, con la sencilla túnica y el legendario
capuz. La vestimenta del cucurucho en la actualidad se compone de una túnica morada, para los días de Cuaresma y Semana Santa, o negra, para ser utilizada en las procesiones de Viernes Santo. Lleva una esclavina morada o negra, también llamada paletina, que es una sobrecapilla que se coloca en los hombros, como símbolo de penitencia y deriva directamente de los penitentes del Santiago de Compostela. La esclavina de Jesús de Candelaria, usada el Jueves Santo, es blanca para conmemorar la institución de la Eucaristía y porque en 1597 le fue concedido, por bula papal de Inocencio IV, el privilegio de utilizar dicho color. Para ceñirse la túnica se usa un cíngulo o cinturón morado, blanco o negro según la simbología del día, que recuerda la autoflagelación con el que se castigaba el cuerpo, en tiempos coloniales, y que era también portado por los caminantes de Santiago de Compostela. El traje se completa con un parasol también negro o morado, según el día y la procesión. Algunas variantes son los cascos romanos, forrados de tela morada, como en Candelaria.
Muchos trajes de cucuruchos han sufrido variantes y adaptaciones
que las hermandades y cofradías le han impuesto según sus
gustos y necesidades, como el de San Juan Sacatepéquez. Por todo ello, los trajes de Semana Santa son únicos en América Latina y ha adquirido su propia naturaleza según el proceso histórico y la creatividad de sus mismos portadores y las hermandades y cofradías que le dan vida.
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