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15/04/13 - 00:00 Vida

Las apariencias pueden engañar

Muchas personas, por economizar, prefieren comprar productos que se venden libremente en la calle y la mayoría de estos no están autorizados por las entidades de Salud, solo contienen sustancias placebo, o bien, nocivas para el organismo.

Placebo viene del latín placere —gustar, agradar—, y con esta palabra se denomina a la sustancia inerte que carece de acción terapéutica, pero produce un efecto curativo o de mejoría en el paciente. Se suele creer que se “cura por fe”.

Las sustancias placebo tienen un componente psicológico o fisiopsicológico, puesto que las personas creen que están tomando un medicamento y eso los hace sentir mejor, afirma Luis Juárez, coordinador de la Unidad Didáctica de Farmacología Clínica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de San Carlos. Estudios científicos han demostrado que las sustancias placebo activan ciertas zonas del cerebro que aumentan la producción de dopamina, neurotransmisor que genera placer, añade.

Por ejemplo, las neurotropas —vitaminas del complejo B— se utilizan de manera frecuente como efecto placebo —siempre y cuando se le informe al paciente—, para tratar a personas que manifiestan padecer de estrés, ansiedad o nerviosismo, dice Juárez. “Regresan a casa y se sienten mejor”, afirma.

Otro punto de vista

A criterio del médico Francisco Quiñónez, del Consultorio Alternativa Biológica, “vale la pena recordar que los detractores de la medicina alternativa olvidan que la mayoría de los componentes de medicamentos con efecto placebo tienen una base fitoterapéutica —tratamiento de enfermedades mediante plantas y sustancias vegetales— y propiedades farmacológicas, detalladas en los libros de farmacopea”.

En el caso de los hipocondriacos, muchos médicos recurren a las dosis placebo para tranquilizarlos y ese efecto se logra de manera indirecta con la automedicación, dice Quiñónez.

Automedicación es contraindicada

Es importante señalar que los pacientes buscan curas imposibles con sustancias como ginkgo biloba, agua de tíbicos —kefir de agua—, noni o cloruro de magnesio, que producen períodos de depuración que se confunden con falsas curaciones o efectos placebo, expone Quiñónez. Por ello, hay que evitar la automedicación, por los peligros que representa.

En relación con los productos populares, Juárez advierte de los riesgos que conlleva consumirlos, ya que no están aprobados, no se especifican los componentes reales o les agregan sustancias peligrosas o desconocidas. Por ejemplo, si contienen penicilina y la persona es alérgica a esta, puede llegar a morir. Ungüentos, pomadas o cremas pueden causar reacciones como dermatitis severa.

Otros productos pueden tener efecto placebo como una pomada con glicerina o cápsulas con azúcar o almidón, pero sin componentes farmacológicos.

Uno de los más conocidos es el “mariguanol”, que se utiliza para aliviar artritis, dolores o golpes, entre otros, en cuya etiqueta señala que tiene extractos de plantas como florifundia o árnica. Esta última se ha utilizado desde hace mucho tiempo en emplastes para combatir el dolor, agrega Juárez. Además, contiene salicilato, derivado de la aspirina, y componentes aromáticos como mentol o eucalipto.

El problema de las fórmulas placebo es que son empíricas y que no están formuladas por profesionales farmacéuticos, dice Quiñónez.

“No existen productos que curen todas las enfermedades. Los vendedores solo estafan a las personas que se dejan llevar a causa de que no han encontrado alivio con medicamentos formales”, añade Juárez.

Gustavo Barillas, director de Comunicación del Ministerio de Salud Pública, expone que el medicamento debe estar aprobado por esa cartera o entes internacionales como la Organización Mundial de la Salud, las cuales establecen con evidencia científica su eficacia terapéutica, y tener registro sanitario.

No se recomienda adquirir productos que aseguran que queman grasa o ayudan a bajar de peso, así como parches contra el dolor. Tampoco hay que dejarse engañar, si se afirma que son naturales, señala Barillas.

POR BRENDA MARTíNEZ /

Algunas pautas a seguir

Para evitar riesgos para la salud no se debe  comprar productos que no estén autorizados por el Ministerio de Salud Pública. Verificar:

Que en el empaque y en la etiqueta aparezca el registro sanitario y la respectiva autorización vigente de distribución  en el país.

Que se indiquen los componentes químicos y su cantidad, así como el nombre del laboratorio o casa farmacéutica.

Que aparezca el país de origen, lote y fecha de expiración.

Adquirir medicamentos solo en farmacias.

Si se tiene duda de algún producto, llevarlo al centro de Salud más cercano para que se establezca si es adecuado.


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