Salud y Familia

¿Convive con una persona tóxica?, aprenda cómo lidiar con ella

Después de analizar a 724 personas durante 75 años, un colosal estudio de la Universidad de Harvard demostró que la felicidad depende de relaciones saludables y de alejarse de aquellas que hacen daño.

Por Redacción Buena Vida

Hay que ponerle un límite a las personas tóxicas, para aprender a vivir con ellas sin dejar de ser felices.
Hay que ponerle un límite a las personas tóxicas, para aprender a vivir con ellas sin dejar de ser felices.

Los expertos responsables del Estudio de Desarrollo de Adultos de la Universidad de Harvard  analizaron el desarrollo de personas desde su adolescencia hasta su vejez durante.

"Rastreamos la vida de 724 hombres, año tras año, y se les preguntó sobre su trabajo, su vida hogareña, su salud, y claro, todo ese tiempo sin saber cómo resultarían sus historias de vida", cuenta el psiquiatra, psicoanalista y profesor de la Escuela de Medicina de Harvard, Robert Waldinger. 

El estudio, que incluyó conversaciones grabadas con sus familias y escaneo de sus cerebros, concluyó que las lecciones no tienen que ver con riqueza, fama, ni con trabajar mucho. El mensaje de estos 75 años estudio es este: las buenas relaciones nos hacen más felices y saludables, según el sitio abc.es





Sabemos que somos seres sociales y las relaciones son importantes en nuestra vida. No sabíamos, tal vez, que eran tan determinantes para nuestra salud física, mental y emocional. Por eso hay que ponerse manos a la obra y aprender a relacionarse, o por lo menos, a huir de aquellas personas que nos hacen mal. 

Las personas tóxicas están en todos lados: en el trabajo, en nuestra casa, en la calle, incluso podemos serlo nosotros mismos. La clave está en reconocerlas: "son personas que te nivelan para abajo, que meten miedo o culpa, que manipulan, son adictos emocionales, necesitan hacer sentir mal al otro para poder sentirse bien ellos", explica el psicólogo y escritor Bernardo Stamateas, autor de libros que se han convertido en best sellers como Pasiones tóxicas o Gente tóxica.





Elisa Sánchez, psicóloga y consultora de recursos humanos y salud laboral, señala que las personas tóxicas tieden a pensar solo en sí mismas, se priorizan siempre, les importa ellos, su ego, y matiza que una persona tóxica puede no serlo para todo el mundo. 

Así se manifiesta una persona tóxica:

  • Envidioso. Los logros ajenos le generan angustia.
  • Negativo.
  • Vive criticando a los demás, y procura frustar al otro.
  • Se queda de todo y culpa a todo el mundo.
  • El triangulador, por ejemplo, A tiene problemas con B y en vez de decírselo a B, se lo dice a C.
  • Genera conflictos de forma implícita.
  • Se hace la víctima y descalifica a los demás.
  • El que roba méritos, por ejemplo, ttú has llegado hasta aquí porque yo lo hice posible.
  • Es agresivo y narcisita. 
  • Tienen baja autoestima y una enorme frustración: están estancados en el dolor y en el resentimiento.
  • Tienen baja empatía: a menos empatía, mayor maldad y, además, no tienen introspección, para ellos, el error está siempre en los demás y no en sí mismos. 


Man gesturing to wife during a dispute
Man gesturing to wife during a dispute


¿Qué hacer para relacionarse con ellos?

"Hay que saber usar el sí y el no, es decir, aprender a ponerle límites a los demás, y esto vale también para todo tipo de relaciones. Debemos recuperar nuestros derechos asertivos, el derecho a equivocarme, a juntarme con quien quiera y a evitar que me manipulenl", explica Stamateas.

Para que haya una persona tóxica tiene que haber alguien que se deje "intoxicar". "Si dejo que alguien me agreda es porque me cuesta ponerle límites al otro, lo que significa que me cuesta ponerme límites a mí, me cuesta decir que no; también se da en aquellas personas que quieren cambiar al otro, que sienten omnipotencia y se terminan enganchando con un tóxico", señala Stamateas. "A veces, necesitamos de la aprobación de los demás o nos da miedo el rechazo", añade Sánchez. Pero el perjudicado más frecuente es aquel al que le cuesta decir que no, zanja Stamateas.





Por eso, Sánchez recomienda que aprendamos a gestionar nuestras emociones, evitar comportarnos de la misma manera en que se lo hacen con nosotros que ayuda mucho a aceptar lo que no podemos cambiar, apunta Sánchez.

Se trata de un entrenamiento mental, que hay que hacer todos los días para que se produzca el hábito en el cerebro. Es indispensable concentrarse y que la persona elija voluntariamente que la mente no vaya al pasado ni al futuro, sino en el aquí y en el ahora, señalaba en otro artículo Alejandra Valle-Nágera, psicóloga y profesora de esta práctica.