Salud y Familia

Estas son las penitencias más comunes de la época

Acciones como ayunar, abstenerse de hacer o comer algo o participar en las procesiones durante la Cuaresma, que comienza hoy, están dirigidas a la expiación de culpas, pero no hay que olvidar el cambio interno que debe concretarse en forma cotidiana para un enriquecimiento espiritual

Por Redacción Buena Vida

Llevar en hombros cortejos procesionales es una forma de penitencia en la Cuaresma. (Foto: Hemeroteca PL)
Llevar en hombros cortejos procesionales es una forma de penitencia en la Cuaresma. (Foto: Hemeroteca PL)

Según el Concilio Vaticano II, los cristianos están invitados a vivir la penitencia interior —sufrir con paciencia y humildad, por amor a Jesús, desprecios y humillaciones— y la penitencia exterior —ayunos y prácticas de mortificación corporal— y se recuerda que esta última sin la primera es falsa.

De acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica, parte 2, la penitencia puede expresarse de diversas formas, pero las principales son el ayuno, la oración y la limosna, que representan la conversión en relación a sí mismo, a Dios y a los demás.

Estos tiempos son apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones, las privaciones voluntarias, obras caritativas y misioneras. “Tomar la cruz cada día es el camino más seguro de la penitencia”, según el texto.





“El verdadero espíritu de la penitencia cristiana nos llevará a un cambio de vida y estará acompañada de obras que sean acordes con lo que necesitamos para ser mejores”, expresó el sacerdote José Luis Colmenares, de la Parroquia El Sagrario, en una entrevista publicada en el 2012.

Entre las prácticas, arraigadas a las tradiciones católicas, se encuentran la participación con fe, el silencio y la devoción en cortejos procesionales, en peregrinaciones o ayunar, refiere Colmenares.





“Cuando estas son auténticas y siguen las normas de prudencia de la Iglesia no son un esfuerzo estoico o masoquista. Son siempre libres, no obligatorias”, añade.

Las penitencias interiores, como vencer las pasiones de orgullo, de vanidad, de dominio, de la concupiscencia de la mente y del corazón, son las que más agradan a Dios y las que más nos benefician espiritualmente, pues conducen a desprendernos de nuestro yo, dice el sacerdote.





“La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión hacia las malas acciones que hemos cometido”, afirma el Catecismo.

Prácticas

Según San Josemaría Escrivá de Balaguer, hacer penitencia es:

  • El cumplimiento exacto del horario que la persona se fije, aunque el cuerpo o la mente se resistan.
  • Contestar con paciencia a los inoportunos.
  • Soportar con buen humor las mil contrariedades del día.
  • Tratar siempre con caridad al prójimo.
  • Atender a los que sufren.
  • Sujetarse al plan de oración, a pesar de estar rendido o desganado.
  • Comer con agradecimiento lo que se sirva, sin importunar con caprichos.