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17/08/10 - 00:00 Vida

Anacates, de la tierra a la mesa

El delicioso anacate —conocido como hongo amarillo— es muy apetecido en estos días lluviosos, pues entre junio y octubre brotan en lugares húmedos del país y pueden emplearse en gran variedad de platillos.

POR ALFREDO VICENTE

El Cantharellus cibarius, nombre científico que recibe este hongo, es conocido en otros países como chanterelle o rebozuelo, y además de aportar a la comida una textura suave y carnosa, sirve para preparar diferentes platos sofisticados.

Su peculiar sabor, que para muchos es similar al de una nuez, con un ligero toque ácido, es ideal para combinar con ensaladas, carnes, legumbres y pescado. La creatividad es el límite.

En Guatemala y el mundo

Este hongo que tiene forma de trompeta es uno de los más populares en la alta cocina de Europa central, donde también brota con frecuencia en invierno. Su color, dependiendo del lugar donde se produce, varía entre amarillo y naranja oscuro.

También es común en varias partes de Norteamérica, México, Centroamérica, los Himalayas y Zambia.

En Guatemala, esta seta es abundante en los mercados cantonales, y además de consumirse localmente, se exporta a otros países, donde es cotizado.

Valor nutricional

De acuerdo con la nutricionista clínica María Lucía Rodríguez, el anacate es un vegetal que aporta vitaminas C, D y potasio, algunos gramos de carbohidratos complejos y proteínas, aunque estas últimas, en pocas cantidades. Por eso se convierten estos días en perfectos complementos para cualquier platillo y como ingrediente. Rodríguez agrega que este hongo es también un alimento bajo en calorías —uno aporta cinco calorías—.

En la variedad está el gusto

Fritos, cocidos, asados o en salmuera, pero jamás crudos, los anacates se pueden combinar con gran cantidad de alimentos para satisfacer los gustos más exigentes.

Algunas personas los preparan con ajo y aceite de oliva; otras, con salsa para carne y pastas, salteados con mantequilla o con queso derretido y arroz, como parte de una guarnición.

Solo hay que tener en cuenta que al freírlos su tamaño se reduce, debido a que, en su mayoría, están compuestos por agua, recomienda Rodríguez. Luego de comprarlos en el supermercado o en la calle, es recomendable limpiarlos sin agua, puesto que esta le resta valor nutricional.


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