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22/06/11 - 02:01 Vida

Palabros de Obraje

En los diccionarios son casi vecinos los términos “palabra” y “palabro”, pero tienen un significado distinto y explico las diferencias.

POR MARíA DEL ROSARIO MOLINA

Según doña María Moliner, “palabra” es “un conjunto de letras o sonidos que forman la menor unidad de lenguaje con significado” y de acuerdo con la 1a. acepción del DRAE es: “Segmento del discurso unificado habitualmente por el acento, el significado y pausas potenciales inicial y final”. “Palabro” significa en su 1a. acepción: “palabra mal dicha o estrambótica”, y en la 2a, “palabrota”.

Esta aclaración viene al caso porque acabo de presentar, con otros escritores, la novela de Mario Roberto Morales titulada Obraje, en la que algunos “palabros” hacen reír mucho. Dicha novela estuvo perdida casi cuarenta años y la recuperó en 2005, gracias a un amigo que investigaba los archivos de la Municipalidad de Quetzaltenango. La obra había ganado el primer lugar en el concurso de novela de Centroamérica y el Caribe de los Juegos Florales de 1971, en la bella Xelajú, pero no fue publicada.

Pues bien, no me referiré a la nítida redacción ni a la excelente estructuración de la novela, sino a los términos que usaba la madre del personaje principal y que le vienen como anillo al dedo al “palabro”. Decía, por ejemplo: “Fue tarde y el mar estaba demasiado incestuoso”, o bien: “cómo se sostendrá en ese marenostrum”. Quería decir la buena señora, sin duda alguna, “tumultuoso” al referirse al mar, y “maremágnum” al hablar de la capital guatemalteca. “Sincera y sin vendimias” imagino que significaba “sinceramente y sin envidias”, al espiritismo lo llamaba “ciencia espírita” y como esas usaba muchas otras frases dignas de figurar en Ripley’s. Sucede que la señora estaba “indigesta” de vocablos que le parecían elegantes y no sabía cómo emplearlos, cosa que le acontece no solo a ese personaje de novela, sino a muchas personas: políticos, narradores de deportes, a más de algún columnista y a algunos “literatos”, que suelen hablar o escribir más disparates y “palabros” de la cuenta cuando inventan vocablos o tergiversan los significados.

A ese propósito me viene a la mente el recuerdo de una pariente lejana a la que ocasionalmente visitaba con mis padres: Un día llevaba yo un pendentif, palabra francesa que se traduce como “pendiente” y la señora exclamó: ¡Qué bello “colgantif” llevas! ¡Todo un palabro de los grandes! Por cierto, era tan bello que un día me lo arrebataron los cacos con todo y cadena cuando detuve mi automóvil en un semáforo.

Vuelvo a la novela. Mario Roberto es un literato reconocido internacionalmente, con muchos premios en su haber, miembro de la Academia Guatemalteca de la Lengua y catedrático de varias universidades de EE. UU., e incluyó intencionalmente esos palabros en el idiolecto (habla personal) de la señora. Si mis lectores quieren gozar un rato, léanla: allí hay tragedia y comedia combinadas.


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