Opinión

horrores idiomáticos

Las calendas griegas

María del Rosario Molina

María del Rosario Molina

Los idus, las nonas y las calendas se usaron en el calendario romano, no así en el griego.

—Me pregunto —dijo Berta mi amiga en la despedida que ella, Titivillus y yo le dimos a Carmencita, nuestra amiga española que regresaba a su terruño— cuándo se acabará esa ridícula costumbre, tan criticada por la RAE, de mencionar ambos géneros gramaticales en discursos, reportajes, columnas e incluso conversaciones privadas que se refieren a los seres humanos, por ejemplo: “los guatemaltecos y las guatemaltecas, los niños y las niñas de escuela, todos y todas los y las presentes” en lugar de usar el masculino que engloba a ambos sexos, o en último caso utilizar términos como pueblo, personas, etc.: “el pueblo de Guatemala, los escolares, todas las personas presentes…”. Han llegado al colmo de referirse al ganado bovino como a “toros y vacas, terneras y terneros y erróneamente “chivos y chivas”, pues estos últimos son las crías de las cabras. Solo falta que digan que la cocina está invadida por hormigas hembras y hormigas machos, que a las gatas y a los gatos las y los asustan los cohetes y que los perros y las perras laten (ladran entrecortadamente) cuando suenan esos artefactos pirotécnicos.

Los idus, las nonas y las calendas se usaron en el calendario romano, no así en el griego.—“Ad calendas graecas” —le respondió Titivillus a mi amiga. Berta se le quedó viendo con cara de incomprensión y el diablillo medieval le explicó: “En el antiguo calendario romano y en el eclesiástico, las calendas señalaban el primer día del mes y los idus los días 15 de marzo, mayo, julio y octubre y el 13 los demás meses, pero hete aquí que en el calendario griego no existían las calendas, por lo que decir ‘en las calendas griegas’ equivalía a nunca, y la locución se usaba con ironía para señalar que jamás se pagaría una deuda, se cumpliría cierta promesa, etc. Te hablo del calendario juliano, pues antes hubo varios, el primero de Rómulo, fundador de Roma (circa 753 a.C.), de diez meses de duración y el año comenzaba en marzo.

Solo te iba a explicar las calendas, pero aprovecho para contarte que Julio César estableció los años bisiestos cada cuatro, pues se creyó que la duración del año era de 365 días y seis horas, aunque nuestro planeta se traslada en 365 días, 5 horas, 48 minutos y segundos. Con el tiempo, por ese error de cálculo, el año civil ya no coincidía con el año trópico (que marca las estaciones) y los astrónomos del papa Gregorio XIII corrigieron la inexactitud saltándose diez días del 4 al 15 de octubre de 1582 y disponiendo que cuando se tratara de los años finiseculares únicamente fueran bisiestos aquellos divisibles por 400. Así, no fueron bisiestos el 1700, el 1800 ni el 1900, pero sí lo fue el 2000. Te digo esto para insistir en otra necedad: Creer que en 1999 finalizó el siglo XX.

Recordé que antes oía la locución latina, ahora casi en desuso, que nadie decía “guatemaltecos y guatemaltecas” y exclamé con Cicerón “O tempora! O mores!”.

selene1955@yahoo,com