Salud y Familia

La bipolaridad: la vida y las emociones, desde dos extremos

El trastorno de la bipolaridad afecta el estado de ánimo y provoca sensaciones que van de tristeza profunda a euforia extrema.

Por José Andrés Ochoa

Un espectro de emociones que conducen a la depresión o a la efuria (Foto Prensa Libre: servicios).
Un espectro de emociones que conducen a la depresión o a la efuria (Foto Prensa Libre: servicios).

La entrevista con Esperanza estaba pactada para las 10 de la mañana, pero su hija recomendó que mejor fuera por la tarde, pues su madre se siente más cómoda en ese horario. Es usual que ella duerma muchas horas en el día.

“Cada noche tomo varios medicamentos. Mi cuerpo los aprovecha mientras duermo y me cuesta levantarme”, dice Esperanza Castañeda, de 45 años. Ella  se medica diariamente para combatir el trastorno de bipolaridad que padece, diagnosticado en 2010, cuando aún trabajaba como maestra.

“Salía los jueves, viernes y sábados a divertirme. Tenía malos amigos y en ocasiones solía olvidar a mi familia”, dice.

Este tipo de comportamiento responde a un estado de manía, que es uno de los extremos emocionales que abarca el trastorno de la bipolaridad. El otro, la depresión, implica reacciones opuestas aunque igual de perjudiciales para la persona y su forma de vida, explica María Renée Gándara, psiquiatra.

Padecimiento mental

La guatemalteca Esperanza Castañeda es una de las 60 millones de personas en el mundo que viven con bipolaridad, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud.

“Este trastorno afecta el estado de ánimo y se caracteriza por los cambios emocionales que van desde la tristeza extrema hasta la euforia”, añade Gándara.

A criterio de la psiquiatra, las causas de la bipolaridad son múltiples, como sucede con la mayoría de enfermedades mentales, e inciden la genética, la forma en que la persona fue criada, sus experiencias y estilo de vida, entre otros aspectos.

Para una persona que sufre de bipolaridad, su vida es afectada por la intensidad con las que siente las emociones (Foto Prensa Libre: servicios).
Para una persona que sufre de bipolaridad, su vida es afectada por la intensidad con las que siente las emociones (Foto Prensa Libre: servicios).

Castañeda recuerda que en su familia existieron casos de esquizofrenia y bipolaridad, por lo que supone que su enfermedad podría ser hereditaria, otro factor predisponente.

Los expertos clasifican la bipolaridad en tipo 1 y 2. El primero es el más drástico, ya que los cambios entre la depresión y la manía son más frecuentes e intensos; en el segundo caso, los síntomas son menos evidentes.

Dos polos emocionales

Esperanza cuenta que sus primeros episodios de tristeza profunda comenzaron a los 5 o 6 años de edad.

A los 35 años, una serie de emociones intensas le llevaron a vivir momentos drásticos y difíciles para su interacción social. Fue hasta los 40, cuando vivía cambios constantes entre manía y depresión, que decidió buscar ayuda profesional. “Me reuní con la psiquiatra, hablé y comencé a llorar”, recuerda.

“Esos cambios repentinos en el estado de ánimo y la imposibilidad de controlarlos es un indicador de que se sufre bipolaridad”, menciona Gándara y añade que las personas con este trastorno creen que pueden mantener la compostura con autocontrol, pero no es así.

Una de las complicaciones para diagnosticar la bipolaridad es que no hay un examen médico específico, sino que se debe analizar el comportamiento y la historia del paciente.

En la actualidad, Esperanza ha podido mantener un equilibrio en su vida gracias al uso de fármacos y terapias. “Los medicamentos son los estabilizadores del estado de ánimo que provocan la reducción de los extremos en el ánimo”, explica la psiquiatra.

“Estar medicada es difícil porque los efectos secundarios pueden provocar sueño pesado, obesidad o malestares anímicos. Me medico por amor a mi familia”, añade.

Para ella, las personas con bipolaridad necesitan valor y mucho apoyo familiar para llevar una vida lo más estable posible.

Las consideraciones

  • Manía

Es cuando el ánimo está sumamente elevado y la persona dice que se siente muy bien.  Esta sensación puede incluso hacerla salirse de la realidad. Los principales síntomas son alteraciones en el sueño —insomnio—, en el apetito —demasiada hambre— y en la energía.

  • Depresión

Es un conjunto de síntomas en los que lo más evidente es la tristeza profunda y la dificultad para disfrutar las actividades cotidianas de la vida. También hay cambios en el sueño, en el apetito y en la forma de pensar —la persona es muy pesimista o fatalista—. En ocasiones pueden aparecer impulsos suicidas.

  • Recomendaciones

Familiares o amigos deben orientar a la persona a que busque tratamiento. Esperanza Castañeda también sugiere que se evite cuestionar o criticar a las personas. La comunicación es fundamental para lidiar con el trastorno.