
09/05/13 - 00:00 Vida
Madres maravillosas
Nos iniciamos hoy con el mensaje de Silvia María, que ha escrito palabras sabias y sentidas, para todas las madres que han tenido la suerte de ver crecer a sus hijos y entregarles su vida.
Empieza así: “Un abrazo a esas mujeres que saben repartir amor, besos, disciplina, bondad, cuidados, aspirinas (…) unas necesarias nalgaditas, paciencia y su santidad de madre. Es un honor ser madre y un honor tenerlas, sea aquí en la tierra o en el cielo. Donde siempre cuidarán de sus pequeños, que por muy adultos que seamos, seremos sus pequeños. ¡Un brindis de gratitud para todas ellas! Aunque para mí, ser mamá es cada minuto, cada día, cada mes, cada año, todos los años y toda la vida… No es solamente un día de mayo. A la madre se le ama, se le venera, se le honra, se le ayuda, se la atiende, se le mima. Se le cuida siempre… Así, que para siempre y por siempre ¡Felicidades madrecitas queridas!”.
He recibido otros correos con motivo que no son tan tiernos y optimistas. Mensajes que reflejan el doloroso drama del abandono, sufrimientos y dolor de tantas madres que van solas por la vida. Miles de madres abandonadas: sin amor, sin cuidados, sin aprecio, sin flores ni besos. A veces, porque el padre de sus hijos la abandonó por otra, por tener un compañero neurótico o simplemente nunca las amó. Madres que son víctimas de maltrato físico y psicológico, madres vergonzantes que afrontan infortunio con fe y valentía.
Estos son los mensajes que frecuentemente llegan a esta columna en busca de alivio y consuelo. De alguna manera lo encuentran porque desahogan sus fracasos, sus necesidades, sus miedos y sus penas. En la mayoría de los hogares la mujer es la cabeza del hogar y diariamente da la vida por sus hijos; ser madres luchadoras las hace ser seres únicos.
Lucille Ball escribió: “Una de las cosas que aprendí a fuerza de caer es que no vale la pena desanimarse. Mantenernos ocupadas y hacer que el optimismo sea una forma de vida puede devolvernos la fe en nosotras mismas”. La escritora Rosa Parks comparte: “A lo largo de los años aprendí que tomar decisiones disminuye el temor; saber qué hay que hacer elimina el miedo”.
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