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Prensa Libre

10/01/13 - 00:00 Vida

Saber vivir...

Querida Rina: Cuando uno siente la necesidad de que alguien lo escuche, piensa siempre en una persona que le responda con palabras sabias, amables y compresivas. Eso es lo que me ha animado hoy a escribirle, porque el solo hecho de hacerlo y poder desahogarme, me sirve de consuelo.

Yo vivo sola desde que enviudé a los 50 años; mis dos hijos son independientes y muy responsables y yo con mucho esfuerzo les ayudé para que terminaran sus estudios. Ellos respondieron, gracias a Dios, con mucha dedicación y amor. Me siento satisfecha y orgullosa de ellos y respeto la privacidad de sus hogares, manteniendo distancia con la mejor actitud entre suegra y nueras.

Yo sigo trabajando y económicamente siempre he sido independiente. Pero últimamente me está pasando algo raro que no había sentido en mis años de viudez. Me estoy sintiendo más y más sola. Mucho más que hace cinco años cuando murió mi esposo. Esta sensación de angustia y soledad, que me desespera y me deprime, me está llevando a una fuerte depresión. Sí, ya fui en busca de ayuda profesional, con sesiones de psicoterapia y algunos medicamentos que me han ayudado. Sin embargo, luego vuelvo a caer en lo mismo. Creo que el vacío que me dejó la muerte de mi esposo es más fuerte cada día. Estoy clara que no me hace falta compañía de otro hombre para compartir mi soledad porque complicaría mi libertad y mi independencia.

Estimada amiga: Cuando se sufren trances tan dolorosos como la viudez, es tan difícil enfrentarlos, porque con la muerte de un esposo, o esposa, se está hablando del primer factor de crisis que se puede sufrir en la vida. La muerte del cónyuge ocupa el primer lugar, el segundo la muerte de un hijo, el tercero el divorcio, el encarcelamiento el cuarto. La muerte de un familiar ocupa el quinto lugar, la enfermedad el sexto, y así sucesivamente, según los estudios que ha enumerado el doctor Hotman en 43 factores de crisis. Pasando por diferentes etapas, como la del impacto y tantas preguntas sin respuestas. En su caso, particularmente, debe haber un factor muy especial que ahora está complicando su vida. Podría ser que su duelo sufra una regresión y que lo mantuvo aprisionado por todos estos años. Talvez por sus afanes, el trabajo y otros distractores que ocupaban su tiempo. Además, los cambios propios de la edad que desequilibran las emociones y por eso fue una buena decisión buscar ayuda psicológica, la cual no debe dejar.

Y quiero preguntarle ¿Como está usted preparada espiritualmente? Si usted asiste a una iglesia, a grupos de estudio bíblico, si su fe en Dios está fortalecida y si busca acercarse a Él en su situación. Yo presiento que le falta alimento espiritual. Mucho le ayudaría rodearse de personas amables y amorosas. Tengo un pensamiento para usted de Charles Chaplin: “Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es: ¡SABER VIVIR!

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