Revista D

Tesoros presidenciales

Joyas poco conocidas son parte del patrimonio de la Nación.

Por Claudia Palma Fotos Álvaro Interiano

La caja tallada en madera lleva el número de cadete de Árbenz.
La caja tallada en madera lleva el número de cadete de Árbenz.

Algunos bienes que fueron adquiridos por los presidentes durante su gestión están resguardados en algunas dependencias del Estado, o por los descendientes de los mandatarios, en el caso de los objetos particulares.

Entre los más conocidos destacan los jarrones de porcelana y oro que le obsequió la reina Victoria de Inglaterra a Rafael Carrera, como recuerdo de la fundación de la República de Guatemala —el 21 de marzo de 1847—, también la marimba que interpretaba Juan José Arévalo y el escritorio de Jorge Ubico, los cuales se exhiben en el Museo Nacional de Historia.

Otros objetos que se protegen en este museo, pero que no están a la vista del público, son las navajas de afeitar de Justo Rufino Barrios, la máquina de escribir de Arévalo y las espuelas de Ubico, detalla el director de esta institución Miguel Álvarez, cronista de la Ciudad.

De algunos mandatarios se conservan muy pocos objetos, debido a que salieron de forma abrupta del poder, tal como sucedió con Manuel Estrada Cabrera, cuya residencia en las Palmas, en la zona 5, fue saqueada.

Los bienes que se encuentran en la Casa Presidencial y en las residencias de descanso están bajo responsabilidad del Ministerio de Cultura y Deportes, responde Juan José Recinos, encargado de la Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad de la Presidencia, a través de su asistente, el capitán Kissinger Pineda.

¿Cuántas piezas de este tipo se conservan y dónde están? Se desconoce con exactitud. “Hay un inventario de la finca Santa Tomás, en Escuintla, que se llevó a cabo en julio del 2013”, comenta Ana María Godoy, de la sección de Registro de Bienes y Culturales de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Material. Según ese balance, hay 323 bienes entre muebles, vajillas y lámparas.





También hay un registro parcial de los bienes de la Casa Presidencial, pero de las residencias de descanso no existe, confirma Carlos Mauricio Morán, encargado de la sección Hispánica y Republicana de esa misma dependencia.

Para que un bien sea considerado patrimonio cultural debe tener 50 años de antigüedad. Hay algunos que tienen esta categoría, aunque no llenen este requisito, como la banda presidencial, ejemplifica Morán.

Patrimonio sobre ruedas

Uno de estos tesoros poco conocidos está en los talleres del Ministerio de la Defensa. Ahí se le da mantenimiento al Cadillac que transportó a Ubico y después a Arévalo.

Conserva su brillo extraordinario gracias a un minucioso trabajo de pintura al horno que se le aplicó hace algunos años.

En el antiguo fuerte San Rafael Matamoros, zona1, en donde se encuentra el Cuerpo de Transportes del Ejército, se guarda un armón — un carro para trasladar municiones— que fue adaptado para transportar los féretros de los Jefes de Estado.

El Museo de la Escuela Politécnica, en San Juan Sacatepéquez —de donde han egresado hasta la fecha 14 presidentes— es para muchos desconocido. El recinto custodia el espadín de Árbenz en una delicada caja en la cual fueron talladas hoja de laurel. También se exhibe el uniforme de gala azul de Ubico.

En casa

Otras reliquias se guardan en las residencias de los descendientes de los hoy exgobernantes.

A raíz de la destrucción de los templos de Minerva, característicos del período de Estrada Cabrera (1898-1920), desaparecieron los medallones forjados en bronce. Su familia preserva uno que data de 1914.

En los archivos de la familia Herrera se atesora celosamente el retrato de hace más de un siglo de Elisa Dorión, la primera esposa del presidente Carlos Herrera (1920-1921), así como las emotivas cartas que le escribió a sus hijos tras la muerte de Dorión, en 1907.

Bajo fuertes medidas de seguridad, en el Museo de Numimástica del Banco de Guatemala se encuentran las espadas de oro de Justo Rufino Barrios, el Reformador, así como el relicario con un mechón de cabello rubio de su hija mayor, Elena, el cual, aseguran, siempre llevó consigo.

Debido a la falta de un registro fiel y público, de acuerdo a las autoridades del ministerio de Cultura, es difícil saber cuál y a cuánto asciende este valioso patrimonio de la nación.

Vea más información en la edición impresa de la Revista D.