Prensa Libre | Miguel Angel Asturias

Las letras después de

Asturias

Introducción

El 19 de octubre de este año Miguel Ángel Asturias cumpliría 118 años. En esta fecha también se celebran los 50 años de haber sido galardonado con el Nobel de Literatura. Como un homenaje a este laureado guatemalteco, nueve escritores del país hablan de sus obras, su valor literario y el mundo que estas encierran. Además, cinco reconocidos actores hacen una lectura interpretativa de cinco poemas.

Poesía

Cinco actores leen textos de Asturias.

La narrativa
asturiana


Por: Francisco Alejandro Méndez

Escribir sobre Miguel Ángel Asturias es un gran placer, sobretodo por lo que significa para nuestro país y para la literatura universal. Asturias es el guatemalteco más guatemalteco, su capacidad para captar y transformar los sonidos, sabores y olores de una Guatemala que palpó, es inconmensurable. Para hablar de su narrativa, basta con nombrar extraordinarias novelas como Mulata de Tal, Hombres de Maíz o El señor Presidente, para entender que Asturias fue un pionero y un adelantado del Realismo Mágico. Siempre he considerado que junto a Alejo Carpentier, son los dos escritores latinoamericanos imprescindibles. Lo que Asturias escribió sobre la cosmovisión maya, Carpentier lo plasmó en sus novelas al respecto de la situación del negro en la Colonia.

La trilogía bananera: Viento fuerte (1950), El papa verde (1954) y Los ojos de los enterrados (1960), es un claro ejemplo de la literatura social en la que nuestro autor se sumerge en la injerencia de la United Fruit Company y sus repercusiones. Siempre he considerado que estas tres novelas son perfectas para comenzar a conocer el mundo asturiano.

Además, Mulata de Tal (1963), una de las más creativas y provocadoras, que a través de una carga lingüística experimental, surrealista, utiliza la sexualidad como una forma discursiva de seducción, pero, a la vez, contradiscursivo.
Los caminos vanguardistas

Por otro lado, Leyendas de Guatemala(1930), su primer libro de relatos, es una de las obras escritas al tenor de las vanguardias europeas (las cuales conoció durante su estancia en Francia), pero, con un ingrediente centroamericano. La utilización de la oralidad, especialmente de las brujas y espantos criollos, como fuente para utilizar lo popular y lo identitario. Recordemos que las vanguardias experimentaron e innovaron en el lenguaje. Asturias utiliza estrategias coloquiales para manifestar ese juego lingüístico, como por ejemplo, cuando señala en “Ahora que me acuerdo”:

“¡A-e-i-o-u! ¡Más ligero! ¡A-e-i-o-u! ¡Más ligero! ¡No existe nada! ¡No existo yo, que estoy bailando en un pie! ¡A-e-i-o-u! ¡Más ligero! ¡U-o-i-e-a! ¡Más! ¡Criiii-criiii! ¡Más! Que mi mano derecha tire de mi izquierda hasta partirme en dos —aeiou— para seguir bailando —uoiea— partido por la mitad —aeiou—, pero cogido de las manos —¡criiii...criiii!”.

Su propio surrealismo incluye esa riqueza de la oralidad, lo prehispánico y el propio sello de la escritura asturiana.

Son estas Leyendas de Guatemala, que traducidas al francés por Francis de Miomandre y prologada por el poeta Paul Valery, las que abrieron las puertas para la larga vida literaria, que lo llevó a recibir el Premio Nobel de Literatura 1967.

Francisco Alejandro Méndez
(1964), narrador, ensayista, periodista y catedrático universitario.

Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2017, Segundo Lugar en el II Premio Tierra, excelencia periodística, categoría Escrita (1999). Mención Honorífica del Premio Anual de Periodismo Cultural Carlos Benjamín Paiz Ayala, género Entrevista (1997).
Ha publicado artículos y obra literaria en revistas de Centroamérica y México.
Sus cuentos han sido traducidos y publicados al francés, inglés, alemán y kakchiquel.
Escritor de novela negra, es creador del comisario Wenceslao Pérez Chanán: Chanán (Cinco casos peleagudos para el comisario (Editorial X, 2015), Juego de Muñecas (Flacso 2012), Relatos policiacos (Serie Chanán 2009), entre otras publicaciones, destacan Completamente Inmaculada, Perro Azul, Costa Rica(2002); Reinventario de ficciones (catálogo marginal de bestias, crímenes y peatones), La Tatuana, Guatemala (2006), Ruleta Rusa, Fondo de Cultura Económica, Guatemala (2002); (1999). Sobrevivir para contarlo, México (1998).
Manual para desaparecer, San Salvador (1997), Graga y otros cuentos (1991 y 1995).

La soledad es un espejo
grande: Hombres de maíz

Por Javier PayerasTiempo de lectura promedio 8 minutosLeer Hombres de Maíz es atravesar un túnel lleno de voces. Voces que son nudos. Nudos que son palabras. Palabras que son imágenes repitiéndose a tumultos. Una narración que encaja más hoy que ayer, porque es más poesía que historia. No da concesiones a lo usual, escribirnos la historia de un personaje en una sociedad dentro de un mundo. Asturias invierte todo esto: nos da un mundo, dentro de una sociedad incrustada en un personaje.

Quienes admiramos esta novela no sabemos cómo contarla. No cuenta nada. Sus personajes son sueños muy borrosos. Un cartero, una mujer, un dios guerrero que luego de muerto habita los cerros del Ilom. ¿Qué más?

Inicié mi lectura de Asturias de forma tardía y llena de prejuicios, como un extranjero. Se cae mi velo y llega la admiración. El idioma deshecho y rehecho que no entendí a mis quince años, que rechacé a mis veinte, que me inquietó a mis treinta y que hoy me deja perplejo. Llega como una esencia incomprensible, algo figurativo, un paisaje. No existe lugar para una escritura así en un tiempo de historias precisas y seriadas; de cines con pantallas IMAX y televisión Netflix. Aquí sólo hay palabras sin historias. Seres mágicos con pesadillas y rituales para aclamar a los muertos de otras lluvias.

“Inicié mi lectura de Asturias de forma tardía y llena de prejuicios, como un extranjero. Se cae mi velo y llega la admiración. El idioma deshecho y rehecho que no entendí a mis quince años, que rechacé a mis veinte, que me inquietó a mis treinta y que hoy me deja perplejo”. Javier Payeras.

Llevo una edición de editorial Losada con una letra tan pequeña que me lastima la pupila. Leo de noche, luego del trabajo. Un párrafo y desaparece el ruido. Siento mi circulación recargándose en las sienes. Sus capítulos son pequeños temblores. Ya no importa de qué van los personajes, uno los oye. Hablan de otros mitos: María Tecún, Gaspar Ilom, Nicho Aquino… un pueblo invadido y saqueado por mercenarios. El tiempo que no hace surcos, porque el viento resbala y se quiebra sin habla. No hay quién pueda narrar el presente sin dejar el pasado y aproximarse al futuro. Una novela publicada a finales de la década del cuarenta, sellada hasta que llegaran ojos abiertos a entenderla. Sus contornos son

extraños, algo muy cercano a los anillos de humo en el cuarto de un brujo. Nada tan mestizo como la magia y la noche. Ante cierta poesía sólo se respira, no se razona, porque es tratar de explicar la vida o la muerte o el amor… todo eso en lo que somos analfabetos.

Miguel Ángel Asturias ha sido secuestrado y neutralizado por la crítica, usado para explicarnos la antropología y las supersticiones de la academia. Europa nos donó sus idiomas y sus guerras, su política y su vergüenza pudorosa ante lo ajeno. En todas las medias verdades siempre se tuercen los senderos. Hay tanto de Cervantes, como del Popol Vuh o del Gilgamesh en la obra de este escritor guatemalteco, que es muy difícil enmarcarlo en un tiempo y en un territorio. Acaso porque sus referencias iban más lejos que las de sus contemporáneos latinoamericanos. Quizá su ambición era aparejarse con los libros de la antigüedad. Puede que no haya desdeñado el plagio de algunos textos sagrados, pero ante cada imitación surge una nueva forma. Hoy es sagrado César Vallejo, por ejemplo, y lo veneramos como sucede con otros autores que llegaron a la posteridad más solitaria: ser un famoso ilegible para su propia gente.

En el proceso de escritura de Hombres de Maíz se explica una poética. El manuscrito de una obra en el tránsito de varios mundos. Guatemala y Francia, entre otros destinos, ocupa una etapa de madurez en la obra asturiana. Se percibe desde lejos el cambio y la obsesión por transitar vías no exploradas. Sitios. Expandir la presencia de una máscara que llevamos los guatemaltecos como rostro. Las orillas llenas de sonido, empapados de una época en la que coinciden la libertad creativa junto al dolor; las esperanzas, las posguerras, las revoluciones y las contrarrevoluciones por todos los sitios donde su autor pasaba. Una lectura intacta del Siglo de Oro junto a las vanguardias europeas nos da algunas claves reveladoras de la búsqueda de un idioma que es en sí mismo el personaje. Asturias absorbe las conversaciones de todos lados, las colecciona para luego instalarlas en su relato. Por ir anotando la realidad de las hablas, olvida las historias como se abandonan los objetos pequeños. El hilo narrativo se hace pequeño y se desplaza a la polifonía, toda llena de colores fuertes ocultos en cierta oscuridad.

Fuera de los postulados literarios de la novela, esta obra representa todo lo que no puede decirse del relato escrito. No hay técnica ni fórmula ni tiempos ni nada. Es un libro fantasma que se anticipa a la obra maestra de Juan Rulfo, Pedro Páramo, el episodio más grande de la novela latinoamericana del Siglo XX. Sin embargo toda visión anticipada contiene en sí mismo el error, pasó con Tristam Shandy, Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas o El Arcoiris de la Gravedad. Su error es nacer para un solo lector de época incierta. Interpretada y no leída ni disfrutada, como un acertijo. Una novela de poeta para quienes leen poesía.

El lector de poesía es la minoría más absoluta. Hay menos poesía que la que se cree, existen menos libros de poemas que poetas. Un texto escrito en esta clave dependerá siempre de la fama del autor; en esta triste época leemos famas, no obras. Rechazamos lo que no comprendemos por no ser algo simple como nosotros. Ante un libro de matemática o de medicina, somos cautos para dar nuestra opinión desinformada, pero ante una obra literaria o una pieza de arte, las condenas y censuras evidencian el totalitarismo y la indignación de la gran mayoría que no se interesan por comprender. Nuestra profundidad como seres humanos la determina nuestra curiosidad ante lo que parece confuso e inexplicable. Podemos adentrarnos en una obra como se entra en un túnel que nos llevará hacia otro extremo. A quienes abran Hombres de Maíz les advierto, es una obra que requiere tiempo y paciencia, no se lee ni breve ni intensamente, tiene su propio ritmo. Su lectura puede durar un mes o diez años, pero debemos mantenerla hasta concluirla. Podremos arrepentirnos de muchas cosas en esta vida, menos de haberla leído.

fotógrafo español Guillermo Barquero

Javier Payeras
(1974). Narrador, poeta y ensayista.

Ha publicado: La región más invisible (Ensayos, 2017), Guatemala City (Novela, 2014) Slogan para una bala expansiva (poesía, 2014)  Fondo para disco de John Zorn (diarios 2013), Imágenes para un View-Master (antología de relatos 2013), Déjate caer (poesía 2012),  Limbo (novela 2011), La resignación y la asfixia (poesía 2011), Post-its de luz sucia (poesía 2009), Días Amarillos (Novela 2009) Lecturas Menores (Ensayo 2007),

Hacia un “país forjado a miel”, en Clarivigilia primaveral, de Miguel Ángel Asturias

Por Delia QuiñónezTiempo de lectura promedio 10 minutosQuien quiera disfrutar de un viaje al país de la imaginación, puede hacerlo sumergiéndose en una de las obras poéticas más representativas de Miguel Ángel Asturias: Clarivigilia primaveral.
Se trata de una aventura hermosamente compleja, a la que hay que llegar con la mente dispuesta a compartir el sentimiento y el pensamiento de un escritor que renovó genialmente nuestra lengua y abrió el camino para que otros autores participaran de esa renovación literaria y prodigiosa surgida desde las entrañas de nuestra América.

El viaje no es fácil: es preciso incursionar en un lenguaje donde hay veredas ocultas y parajes donde debemos detenernos a reflexionar muchísimo para continuar el camino. Igualmente, hay manantiales de maravillosa agua cristalina, donde podemos vernos reflejados pero que, a la vez, nos exigen que descifremos sus mensajes ocultos. Es un mundo concebido desde las raíces de la antigua cultura maya que floreció en Guatemala, la cual hizo significativos aportes en astronomía, matemática, pintura, escultura, arquitectura y poesía, entre otros. Se trata de la reinvención de hechos y personajes de un universo plasmado en el contexto de nuestra historia ancestral.

“Asturias construyó su magistral obra literaria, gracias a un denso proceso creativo y de un intenso trabajo de elaboración verbal que lo condujo al logro de una renovación lingüística que influyó de manera determinante, en la producción literaria de los autores latinoamericanos más representativos de nuestra lengua”.

El punto de partida
Antes de adentrarnos en ese viaje, conviene señalar que Clarivigilia primaveral es una narración poética en donde Asturias confirma su profundo conocimiento de textos fundamentales como el Popul Vuh y Los anales de Xahil, los que tradujo cuando, entre 1925 y 1929, asistía –en París-, al curso “Los mitos y los dioses de la America Media”, impartido por el profesor Georges Raynaud. De manera que Asturias toma de esos textos no sólo lo que aportan históricamente, sino que los transforma en una obra de creación literaria de la más alta estirpe.



Otros aspectos que es necesario tomar en cuenta, para disfrutar ese viaje al país de la imaginación que el autor nos ofrece, es el influjo que sobre él ejercieron las corrientes vanguardistas europeas de principios del siglo XX; entre ellos, el surrealismo. Así también, la tradición literaria española, el modernismo capitaneado por Rubén Darío y el lenguaje coloquial -con su gran riqueza metafórica-, propio de la Guatemala mestiza.

La palabra por sí misma
Miguel Ángel Asturias construyó su magistral obra literaria, gracias a un denso proceso creativo y de un intenso trabajo de elaboración verbal que lo condujo – como se dijo antes-, al logro de una renovación lingüística que influyó de manera determinante, en la producción literaria de los autores latinoamericanos más representativos de nuestra lengua.

En Clarivigilia primaveral Asturias pone de manifiesto una original propuesta respecto del acto literario de crear; así como las razones de su palabra y la importancia del lenguaje por sí mismo. En este último sentido, sugiere que la poesía se construye no sólo con la fuerza y la magia de la sensibilidad, sino sobre la base en una arquitectura verbal trabajada por el artista a partir del lenguaje mismo.

Desde el título del libro, Asturias define la jerarquía de las palabras en el acto creador. Señala la actitud del clarividente –el artista-, que vigila en la claridad con la lozanía de la primavera, símbolo a la vez, del ser y el renacer de la creatividad.

Por otra parte, encontraremos toda una serie de recursos literarios entre los que sobresalen las repeticiones y las onomatopeyas que muchas veces se presentan sin orden convencional; todo ello, en función de una extraordinaria sonoridad desgranada a lo largo de los textos. El léxico empleado es rico en neologismos (Oropensantes Luceros, Ambimano Tatuador, Sollosollozo) que contribuyen a lo ficcional; así también, las palabras propias del mundo prehispánico son parte de un hermoso juego de elementos intangibles como la naturaleza de los personajes, con otros tan reales como el jade y la obsidiana, o la bella textura de jícaras y tatuajes

Lo narrado
Miguel Ángel Asturias es, primordialmente, un poeta; quehacer que se evidencia en gran parte de su obra narrativa y, particularmente, en sus cuentos y leyendas. Rompe magistralmente con las fronteras de género y esta ruptura se manifiesta plenamente en Clarivigilia primaveral. De ahí, que los estudiosos definen este libro, publicado en 1965, como un poema épico, por el desarrollo narrativo que se expone mediante una incuestionable orfebrería poética y en medio de una naturaleza que no es otra sino la de Guatemala.

De manera pues, que vamos a viajar al país de la imaginación, o mejor dicho a un “país forjado a miel”, que es Guatemala, de la mano de personajes creados por Asturias, para narrar una historia donde los motivos claves son el arte y los artistas y su presencia desde la creación del mundo; sus hechos de vida, sus vicisitudes y la necesidad de la permanencia del arte el mundo. Todo ello, inmerso en las fuentes de la las antiguas historias de la cosmovisión maya.

Nos vamos a encontrar con aquellos muchachos que igual rescataban el canto de los pájaros, como acertaban a punzar el aire con la cerbatana; que tallaban el color y la forma con minuciosa paciencia. Y es que en el libro se conjugan esos oficios practicados por quienes Miguel Ángel Asturias llamó

“Mágicos-Hombres-Màgicos
que se manifiestan en la casa de las Cinco Rosas,
donde el tiempo no es fecha sin flecha”.
(…)
Sagrados son,
prometedor es su prodigio,
los cuatro en un solo cuerpo,
los cuatro en un solo hombre”

Personajes de gran calado son: el Ambimano Tatuador, creador de quienes cultivaban la música, la escultura, la pintura y la poesía, a quienes llamó “clarivigilantes brujos, en un mundo que

“(…) él creó con sus ojos
y tatuó con su mirada de girasol,
creó con sus manos, la real y la del sueño,
creó con su palabra, tatuaje de saliva sonora,
mundos que al quedar ciego
rescató del silencio con el caracol de sus oídos
y de la tiniebla luminosa
con su tacto de constelación apagada,
con sus dedos enjoyados de números y colibríes”.

Las fuerzas del mal destruyen a los artistas. Pero como no es posible la vida sin ellos, los dioses crean a Cuatrocielo, que como su nombre lo indica tiene cuatro identidades y quien es igualmente perseguido por oscuros enemigos, que incendian y destruyen la tierra. Cuando ésta renace, aparece el Cazador del Aire quien advierte sobre la ausencia de las artes, pero acepta que no existe la magia por sí misma, sino solamente en el arte creado por los artistas:

“la poesía oculta, sin palabras canta.
Es la flor del cactus, si la ven las flechas,
la flor del amatle, si la ven los ciegos,
y la flor abstracta, si la ven los ceros
con ojos redondos…
(…)
…poesía sí,
pero no magia”

Cuatricielo es depositario de la poesía, la pintura, la escultura y la música. En el poema se denominan los Cuatro magos del cielo o los cuatro Mágicos-Hombres-Mágicos. Como aparentemente Cuatricielo sólo crea arte para las deidades, los artistas se resienten y se quejan ante los Cazadores Celestes: Águila de Árboles, Águila de Luciérnaga de Sol, Águila de Fuego, Águila de Nubes y Águila de Sueños. Éste último hiere a Cuatricielo, su sangre se derrama formando un lago con piel de espejo; y, finalmente, es capturado. Entonces, cada año, al llegar la primavera, Cuatricielo debe ser herido para mantener la presencia de las artes en el mundo, con el fin de que el arte sea “el alimento de los dioses”. Los artistas quedarán encargados de crear y reinventar las artes, “porque de ellos es la aurora / primaveral de este país forjado a miel”:

“Los de los sonidos en remojo,
clarivigilantes brujos de la música,
clarivigilantes, claridormidos, claridespiertos.
Los de los colores en remojo,
clarivigilantes brujos de la pintura
clarivigilantes, claridormidos, claridespiertos.
Los de los cantos en remojo,
clarivigilantes brujos de la poesía,
clarivigilantes, claridormidos, claridespiertos”.

Desde el punto de vista de la historia narrada, pareciera que el viaje ha terminado. Sin embargo, Clarivigilia primaveral invita a sucesivos recorridos, precisamente porque la magia de la palabra creada y recreada por Asturias, es el sustento luminoso de esta obra de extraordinaria belleza, por medio de la cual es posible llegar a un “país forjado a miel”, que es Guatemala.

Delia Quiñónez
(1946). Es licenciada en Letras y profesora de Lenguaje y Estudios Sociales

Ha trabajado como promotora cultural de los ministerios de Educación y de Cultura. Perteneció al grupo de poetas nacionales Nuevo Siglo. Ganó el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias en el 2016. Algunas de sus obras son Barro pleno (1968), Otros poemas ( 1982), Nos habita el paraíso (1990), Ultramar (1991), Vuelo de piedra, puño y flor (1999) y Rituales sobre la piel (2007).

Aliadas e insumisas: las
mujeres en la trilogía
bananera de Asturias

Denise Phé-FunchalTiempo de lectura promedio 7 minutos A lo largo de las novelas que componen la trilogía, (Viento fuerte, El papa verde y Los ojos de los enterrados) Asturias delinea las condiciones de vida del colectivo de mujeres de las clases sociales bajas, indígenas, afrodescendientes y mestizas. Maternidades múltiples, muertes por parto, enfermedades, hambre, pobreza y el sexo: trabajo o amenaza, las hermanan. En cuanto sexo como medio de subsistencia, Asturias refiere que con la compañía “avanzaron el aguardiente, la cerveza, la prostituida, (…) Allí en la oscuridad compacta, (…) manoteaban algunas mujeres a los que pasaban, llamándolos, instándolos a que entraran: ¡Ilusión!... ¡Precioso!... ¡Rico!”
Sin embargo, el sexo como amenaza es el más común: en una conversación con Lester Mead –protagonista de Viento Fuerte-, los hombres relatarán sobre una violación: “El muy bárbaro la desnudó, se quedó con la ropa y la dejó ir desnuda por el bananal; otro más hombre le salió al paso y la tumbó (…)” Estas violaciones serán uno de los motivos que impulse la rebeldía contra la bananera y que alimente la venganza del viento fuerte.

No será entre estas mujeres que encontraremos a las aliadas y a las insumisas.
Leland, la protagonista de Viento fuerte, es una mujer soñadora, inclinada por las aventuras. Casada con uno de los funcionarios de la bananera, explora las plantaciones, se acerca a la gente y que no duda en dejar a su marido cuando conoce, y se enamora, del multifacético Cosi/Lester Mead /Lester Stoner, en su etapa de Cosi, vendedor de implementos de costura. La motivación

La intervención de las mujeres en la historia, su participación en la resistencia contra la Tropicaltanera, aumenta en cada libro. En el último de la saga, Los ojos de los enterrados, encontramos a Malena Tabay/Malen/Rosa Gavidia, una joven profesora que llega a Cerropóm luego de graduarse. Aunque al inicio se cuestiona su vocación, impulsará una biblioteca infantil, un proyecto de alfarería y que mantendrá las esperanzas de cambiar las cosas, a pesar de estar consciente de que el hambre de la gente impide el desarrollo.

principal de Leland para apoyar al consorcio que su esposo y los Lucero-Ayuc Gaitán-Cojubul es el amor por Lester. Asturias dirá: “Ella respiraba la felicidad de ser amada por aquel hombre”. Reconfirmamos que es el amor el que la mueve cuando, aún luego de darse cuenta de la verdadera identidad de su marido –que resulta siendo un funcionario de la Compañía-, seguirá con él cuando proponga continuar con el consorcio que buscaba una explotación más amable, menos nefasta seguirá a su lado.
En el Papa verde, tenemos dos personajes femeninos importantes. Mayarí, hija de Doña Florona, prometida de Geo Maker Thompson, Geo, Maker Thompson, El Papa Verde; y Doña Florona.

Mestiza pero perteneciente a una clase social privilegiada, Mayarí le dirá a Geo: “Los de tu raza, Geo, están despiertos siempre, pero nosotros, no; de día y de noche soñamos.”. Siente empatía y pena por las condiciones en las que viven los trabajadores de rango más bajo en la bananera y el pueblo que está siendo obligado a vender sus tierras a su prometido, a su propia madre. Mayarí no soportará la presión de su madre y de su novio sobre la gente y dirá que no se siente cómoda con “partir el pan en mi mesa con un hombre que se lo ha quitado de la boca a los míos; el lecho con el hombre que ha dejado a mi gente sin sus tierras”, y esta sentencia marcará su destino, se alía con Chipo Chipó y su amor por la gente se materializa en su entrega al Motagua, su suicidio ritual, matrimonial, de sacrificio por su gente.

Doña Flora también llamada Doña Florona, es una aliada pero de la bananera. Socia de Geo Maker Thompson, desde el inicio vemos su hambre de dinero, su dedicación a los negocios. Opina, ante la negativa de los campesinos a vender que: “Acabado don Dinero, empieza don Fusilo (…): venden o se hacen de delito.”. También desde el inicio sabemos de su atracción por el prometido de su hija, se convence de que “aquel hombre no era para su hija, dinámico, metalizado, cruel”. Así, cuando pierde las esperanzas de recuperar a Mayarí –sin estar segura del suicidio o de su conversión en agitadora-, se convierte en esposa de Geo Maker Thompson. Morirá dándole una hija.

La intervención de las mujeres en la historia, su participación en la resistencia contra la Tropicaltanera, aumenta en cada libro. En el último de la saga, Los ojos de los enterrados, encontramos a Malena Tabay/Malen/Rosa Gavidia, una joven profesora que llega a Cerropóm luego de graduarse. Aunque al inicio se cuestiona su vocación, impulsará una biblioteca infantil, un proyecto de alfarería y que mantendrá las esperanzas de cambiar las cosas, a pesar de estar consciente de que el hambre de la gente impide el desarrollo. Cuando once años después de su llegada a Cerropóm, se reencuentre con Juan Pablo Mondragón/Tabio San/Octavio Sansur, le contará que abrieron una escuela para varones pues los suyos “salían muy alzados” y nadie los quería contratar. Malena se debatirá entre su amor por la gente y por el pueblo y la pasión por Mondragón. Ganará su amor por la gente y se entregará a la lucha, prometiendo casarse con Tabio después de la victoria, después de derrocar a la fiera.

Estas no son las únicas insumisas o aliadas en las novelas. Encontraremos, por ejemplo, a la gringa Tury Duzin y a su pareja, Nelly Alcántara en Viento Fuerte desafiando la identidad de género heterosexual; a las esposas del consorcio Cojubul-Lucero-Ayuc Gaitán que se opondrán o no a las decisiones de sus maridos en El Papa Verde; en Los ojos de los enterrados, estará la figura de Judasita –madre de un compañero de lucha que está apresado- y la Virgen de Guadalupe, que será invocada por el padre Fejú en la costa, para que le dé “su inspiración de indita” y su ayuda a sus hijos, el pueblo, que es como ella: “pura india, la Madre de Dios es india y está de su lado”.

Los universos de Asturias nos ofrecen una visión general de las condiciones de vida de las mujeres más pobres y un acercamiento a las realidades, pensamientos y amores de aquellas que, privilegiadas o no, deciden aliarse, rebelarse en lo personal, en lo político.

Denise Phé-Funchal
(Guatemala, 1977) Escritora, socióloga y docente universitaria

Ha publicado la novela Las Flores (F&G Editores, 2007), Ana sonríe (F&G Editores, 2015) y La habitación de la memoria (Alfaguara, 2015), el poemario Manual del Mundo Paraíso (Catafixia Editores, 2010), el libro de cuentos Buenas Costumbres (F&G Editores, 2011). Algunos de sus cuentos y poemas han sido publicados en antologías y revistas en Guatemala, Argentina, El Salvador, Nicaragua, Estados Unidos, México, España y Alemania.

Mulata de tal: La verdad usa máscaras y gira

Por Carmen Lucía AlvaradoTiempo de lectura promedio 9 minutosTodo en nosotros es encuentro, todo en nosotros es choque, todo en nosotros es palabra amorfa que significa, pero que también niega, que nombra, pero que también imagina, que dice, pero que también calla. Esa palabra que más que nombrar abre. Abre, ¿un portal?, abre ¿un mundo?, abre, ¿otra realidad?... Abre un ojo, un ojo que ve fuera del tiempo, en donde las cosas que pasan no son pasado ni son imaginación. Historias sin principio ni final, historias que siempre están sucediendo debajo del manto cotidiano del tiempo, que hemos dado en llamar “realidad”.

Todo empieza en un pueblo con personajes definidos en circunstancias que podríamos llamar “normales”. Podríamos decir que Celestino Yumí y Catalina Zavala son los personajes principales de Mulata de tal, que en su descripción inicia el camino que Asturias traza para una historia amena, entre el paisaje, la palabra desbordada y la ocurrencia. Pero no. Es ese solo un principio, un pie puesto en la tierra para tomar impulso y salir, no de la realidad, porque no debemos tomar esto que entendemos por realidad, como única verdad, suponiendo que todo lo otro es mera imaginación o desvarío. Ese pie puesto sobre la tierra es la referencia de este mundo, con el que nos impulsamos a ese espacio paralelo sin tiempo, en el que las historias están pasando constantes, siempre.

Asturias tiene abierto un ojo sin tiempo, y es escribano de lo que con él ve. Pero es que en realidad no está viendo, está develando, está desenvolviendo, está su palabra diciendo una historia que no es historia, es una identidad, una conciencia milenaria. La memoria colectiva se extiende, se enreda, busca.

Diríase entonces que la historia es de demonios y humanos, de fantasmas, de aparecidos, de monstruos, de deidades cristianas contra deidades mayas. Pero lo que en este libro se llama demonio no es otra cosa que la forma en que occidente ve lo que viene a irrumpir, la forma en que aun siglos después sigue catalogando en su mundo de dicotomías: lo bueno y lo malo, lo correcto y hereje, lo real y lo fantástico. Demonio pues, será la forma en que lo milenario se muestra, con su complejidad y bastedad ante un ojo simétrico, acostumbrado a clasificar el mundo. Personajes que cambian nombres y formas, identidades elásticas que lindan con el sueño, pero que no son de sueño, son de verdad compleja, porque la verdad no es solo lo evidente, es lo que de lo evidente se piensa, es de lo que se vuelve portal para atravesar realidades horizontales, sin categorías que las hagan a unas más verdades que a otras.

Como una bóveda, como un envoltorio, la novela conserva ese constante desenvolver de la esencia de una cultura. Libro que oculta los nombres verdaderos, entre palabras, entre máscaras, entre formas. No hay forma estable en Mulata de tal, tampoco hay nombre único, los personajes son muchos y son uno a la vez, en una especie de huracán, en el que las formas en cuanto se definen se borran, y se convierten en otras. La palabra, sustancia viva y ciega que avanza en el tifón de la historia, encuentra en los personajes esa elasticidad que la hace dejar evidencia de una cultura en movimiento.

Y es que en este lado del mundo, en este centro del continente, la sensibilidad milenaria que aun conservamos es siempre un absoluto, que no es estático, que no se clasifica.

Todo es delirio, cosa de otro mundo, sueño, pesadilla, confusión... Pero, aparece San Martín Chile Verde, pueblo centinela del ojo que se traga el cielo, llamado Chicabal, pero aparece Tierra Colorada, porción de país que existe en el Valle Palajunoj, pero si aparecen las Vueltas del Diablo (a muchos pueblos de este país se llega pasando por vueltas llamadas así), pero si Tierrapaulita es ver a todos los pueblos del altiplano de Guatemala; su torcedura es la verdad que se le sale y lo hace moverse, porque todo se mueve, porque no tenemos forma definida, ni nosotros ni nuestro mundo, mundo que vamos viendo de formas diferentes cada vez que el rizoma de la memoria colectiva encuentra por donde hablar, por donde mostrarse.

Diríamos entonces que Mulata de tal es el manifiesto de lo total, de la unidad de vida y muerte, de realidad y sueño, de la sustancia que elimina lo bueno y lo malo, lo masculino y lo femenino; manifiesto que se hace tangible a través de la palabra. Diríamos que Tazol y Cashtoc son demonios indios que castigan al hombre porque siendo de maíz quiere desligarse de la mazorca, quiere ser grano separado de un todo, mientras que Candanga, demonio cristiano, solo quiere ganar almas humanas, poseerlas. Diríamos que este es un libro que continua la escritura del Pop Wuj, que la intertextualidad es un anzuelo cuando de pronto aparecen los 400 muchachos a enterrar a un gigante decapitado, o cuando el devorador de cabezas se rompe los dientes y llora, o cuando se habla de los hombres de palo, los de barro y finalmente de los de maíz. Pero es en realidad un mito que se renueva, que ahora también nos cuenta del choque, del nacimiento del ser confundido y amorfo, el mestizo, que ve con dos ojos en dirección a dos mundos, que en la palabra se unen y nos permite ver las vísceras que ha dejado una colisión.

¿Y el argumento? No hay argumento para un texto sagrado que se disfraza de delirio, porque la verdad, tan escurridiza, tan sin tiempo, cuando se deja ver el rostro nos nuestra en realidad una máscara. El argumento es un pretexto, porque todo muta, la historia también se pone máscaras como las cuatro máscaras de Cashtoc, viendo en distintas direcciones. Cambia de formas como Celestino y Niniloj que pasan de ser enanos a gigantes, como la Mulata, que pasa de ser cuerpo a emoción, paisaje, astro. Pero si de contar se trata podríamos esbozar el cuento y decir que Yumí y Catalina Zavala, llamada también Niniloj se van de su pueblo Quinquiavus, para llegar a Tierrapaulita, el lugar en donde se hacen los brujos, y que al llegar encuentran un pueblo de formas extrañas, en donde no solo las casas y las calles se retuercen sino las personas, sus ficciones, sus modos. Pero lo que hay en realidad es un tratado de las diferencias, de cómo se nombran. Brujos les llaman a los que dominando el cristianismo siguen quemando pom frente a los objetos sagrados, brujos les llaman a los que borran las fronteras de lo real y de la fantasía, demonios les llaman a los que siendo de maíz se desgranan en la palabra y recuerdan su pertenencia de tierra, su crecimiento de planta, su naturaleza de raíz que avanza, en la obscuridad telúrica de lo que ahora llamamos Patria.

Asturias tiene abierto un ojo sin tiempo, y es escribano de lo que con él ve. Pero es que en realidad no está viendo, está develando, está desenvolviendo, está su palabra diciendo una historia que no es historia, es una identidad, una conciencia milenaria. La memoria colectiva se extiende, se enreda, busca. Eventualmente encuentra y es entonces cuando se escriben libros como Mulata de tal, libros que despojan a las cosas de su ser cosas y las vuelve portales, entramos entonces por cada objeto, por cada estimulo; todo se convierte en invocación y traslado.
Si la historia de la humanidad nos empuja al olvido, y siglos después de haber sido nombrada esta tierra Guatemala, encontraran resguardado un libro, al centro de una iglesia, de un teatro, bajo una escultura, o en lo que alguna vez fue una casa, y ese libro fuera Mulata de tal, podrían esos nuevos seres, humanos con más historia aprendida, intuir lo que fuimos. No nuestra cotidianeidad, no la versión oficial de nosotros mismos, pero sí una verdad. Podría un Francisco Ximénez del futuro hallar un escrito con toda la categoría de lo sagrado, y podría Miguel Ángel Asturias ser el escribano que logró salvar de algún apocalipsis una cosmovisión, una sensibilidad; podría Asturias ser el Diego Reinoso que también escribió lo que habita fuera del tiempo, y nos define.

Carmen Lucía Alvarado (Quetzaltenango, 1985)Poeta y editora

Miembro de los grupos Ritual y Metáfora, con los que fue parte de la organización del Festival internacional de poesía de Quetzaltenango. Fue subdirectora de la revista electrónica Luna Park y actualmente dirige el proyecto Catafixia Editorial. Coordinadora de la antología crítica El futuro empezó ayer, apuesta por las nuevas escrituras de Guatemala (Unesco-Catafixia Editorial). Publicó los libros de poesía Imagen y semejanza (2010) y Poetas astronautas (2012).

¡Retumba, Torotumbo!

Por Luis Méndez SalinasTiempo de lectura promedio 8 minutosEl Torotumbo es un río de pies que danzan al sonido del tamborón y el tun. Es un baile de montañas, árboles y gentes verdes. Es una vegetación andante que nace en la mortaja de una niña violada y muerta. Es un baile que zigzaguea y se desdobla entre las callecitas de un pequeño pueblo y aumenta su caudal con el ímpetu de hombres que salen de todas partes a bailarlo, dispuestos a medirse con el mismísimo Diablo, dispuestos a reparar el daño y recuperar lo que les pertenece. Ese baile, esa serpiente de hombres-toros que danzan, es el exorcismo indispensable para librar a los pueblos del castigo que les espera por permitir que se derrame sangre inocente.

El Torotumbo entra, invade, inunda la ciudad por la puerta de los volcanes. Ahí, sobre las banquetas de la muy noble y muy leal capital guatemalteca, Miguel Ángel Asturias convoca a sus habitantes, que se disfrazan de militares, eclesiásticos, burgueses, adelantados, frailes, virreyes, próceres, obispos y caudillos. La historia entera del país está ahí reunida para ver pasar el Torotumbo. Sin embargo, el sentido profundo del baile se les escapa por completo, y para ellos no significa más que un alegre carnaval a destiempo.
En esta ciudad que no comprende la magnitud de las fuerzas telúricas que la invaden, Asturias sitúa también a los personajes de su relato. Aquí se ata y se desata la trenza que reúne a Estanislado Tamagás –el solitario alquilador de disfraces; hombre nervioso, sudoroso, capaz de hacer lo innombrable sin pena alguna porque es miembro del Comité de Defensa contra el Comunismo–, a Benujón Tizonelli –un italiano cultivador de hortalizas que alerta a los acusados por comunistas (o por sospechosos de tener ideas rojas) que la policía los capturará al día siguiente–, al padre Berenice y a los demás miembros de ese Comité que sesionaban en la sombra luego de hacer un juramento ante los Evangelios, la Cruz y la Espada del Coronel.
En el fondo de un caserón viejo lleno de máscaras, disfraces y pelucas, muy cerca del Cerro del Carmen, cuelga siempre del pescuezo un monigote rojo –con el cuerpo deshilachado, cuernos amarillos, ojos verdes y colmillos blancos– llamado Carne Cruda. La pequeña Natividad Quintuche se encuentra con él y entonces el grito. El grito como única defensa. El grito como punto de partida de este relato-danza que Miguel Ángel Asturias construyó desde la honda herida abierta en 1954 por el “Presidente Libereitor” en la colectividad guatemalteca. Natividad Quintuche, esa “pequeña porción de hueso y carne con piel humana” que ha sido violentada, es uno de los personajes-metáfora, de los personajes-símbolo que pueblan el imaginario y la obra de Asturias. Incluso dentro del texto mismo, otro de los personajes –el padre Berenice– otorga es valor simbólico a la niñita de 7 años y a lo que le sucede. Así se propicia un elemento clave de la historia: el acto expiatorio organizado por el Comité de Defensa contra el Comunismo, en que se arrojará a las llamas el cuerpo de Carne Cruda por ser símbolo de la amenaza roja que intenta destruir a la Patria.

Como en lo mejor de su obra, Asturias instala en Torotumbo un mecanismo verbal único, porque único es el entorno que lo sustenta. El paisaje sonoro –afortunado concepto de Joaquín Orellana, maestro-mago de los sonidos– que se recrea en esta pieza corresponde una realidad concreta, viva, dolorosa.

Este texto está fechado en el verano de 1955 y se incluye al final de Week-end en Guatemala, libro de combate integrado por cuentos que son reacción espontánea del autor ante la violenta interrupción del proceso revolucionario guatemalteco. ¿Novela corta o cuento largo? No importa. Como en lo mejor de su obra, Asturias instala en Torotumbo un mecanismo verbal único, porque único es el entorno que lo sustenta. El paisaje sonoro –afortunado concepto de Joaquín Orellana, maestro-mago de los sonidos– que se recrea en esta pieza corresponde una realidad concreta, viva, dolorosa. En ciertos momentos, la narración es invadida por sucesos, personajes y atmósferas reales, históricamente verificables, permitiendo que el relato funcione también como artefacto para ejercer la memoria.

¿De dónde sino de estas montañas –y de estas milpas, y de estas tierras que oscilan entre el barranco y el volcán, entre la inundación y la sequía, entre el terremoto, la erupción y el huracán– surge una voz y un imaginario como el de Miguel Ángel Asturias? Estamos frente a la obra no de un hacedor de novelas, no de un contador de historias, sino de un creador, de un hombre que ha volcado todas sus capacidades, sus preocupaciones, sus contradicciones, sus carencias –su vida entera– en función del trabajo creativo. Él mismo recuerda las intenciones de su quehacer, al recibir el Premio Nobel en 1967: “No hacer literatura. No sustituir las cosas por palabras. Buscar las palabras-cosas, las palabras-seres. Y los problemas del hombre, por añadidura”


. Torotumbo es esa palabra-río, esa palabra-pueblo, esa palabra-ser colectivo y fluvial imaginada por Asturias. El tiempo histórico guatemalteco es el telón de fondo que le otorga una atmósfera precisa a la imaginación del autor: así como El Señor Presidente remite, por ejemplo, a las asfixiantes y omnipresentes dictaduras de la primera mitad del siglo XX, Torotumbo tiene que ver con la segunda mitad de ese siglo, especialmente a partir de 1954, cuando se instala la contrainsurgencia, la violencia y la impunidad como única forma de gobierno. De tal cuenta, en obras como Torotumbo Miguel Ángle Asturias está diciendo su tiempo, diciéndolo con absoluta libertad y con los incontables recursos que le ofrece la forma de entender el mundo y la vida desde Guatemala. Esa quizá sea una de sus grandes enseñanzas.

Al enfrentarnos a una obra tan vasta y tan –aparentemente– diversa como la que nos ocupa, estamos tentados a decir que en Asturias se suscita una polifonía, que es un escritor múltiple y plural, que Miguel Ángel no es uno sino muchos Asturias. Tendemos a colocar etiquetas distintas a cada una de sus novelas, cuentos, piezas teatrales y poemas; a separar las obras de marcado interés político o social de aquellas que se construyen a partir de la indagación mítica, mágica, telúrica, atemporal. Pero no, la obra de Asturias es unitaria, y uno de los hilos principales que tejen esa unidad es su concepción plástica y sonora del lenguaje. Los textos de Asturias suenan de una forma particular, y ese sonido es esencial para la elaboración de las imágenes. La palabra-cadencia, la palabra-ritual, la palabra-sueño que se dice y se entredice en todo momento y que conforma una obra literaria escrita con el oído, para los ojos, para la imaginación, para la voz.

El gran personaje de Torotumbo es la geografía profunda que le sube por los pies a los danzantes, es el ser humano que se vuelve pueblo y “ruge como el mar”, es el río de gente que baila, que llega a la ciudad y que sube de nuevo a conquistar sus montañas –con su manto de sudor de siglos, con su andar de piedra, de raíz de árbol, de torrente de agua que dejará atrás “todos los disfraces con que se vistió la ciudad para engañarlo”. Mientras Occidente delimita las fronteras entre el mito y la realidad, Asturias abraza una concepción generada aquí y que nos pertenece desde siempre: lo social, lo onírico, lo mítico y lo real –¿qué es la realidad para nosotros?– están siempre juntos. Y, desde su libertad creadora, Miguel Ángel Asturias agrega lo profético. Sea Torotumbo una profecía de la luz con que el día nuevo va a estallar en nuestras pupilas.

Luis Méndez Salinas
Guatemala, 1986. Poeta y editor.

Estudió arqueología en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Dirige el sello independiente Catafixia Editorial. Ha participado en festivales de Centroamérica y México. Punlicó en 2010 (Editorial Cultura) el texto "[sí] …algún día nos haremos luces".

“Soy creador de cosas que hacen falta”

El Asturias de Tres de cuatro soles
Por Juan Carlos Lemus
Tiempo de lectura promedio 10 minutosEn algún lugar leí que Asturias dijo, a un medio de comunicación, que se había convertido en escritor debido a su experiencia de un terremoto en Guatemala, el de 1917. El rugir del volcán y el temblor desde las entrañas de la tierra le habían provocado un terremoto interno. Por más que busqué el dato, no lo encontré. Era una entrevista hecha en inglés. Quizá, un diligente lector lo tendrá localizado y podrá desmentirlo o afirmarlo. El caso es que me pareció algo exagerado, acaso uno de esos mitos que se inventan los escritores para trascender sobre su propia obra.

No había yo leído, por entonces, Tres de cuatro soles. Un verdadero terremoto interno llevado a la literatura; cosa tan difícil como provocar un sismo que se asiente como entidad autónoma, no como imagen: como ser viviente a partir de las letras.

La obra que me propongo comentar es monumental. Dicho sea de paso, quedo aquí excomulgado de los circuitos del análisis literario, pues resulta sospechosa la objetividad y el análisis toda vez que quien toma la palabra inicia diciendo que algo es “monumental”, “maravilloso”, “grandioso” o “aburrido”, por ejemplo.
A decir verdad, dado que no es una crítica literaria sino mi percepción lectora que intenta compartir, recomendar la lectura, me doy por absuelto de la rigurosidad insensible que nos manda fingir circunspección.

Es una obra monumental en su acepción literaria: memorable por su mérito excepcional. No lo es por su característica cuantitativa, pues tiene apenas sesenta páginas, dividida en tres apartados: Primer Sol -cuatro capítulos-; Segundo Sol -cuatro capítulos-, y Tercer Sol -tres capítulos- (Editorial Logo s/f).

Texto publicado por primera vez en Suiza, en francés, Editorial Skira (1971). Para entonces, Miguel Ángel Asturias ya había escrito prácticamente toda su obra. Para resumirlo por géneros literarios: había publicados todas sus novelas (entre 1943 y 1969) excepto Viernes de dolores; sus cuentos (1925-1967); teatro (1955-1968); libretos para ópera (1965); poemas (1929-1965); y ensayos (1923-1969). Tres de cuatro soles (1971), libro de relato, epopeya de lo efímero, manifiesto estético del autor, lo que sea, es una obra escrita en plena madurez literaria. El escritor estaba a tres años de morir y, por decirlo con algo de misticismo, ya había cumplido su misión literaria en la tierra.

Tres de cuatro soles fue escrito por Miguel Ángel Asturias gracias al estímulo del editor suizo Albert Skira (1904-1973), un hijo de judíos españoles que se estableció en Suiza e instaló su casa editora Skira, cuyas primeras grandes producciones fueron La Metamorfosis de Ovidio ilustrada con treinta grabados por Picasso (1931); poemas de Stéphane Mallarmé ilustrados por Matisse (1932), o Los cantos de Maldoror de Lautréamont, ilustrados por Dalí (1934). El detalle de su ascendencia española es importante de señalar, en este caso, porque el libro de Asturias habrá requerido una traducción experta, perfecta, solo factible por alguien que manejara ambos idiomas, el español original y el francés de la traducción.

“La imposibilidad y lo antinatural son posibles en la literatura de Asturias. Construcciones lingüísticas extrañas, pero racionales, raras, todo un milagro que da vida a nuevos enunciados semánticamente factibles. Una locura, insisto, maravillosa”

Skira invitó a científicos y escritores famosos a que escribieran cuáles eran las motivaciones de sus obras. Es decir, su inspiración. Les pidió que compartieran cómo era el manantial donde se surtían para crear. El resultado fue el tomo titulado Los senderos de la creación (Les sentiers de la création) que alcanzó veintiún volúmenes de los escritores y científicos famosos de la época, entre los años 1969 y 1973, como Roland Barthes, Levy-Strauss Alain, Louis Aragón y Octavio paz.

El experimento fue importante porque, al ser condicionado por la motivación personal, develó el fundamento estético de cada cual. En el caso de Asturias, es una mezcla de idea y lenguaje que crea un universo inimaginable adentro de la boca. En efecto, Tres de cuatro soles inicia en el instante de una comida (¿en familia?) en la que sucede una batalla entre platos contra platos, chuchillos contra cuchillos, cucharas contra cucharas, todos los objetos e instrumentos contra todos los objetos e instrumentos. Y todo ocurre en silencio. Esa introducción conduce a la batalla épica que sucede en torno a los comensales. Aparece, así, la historia de los “molarios”, esto es, los dientes molares que habitan en las bocas.

Muelas que descuartizan, mastican, rasgan; se inundan de agua y tienen en su superficie enormes valles habitados por seres residuales de la comida: “esa planicie, mar de batalla rechinantes, escapa momentáneamente al molimiento”. Una locura, una maravillosa locura. Hace de una lengua que enseña la comida molida -lo cual sería una asquerosidad mostrada por un niño-: un “hormiguero de estrellas”.

Tras la primera batalla entre utensilios, mesas, sillas, la lámpara de araña, todo queda regado y lastimado, pero sin ruido. Acuden a la literatura de Asturias esos imposibles verosímiles, una reiteración bordeada de significados: “…y una cadenita, bajo una soguilla de amuletos, con una medalla de la Virgen… que también batallaba, batalla contra la soguilla de amuletos…”. La imposibilidad y lo antinatural son posibles en la literatura de Asturias. Construcciones lingüísticas extrañas, pero racionales, raras, todo un milagro que da vida a nuevos enunciados semánticamente factibles. Una locura, insisto, maravillosa.

El primer Sol es casi un manifiesto; es la filosofía de su lengua. En sentido figurado, claro está: hay más palabras que páginas. Es el creador de tantos objetos que pareciera como si cada palabra tuviera más letras de las que estamos leyendo. Se suele decir que los escritores empalabran el mundo. Si comprender esa dimensión puede resultar compleja, más lo es todavía leer a un Asturias desbocado, aún más que los instantes más multidimensionales de Hombres de maíz, lo cual ya es decir bastante.

Ese primer Sol como una boca, la lengua, la saliva que conecta a una familia, entre la cual hay un hombre -un niño, quizás-, que come con los codos sobre la mesa, junto a varias mujeres de diversos colores el cabello, las cuales aparecen más tensas. Toda esa familia tiene delante de sí, a su alrededor y adentro grandes acontecimientos como la muerte del primer Sol y la llegada del

segundo, el cual se aproxima entre batallas sangrientas y estruendosas, pero sin sangre ni ruido -claro, es Asturias- un nuevo Sol en la noche, difuso, inasible, que reinicia la masticación, ese parpadeo entablado entre las filas de los dientes de arriba contra los de abajo. Entre ellos -entre los dientes mientras mastican- civilizaciones enteras nacen y mueren. Infinitud de seres habitan junto a la lengua, viven bajo el cielo de la boca en periodos de tiempo muy largos, tienen sus épocas, habitan en su propio universo; es su Tierra sumergida entre el sistema solar, con sus meteoros, ¡y todo ocurre en un parpadeo de dientes! pues cada masticación aplasta un mundo y da vida a otro y otro. Una locura. Todo ello abre paso al tercer Sol, por un puente narrativo de los trece pisos del cielo.

Leer esta obra requiere de una disposición a la magia, a otra dimensión de la existencia donde el escritor no escribe: da vida a las letras. No es metáfora, el escritor se asume creador de “objetos hablados con los dedos”:

“Perdí la palabra en el polvo de mi ciudad derruida. No hablaba. Hablaban mis dedos (…) Soy creador de cosas que hacen falta. Sin mí, no existirían” (p 10 y 11). Si algún día, usted se pregunta cuál era la motivación de Asturias al escribir, qué lo inspiraba, cómo veía él mismo la creación literaria, en esta lectura, a ratos cifrada, degustará la respuesta. Por cierto, el cuarto Sol aún lo esperamos -recordemos el título: Tres de cuatro soles-. Quizá, en la próxima vida del autor.

Juan Carlos Lemus.
Escritor y periodista.

Columnista de opinión: La era del Fauno, Prensa Libre. Es Profesor en Lengua y Literatura y licenciado en Letras por la USAC; y diplomado en Lingüística por la UFM. Imparte cátedras de Comunicación y de Lenguaje. Editor del Diccionario de Artistas Guatemaltecos publicado en este diario; y de cinco libros, cuatro de poesía y uno de cuentos. @juanlemus9

Leyendas de sueño

El Asturias de Tres de cuatro soles
Por Gloria Hernández
Tiempo de lectura promedio 10 minutosLa leyenda es, por excelencia, el vehículo por medio del cual el lector se transporta a submundos en los que la fantasía subvierte realidades cotidianas. Comparte con el mito la fascinación humana por el misterio, la catarsis o la fatalidad. Ambos poseen características fundamentales como la apertura o flexibilidad de forma y contenido, que oscila alrededor de un núcleo estable y literario y su pertenencia a la vida y creencia popular. Este último elemento, sitúa a la leyenda en un pasado no muy lejano y generalmente, da cuenta de personajes reconocidos de la historia real.

La leyenda popular se ubica dentro del folklore narrativo junto con los mitos y los cuentos populares. De acuerdo con el estudioso Celso A. Lara Figueroa, la leyenda guatemalteca es “la narración irreal, pero con huellas de verdad, ligada a un área o a una sociedad, sobre temas de héroes, de la historia patria, de seres mitológicos, de almas en pena, de seres sobrenaturales, o sobre los orígenes de hechos varios”.

Además, las leyendas en Guatemala coexisten con otras manifestaciones folklóricas vivas en la oralidad como los mitos indígenas y supersticiones legadas desde un pasado remoto por el mismo pueblo. De aquí, surge entonces, la mezcla de los conceptos maya-quichés con los elementos de las leyendas coloniales de origen español.

Si se atiende a la estructura de la leyenda, tal y como la presenta el investigador Lara Figueroa, en la que se inicia y se termina con una advertencia concreta o abstracta o un consejo, dentro de otras características formales, se empieza a deslindar a las leyendas originales de las Leyendas de Guatemala de Asturias. Son, en principio, un reconocimiento al origen, a las historias de infancia que conformaron su ideario y su mitología personal.

No obstante, los personajes en ambos textos son plenamente identificables por estar claramente creados y definidos. Se puede afirmar, entonces, que de una “relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos,” como define la leyenda el Diccionario de la Real Academia Española en su entrada número 4, se transforma en el concepto vertido en la número 5 que la sitúa como una “composición poética de alguna extensión en que se narra un suceso de esta clase.”

Esta diferenciación de la leyenda considerada como un mero relato utilitario y su concepción asturiana como un texto poético se hace necesario para comprender sus elementos más sobresalientes, en esta somera aproximación, debido a que las Leyendas presentan elementos novedosos incorporados a los relatos originales que los moldean de acuerdo con la cosmogonía particular de Asturias.

“se puede indicar como rasgo dominante y constante, el uso de un lenguaje expresivo apoyado en recursos retóricos inspirados en la cosmovisión indígena”.

Un elemento indispensable de esta obra es su prólogo por Paul Valery. En él se advierte al lector que no va a encontrar en la obra una mera recopilación de cuentos y tradiciones del folklore guatemalteco sino una experiencia para la cual va a necesitar más que sus sentidos. Es Valery quien bautiza a las Leyendas como historias-sueños-poemas.

Los cuentos y leyendas populares eran una realidad en la Guatemala colonial, en donde se originaron muchas de estas manifestaciones folklóricas. Más tarde, a principios del siglo XX volvieron a cobrar auge, por lo que Asturias tuvo acceso a ellas. Cabe mencionar que estos cuentos y leyendas fueron utilizados como asunto de obras literarias por otros escritores como José Milla y registrados como hechos históricos por historiadores como Ramón A. Salazar y Adrián Recinos.

Así, el entorno que Asturias representa en sus Leyendas, es la simbiosis de dos mundos con un bagaje cultural muy rico en leyendas (historia-), cuyo origen se pierde en la cosmogonía indígena (sueño-), y que se complementan con su inspiración poética (poema).

En las cinco leyendas que Asturias incluyó en sus ediciones de 1930 y 1948 más los dos relatos iniciales Guatemala y Ahora que me acuerdo y la leyenda última Los brujos de la Tormenta Primaveral, que fuera incluida por el autor en ediciones posteriores persiste el uso de elementos simbólicos reinterpretados en otras de sus obras. El autor se acerca y se aleja de los mitos básicos para recrearlos en interpretaciones muy suyas, en las que confluyen su formación europea, su identidad americana, sus recuerdos de los cuentos de su abuela y, especialmente, su sensibilidad poética.

Algunos aspectos estilísticos en esta obra revelan cómo Asturias modeló cada una de sus leyendas y les impuso su genial sello personal. Por ejemplo, es evidente la intención de velar el tiempo de las historias con el objeto de darles mayor antigüedad y misterio, como se aprecia en estos ejemplos: “Al llenar la luna del Búho-Pescador (nombre de uno de los veinte meses del año de cuatrocientos días)”, “…era la hora de los gatos blancos,”, “Después de un año de cuatrocientos días…”, “como se sabrá el Día del Juicio…”, “Don Chepe y la Niña Tina, hacen la cuenta de mis años con granos de maíz, sumando de uno en uno de izquierda a derecha, como los antepasados los puntos que señalan los siglos en las piedras. El cuento de los años es triste. Mi edad les hace entristecer.”

Sin embargo, el espacio en el que se desarrollan las historias sí es identificable en algunas de las historias como se ve a continuación: “En la Ciudad de Copán…”, ¡Guatemala de la Asunción, tercera ciudad de los Conquistadores!”, “Estamos en el templo de San Francisco.”, “…en el convento de la Concepción,”. En otras, el espacio sólo hace referencia a lugares de la Naturaleza, a saber: “…la Tierra de los Arboles”, “…vino ya viejo del Lugar de la Abundancia”, “en aquel apartado rincón del mundo”, “En las orillas del lago…”.

Por otra parte, se puede indicar como rasgo dominante y constante, el uso de un lenguaje expresivo apoyado en recursos retóricos inspirados en la cosmovisión indígena, ejemplos: “…sueño que facilitó la segunda llegada de Cristalino Brazo de la Cerbatana”, “untaron la cara de arco iris de plumas amarillas, rojas, verdes y todos los colores que se mezclan para formar la blanca saliva de Saliva de Espejo.” Asimismo, figuras de lenguaje como la reiteración, la onomatopeya y la aliteración. En este sentido, la metáfora en la obra de Asturias es el elemento liberador del estilo y la individualidad de su vocación poética. En estas Leyendas, la metáfora asturiana es el signo por medio del cual el poeta revela sus circunstancias íntima y social. Al respecto, dice el Dr. Francisco Albizúrez Palma, que: “…no es raro, encontrarse como lector, sumido en un mundo de esplendor verbal, en donde la narración pasa a segundo plano.”

No cabe duda que, de su obra en prosa, Leyendas de Guatemala comparte con Hombres de Maíz los primeros lugares en el uso de un lenguaje profundamente poético y evocador. Pero, este hecho no es casual. En él confluyen el surrealismo que vivió Asturias en Europa en carne propia y su percepción vitalmente americana, heredera de un deslumbrante mundo indígena. De esa manera, no puede pasarse por alto la profundidad del simbolismo mítico en estas narraciones. Las Leyendas reúnen mitos diversos como el del hombre árbol y el de la Tatuana, el del hombre-adormidera, el del Cuco de los Sueños y el del Cadejo, entre otros y se resuelven de manera poética por medio de la magia y/o el amor. Por estar basado en un mito principal, El Cuco de los Sueños va hilando las historias y va dando cuenta de algunos otros símbolos complementarios como los árboles, los nidos, los caminos o el agua que le confieren una atmósfera esencialmente onírica.

De esta cuenta, estas leyendas representan una fuerza poderosa, desconocida e inspiradora en Asturias y en su grupo social, para quienes “Una hebra de humo de tabaco separa la realidad del sueño.” Permiten a su autor libertad de creación porque perfilan una combinación de experimentación e imaginación como en la Leyenda de los Brujos de la Tormenta Primaveral, y ternura, que traduce en las relaciones del Maestro Almendro con la Tatuana, de la Madre Elvira con el hombre-adormidera y de Juan y Juana Poyé.

Si se toma al símbolo como un don del corazón, la obra en conjunto es la metáfora de un país visto por uno de sus hijos. Un hijo cuya pluma de fuego se robó de la cola de un guacamayo, allá en las profundidades de Xibalbá. Así, Asturias permanece como el poeta esencial de Guatemala por cuanto traduce para el mundo la inédita dimensión de su herencia milenaria por medio de imágenes robadas a los sueños.

Gloria Hernández

se incorporó este año como miembro de número de la Academia Guatemalteca de la Lengua (AGL). Es licenciada en Letras por la Universidad de San Carlos (Usac) y tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Rafael Landívar. Es autora de obras de narrativa, ensayo, teatro, literatura infantil y poesía. Algunas de las obras de esta escritora local son Sin señal de perdón, Ir perdiendo, Lugar secreto, Ojo Mágico, Pájaroflor, Leyendas de la Luna, Curiosabel, Ellos y La sagrada familia.

El señor Presidente

Para disfrutar el lenguaje desde la estética de la dictadura
Por Gustavo Sánchez Zepeda
Tiempo de lectura promedio 12 minutosEn la posmodernidad que vivimos, en que se reconoce el arte por designación, aún se mantiene la creencia de que el arte, para serlo, debe ser bello. Sin embargo, hay obras que no necesariamente lo son, especialmente las que tienen inspiración directa en la realidad, y la realidad latinoamericana no es bella. Es el caso de El señor Presidente.

A partir de la historia que le corresponde vivir, Miguel Ángel Asturias escribe sobre uno de los dictadores de su época, de tal manera que transforma la realidad histórica en otra realidad: una mágica y literaria; no en la bella literatura que se puede inscribir como tal en una estética tradicional, sino en la literatura descarnada de la estética de la dictadura. La de Asturias es una obra escrita con un lenguaje popular, musical, sonoro y culto —en la posmoderna acepción del término—, con una prosa que refleja mágicamente la realidad cruel y tormentosa de un país innombrado.

Lenguaje y ritmo

Salvo que seas un asiduo lector de literatura, la novela no te cautiva cuando la lees por primera vez. Es comprensible, al leer, que lo primero que busques sea entender la trama pero —sin demeritar la historia relatada—, la riqueza de este texto en particular está en el lenguaje. No es lo que dice, es cómo lo dice; lo cual no es nada nuevo pues de eso se trata la literatura. Sin embargo, en esta novela el lenguaje es tan importante que lo puedes considerar un personaje dentro del texto. Los otros personajes giran en torno y dentro de él. El narrador omnisciente habla, describe, conmueve con la sonoridad del de la puesta en escena. Asturias logra una narración coherente en un discurso rico en sonidos que, en apariencia, poco o nada tienen que ver con la historia dura y cruda. Y sin embargo la enriquece.

En esta novela el lenguaje popular es fielmente reproducido, lo que revela el buen oído de Asturias, como cuando Cara de Ángel llega a visitar a don Juan Canales y éste lo recibe así: — ¡Pase adelante, tenga la bondad, pase adelante, por aquí, señor, por aquí, si me hace el favor! ¿Y a qué debemos el gusto de tenerle en casa? Estas son, más o menos, las palabras que se utilizan en los hogares guatemaltecos para recibir visitas. Pero tener buen oído y reproducir en el texto el lenguaje popular no lo hace único. De hecho, esta es una característica normal —no extraordinaria— de los buenos escritores.

Se pudiera pensar que la captura del lenguaje popular, tal y como se escucha, es lo extraordinario del texto, aunque cuando lo lees despacio y encuentras en él las palabras necesarias y exactas, compruebas que estás frente a la obra de un oficiante del lenguaje, que trabaja con oficio de orfebre y lleva el lenguaje popular a la categoría de literatura.

Hay otro elemento que enriquece el texto, me refiero al ritmo. Siendo novela, la narrativa se ve sostenida por un ritmo interno particular que en ocasiones nos remite al Sóngoro cosongo de Nicolás Guillén. Sí, es cierto, lo de Guillén es poesía y lo de Asturias es prosa, pero la continua recurrencia al lenguaje sonoro, rítmico, hermana ambas obras.

Escuchemos al aldabón sonar: …y con ahogo y alarma aldabeó una y muchas veces más. ¡Ton-tororón! Ya no quitaba la mano del tocador... ¡Tororón-ton, tororón-ton! ¡No podía ser! Ton-ton-tonton-tontontontontonton tontontontontontontontontonton...

Escuchemos la voz que habita el portal del señor: ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre! La lectura de la novela genera otro tipo de satisfacción: el gozo del lenguaje en su esencia primera, salvaje, onomatopéyica, y sin embargo, orfebremente trabajada. En algunos párrafos, el lector puede dejar la trama en segundo término y dejarse llevar por el ritmo de las palabras, el olor de los colores descritos o al ver los sonidos que salen de sus páginas. Los sonidos que se escapan te llevan a otras sensaciones y así, en cascada, la onomatopeya y la sonoridad te generan un efecto sinestésico, y de pronto te das cuenta ellas también son protagonistas.

El estilo lingüístico se propone innovador, lo interesante es que no es un texto corto: es novela. Mantener el ritmo y la historia a lo largo de todo el libro no es fácil, es maratónico. Y en esta propuesta literaria denominada por los críticos realismo mágico, es necesario incluir en primera línea a dos de las obras de Asturias, me refiero a Hombres de maíz y a El señor Presidente.

“La literatura se ensucia de sangre, corrupción y muerte: el espacio real y concreto en que ha crecido la vida, donde apenas florece la libertad. Y se escribe estéticamente desde realidades horrendas y tragicómicas. Como no hacer literatura sobre estos temas si la historia misma tiene visos fantásticos”.

La trama de la novela

Tradicionalmente se considera a esta novela dentro del apartado Novela del dictador, no deseo reconocer esta clasificación como género pues la misma pretende referirse únicamente a los dictadores latinoamericanos y no solo en América Latina han habido dictadores. Entre el esclavismo y la finalización del medioevo está Julio César, Napoleón Bonaparte y muchos entre ellos; solo en el siglo XX está el fascismo de Hitler, Mussolini y Franco; aquí también encontramos a Mao Zedong, José Stalin y Kim Jong-un, quien llegó al tercer milenio; Hussein, Gaddafi y Mubarak, también del siglo XX; y solo por mencionar unos cuantos. Algunos de estos personajes históricos ya han inspirado una o varias obras literarias. Solo la Historia de la literatura fascista española tiene dos volúmenes y 1,344 páginas. Y no todo lo escrito como literatura es bueno, por eso prefiero hablar de la Estética de la dictadura para referirme a lo literariamente valioso, sea latinoamericano o no. Dejo la categoría de Novela del dictador para ser utilizada por los críticos literarios.

Entre la realidad y el sueño se revela Manuel Estrada Cabrera en la obra de Asturias. El leitmotiv de la novela es un personaje histórico concreto, un abogado liberal guatemalteco originario de Quetzaltenango quien llegó al poder tras el asesinato de su predecesor y luego, de manera fraudulenta, fue reelecto cuatro veces y gobernó durante veintidós años. En la novela aparece al fondo de la historia, no es una presencia clara, es nebuloso e irreal, nadie sabe dónde duerme y algunos dicen que no lo hace. Las acciones de la trama pudieran haberse desarrollado sin esta figura, pero es precisamente el vacío de la presencia lo que le otorga a la novela un halo de misterio, el poder se percibe a través del miedo y la zalamería de los otros personajes. Todo sucede, todos reaccionan en torno a esa ausencia tratando de adivinar lo que hará para adelantarse a sus deseos o sus amenazas.

Asturias no pretende señalar los peligros de las dictaduras, la novela no es moralizante ni deja una enseñanza explícita, pero el lector inteligente relaciona y analiza. El autor se vale de todo tipo de actos, hay conspiraciones, intrigas, violencia, exilio y hasta una boda para mostrar el fenómeno. En la novela de Asturias, Esopo está condenado al ostracismo: no hay enseñanzas morales, la realidad se hace literatura pero no se desnaturaliza. Se inscribe en la estética de la dictadura, donde el espacio para finales felices es prácticamente inexistente.

En líneas generales, la historia relatada no analiza el triunfo o el fracaso del modelo político liberal, tampoco lo critica —es novela, no ensayo—, se limita a exponer una serie de aristas del fenómeno del dictador desde la estética literaria. Cada pequeño relato dentro de la gran historia es una arista y, como tal, hiere. Sin embargo, sin la venia de su autor, quién de nosotros. La diferencia está en el sentido, el que Mario Benedetti le da a la frase es de culpa, casi bíblico; el sentido que le damos ahora es de solidaridad ¿quién de nosotros puede permanecer indiferente ante la ausencia de libertad en otro pueblo latinoamericano? El momento de las armas pasó, ahora es el momento de abrir el espacio del pensamiento a través de la palabra escrita y para ello, qué mejor que la literatura.

Durante los siglos precedentes al XXI, nuestra América —como gusta nombrarla Eduardo Galeano— sufrió la metástasis de las dictaduras y a principios del tercer milenio aún no ha desaparecido por completo el peso de la conquista, solo que ahora la disfrazan con elecciones. Los escritores se valen del arte para denunciar dictaduras y dictablandas, libertades ausentes, torturas sistemáticas, lavados de cerebro y los métodos escabrosos de que se valen los tiranos —hoy devenidos en políticos— para aferrarse al poder.

El texto refleja el interés del tirano en su reelección para conservar la apariencia democrática, pero en el desarrollo de la historia se desvela el carácter dictatorial de ese gobierno. Para una corta memoria histórica es necesario transformar la historia en literatura para perpetuarla y Asturias lo hace magistralmente. Nos muestra la historia como fluir lingüístico, no como una serie de hechos relatados en gesta lacónica. La historia abre una herida y la literatura la va cerrando, no como olvido sino obra de arte. En literatura no esperamos objetividad histórica, esperamos subjetividad sublime y en este caso nos encontramos con represión, rebelión y revelación y así, entre prosa y poesía, se desvela al dictador.

No es la única novela que indaga en esta estética, varias obras valiosas de nuestro continente nos lo ilustran. Además de Asturias, Augusto Roa Bastos escribe desde la putrefacción de su personaje principal en Yo, el Supremo; Gabriel García Márquez aborda la gerontocracia en El otoño del Patriarca; Alejo Carpentier nos presenta a un dictador positivista, casi intelectual de vanguardia, en El recurso del método; Tomás Eloy Martínez pretende desmitificar y reinventar al presidente populista en La novela de Perón, Mario Vargas Llosa hace una trenza con las líneas narrativas de La fiesta del chivo; en la novela casi desconocida de René Depestre se describe al casi desconocido Papa Doc, en El palo ensebado. (En este caso es correcto ensebado, no encebado)

La literatura se ensucia de sangre, corrupción y muerte: el espacio real y concreto en que ha crecido la vida, donde apenas florece la libertad. Y se escribe estéticamente desde realidades horrendas y tragicómicas. Como no hacer literatura sobre estos temas si la historia misma tiene visos fantásticos. Recordemos a Antonio López de Santa Anna quien ocupó la Presidencia de México seis veces; él perdió una pierna durante la Guerra de los Pasteles en 1838, posteriormente la paseó por el país y le rindió honores, todo con el fin de ganar las siguientes elecciones. Con estas realidades históricas, casi surrealistas, la tentación de literaturizarlas es enorme. Y si el resultado tiene valores estéticos, grandioso.

Gustavo Sánchez Zepeda
Escritor y poeta,

sus ensayos filosóficos y literarios —así como su trabajo poético—, se han publicado en libros, antologías, revistas y secciones culturales de diarios guatemaltecos y mexicanos. Profesor universitario en las áreas de Letras y Filosofía. Es Maestro en Filosofía y tiene un Posgrado en Docencia Universitaria por la Universidad Rafael Landívar, también una Especialidad en Educación Universitaria en Línea por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Es autor del libro Para nadar en tu sangre, autor de Memoria y claridad publicado en el libro 7 conVersos; coautor del libro Los nuevos escritores y Augusto Monterroso (2004) publicado por la Editorial Universitaria de la Universidad de San Carlos; autor de Memoria y claridad publicado en el libro Desde la casa del cuento (1998).