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El primer día de la Semana Santa las personas acuden a los templos a recibir la bendición de unos ramilletes de palma por esta razón se le conoce como Domingo de Ramos. La Cuaresma es el lapso de 40 días para el ayuno y la penitencia, tiempo de austeridad y vigilia. El primer día de la Cuaresma es llamado Miércoles de Ceniza por la práctica, vigente desde el siglo IV, de colocar cenizas sobre la cabeza de los penitentes. Antiguamente se rociaban cenizas sobre las cabezas de los fieles. En la actualidad sólo se traza una cruz con cenizas sobre la frente. Para llevar a cabo esta práctica, las cenizas se obtienen de la incineración de las palmas benditas, repartidas el Domingo de Ramos del año anterior que son conservadas para este propósito.
Los ramos tienen importancia simbólica porque recuerdan la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, en donde sabía que iba a morir. En medio de la tristeza que se respira en toda la Semana Santa se oyen cánticos de alegría. La liturgia católica, desde el siglo IV, ha organizado la procesión de las Palmas y su respectiva bendición en el interior del templo, y luego ha repartido estas palmas a los fieles que las portan acompañando la misa del Domingo de Ramos. En el caso de Guatemala, el Domingo de Ramos es peculiar, lleno de alegría y colorido. Los ramos bendecidos provienen de una palma especial que se da en la costa occidental y en la Bocacosta del país llamada palma real o monaca (Orbygnia cohune). Durante la Semana de Dolores, en los departamentos de Escuintla, Suchitepéquez, Quetzaltenango y en las montañas de Sacatepéquez, se cortan las hojas de esta palma real y con ellos se elaboran "los ramos benditos", cortando o deshilachando la hoja de palma. Los ramos benditos son adornados con flor de corozo, proveniente de la misma palma odorante o bien con flores propias de la temporada cuaresmal, como la estaticia morada o claveles rojos y blancos. Las vendedoras de estos productos, que generalmente provienen de San Juan Sacatepéquez, hacen acopio de estos ramos y llegan el sábado en horas de la noche a las distintas iglesias del país para ser bendecidos por los sacerdotes, de tal manera que, al alba del domingo, los ramos están consagrados. Es práctica en la capital que se bendigan en la misa de cinco de la mañana en las distintas iglesias para después acompañar a Jesús de la Borriquita de la iglesia San Miguel de Capuchinas, que sale en procesión a recorrer los viejos barrios de la urbe. Las calles de la ciudad y veredas de los pueblos se ven ornamentados con los ramos ese día, que se convierten en la gran puerta a la Semana Mayor. La ceremonia de bendición de los ramos, ahora simplificada, consiste en que el sacerdote investido de casulla y estola morada, conjuntamente con los monaguillos salen al atrio de las iglesias a rociar los ramos que están colocados en canastos con agua bendita, en tanto, ya sea en el órgano o el coro, al pie del altar, entona la antiquísima antífona Pueri hebraeorum, portantes ramos olivarum. Los ramos bendecidos santifican a la persona que los porta y consagra la casa donde se colocan. Estos ramos se guardan en casa y se colocan en un lugar preferencial ya que según la tradición popular protegen de las tempestades y de los terremotos. Cuando una persona sufre un susto por alguna circunstancia, son "apagados en las brasas" y esta infusión se da de beber al enfermo "y le vuelve el resuello". También son portadores de buena suerte y se colocan a la entrada de la casa, para que siempre esté protegida de "las malas influencias". Deben permanecer en la casa durante el año completo. Al año siguiente, durante la semana de Lázaro o a más tardar en la de Dolores, estas palmas se llevan a las iglesias para que sean incineradas, ya que con sus cenizas reinicia la Cuaresma.
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