Salud y Familia

El maltrato no debe entrar en casa

El amor y la tolerancia son las mejores herramientas para educar y corregir a los hijos, pues de esta manera se garantiza que la violencia se erradique poco a poco.

Por Cristian Noé Dávila

Los menores que sufren algún tipo de abuso se vuelven ansiosos y retraídos.
Los menores que sufren algún tipo de abuso se vuelven ansiosos y retraídos.

“¿Qué podemos esperar de niños y niñas que sufren abusos constantes? Probablemente se convertirán en adultos que utilizan el maltrato como algo cotidiano. Tenemos que pensar en qué tipo de personas queremos presentar en el futuro a la sociedad”, dijo ayer el psicólogo Estuardo del Águila, de Liga Guatemalteca de Higiene Mental, durante El Consultorio de Prensa Libre.

Círculo cercano

Aunque los golpes y los castigos físicos son las manifestaciones más evidentes de abuso infantil, este también incluye violencia verbal, emocional, sexual y social. “Otro aspecto importante es saber quiénes son los posibles abusadores. No solamente los adultos abusan de los pequeños, ya que los maltratos también podrían provenir de sus compañeros de clase”, agregó Del Águila.

A criterio del psicólogo, la mayoría de personas que violentan a los menores pertenecen a su círculo cercano. Podrían ser padres, parientes, maestros o cuidadores.

Intimidaciones

La mayoría de víctimas de violencia no lo dicen, pues el abusador utiliza la intimidación para que los pequeños sientan miedo o crean que la situación puede empeorar si cuentan lo que les sucede. “Por eso es necesario que los adultos aprendan a identificar las señales que evidencian que un niño está siendo violentado”, añadió Del Águila.

¡Atención!

Si un menor sufre abuso en la escuela, regularmente bajará su rendimiento escolar o inventará excusas para faltar a clases.

Cuando los maltratos se dan en el hogar, los maestros son los responsables de analizar esos cambios de conducta. “Es común que el niño se muestre ansioso, retraído y evite el contacto social”, enfatizó el invitado.

Si la violencia proviene de un pariente cercano, el niño o la niña cambiará su comportamiento cuando el abusador visite la casa o evidenciará que no quiere asistir a reuniones familiares.

“Muchas veces, un menor de edad abusado pierde el control de sus esfínteres y se empieza a orinar en la cama. También puede despertarse por las noches y decir que tiene pesadillas”, comentó Del Águila.

Problema social

De acuerdo con el profesional, la niñez es parte de la población vulnerable frente a muchas situaciones. Sin embargo, cuando se trata de abuso infantil, están en mayor riesgo los niños y las niñas con dificultades para socializar o aquellos que se ven diferentes al resto, pues utilizan lentes, tienen sobrepeso o alguna discapacidad física.

A largo plazo

“Las repercusiones del maltrato infantil son bastante complicadas. Es probable que los adultos que fueron abusados en la niñez o en la infancia, entren en procesos de frustración o repitan ese círculo de violencia”, explicó Del Águila.





Varios tipos de violencia

El abuso infantil puede manifestarse mediante los golpes o los castigos físicos, pero también se hace presente con palabras hirientes y comentarios negativos sobre los pequeños. Las agresiones sexuales son parte del maltrato de este maltrato. El abuso social es aquel en el que los niños y las niñas son excluidos o rechazados por los adultos o por sus otros compañeros.

“Creo en ti”

Es fundamental que los padres y los maestros creen un vínculo de confianza con los menores de edad, a fin de que estos se sientan seguros y protegidos. “Nuestra obligación es hacerles ver que siempre vamos a creer en sus palabras y que no los vamos  a regañar”, aconsejó el psicólogo Estuardo del Águila. El objetivo es que los pequeños expresen sus preocupaciones sin temor a ser reprendidos. 

Se debe romper el silencio

El principal enemigo del maltrato infantil es el silencio. Aunque los menores de edad no quieran hablar o tenga miedo de denunciar, los adultos que se encuentran cerca tienen la obligación de denunciar la situación, sin importar que el abusador sea el padre, la madre o un pariente cercano. Para esto es necesario prestar atención a los cambios drásticos de conducta de los menores.

Hay que educar con amor

“Los padres tienen que educar con amor, responsabilidad y límites. Ninguna agresión física está justificada para corregir a un hijo”, dijo Del Águila y agregó que los golpes solo generan más violencia, pues en algún momento el niño se cansa de los castigos y empieza a confrontar y retar a los progenitores.  El diálogo es la mejor herramienta para fomentar la convivencia social.