Escenario

Devoción en el palacio guadalupano

El Santuario de la Virgen de Guadalupe, ubicado en la 8a. calle y 1a. avenida de la zona 1 capitalina, es el lugar de peregrinación, cada 12 de diciembre, de miles de devotos guatemaltecos de todo el país para  conmemorar las apariciones  de esta advocación mariana a San Juan Diego, en el cerro del Tepeyac, México, ocurrida en 1531.

Por Brenda Martínez

Este suceso ayudó a apresurar la conversión religiosa de los indígenas por los misioneros en el siglo XVI, al considerar que era una reina que provenía del cielo para transmitir un mensaje de amor, explica el rector del Santuario, Julio Barrios.

Se cree que en Santiago de Guatemala, en el Valle de Panchoy, se comenzó a edificar una iglesia dedicada a la Virgen de Guadalupe, pero no se finalizó por el terremoto de 1773.





El Reino de Guatemala se une a la devoción de Nuestra Señora de Guadalupe, junto a ciudades como Zamora, Oaxaca, Querétaro, Aguascalientes y Guanajuato, y a instancias de Nueva España (México), proclama el juramento de patronazgo a esta advocación en 1738, explica Miguel Álvarez, cronista de la Ciudad.

Después del traslado de la ciudad al Valle de la Ermita o De las Vacas, en 1776, fue uno de los primeros templos que se construyeron. Se inauguró el 9 de diciembre de 1793.

Según la Semana Católica del 9 de diciembre 1893, fecha en la que se celebró el primer centenario del templo, este recinto era pequeño y “provisional, mientras se construía uno digno de la Patrona de América, según la idea y proyectos del fundador —presbítero Pablo Jáuregui—, que donó un gran capital… y que sería uno de los magníficos templos…”. El frente de esta iglesia daba al oriente, y no al norte como en la actualidad, y estaba rodeada de jardines.





La construcción del recinto actual se prolongó 26 años, y fue monseñor Julio Martínez Flores quien se encargó de la obra y se las ingenió para recaudar fondos para sufragar los gastos, y pedir donaciones.

Se estrenó el 9 de noviembre de 1952. “La idea de monseñor era construir  un palacio y no un templo. El único campanario indica que es una iglesia donde se administran los sacramentos, pero en el frente tiene una terraza que muestra que es un palacio donde se venera a la Reina de América”, dice Barrios. Además, tiene elementos decorativos de gran suntuosidad.





Lea la nota completa en la edición impresa de Prensa Libre, o adquiérala aquí.