Salud y Familia

Las emociones de los hijos se derivan de las de los padres

Las reacciones emocionales y sentimentales de los niños, tanto negativas como positivas, son producto de las relaciones con su entorno familiar y social desde antes de venir al mundo.

Por Brenda Martínez

Las exigencias cotidianas influyen en los sentimientos y emociones del menor.
Las exigencias cotidianas influyen en los sentimientos y emociones del menor.

“Un niño nace con  inocencia y dotado de amor, quienes lo contaminan son las personas de su entorno: padres, cuidadores o  maestros; nadie nace con  maldad”, expuso el jueves la psicóloga Flor de María Palencia, experta en trauma psicológico, en El Consultorio de Prensa Libre.

Los primeros 27 meses son los más importantes en la vida del niño: nueve  antes de la concepción,  nueve del embarazo y nueve  después del nacimiento, los cuales tienen que ver con la relación entre los padres, y que definirán si el niño desarrollará traumas en el futuro.

Los adultos son los responsables de hacer feliz a los pequeños y deben tratar de no decir palabras que los lastiman.  “En los momentos que necesitan el apoyo de los padres debe producirse un acercamiento para   inculcarles confianza”, indicó.



La psicóloga Flor de María Palencia habla sobre las emociones, durante El Consultorio. (Foto Prensa Libre, Óscar Rivas)
La psicóloga Flor de María Palencia habla sobre las emociones, durante El Consultorio. (Foto Prensa Libre, Óscar Rivas)


Cuando el niño demuestra conductas de mala adaptación, siempre está triste, no ríe o se aísla de la familia, es necesario buscar ayuda profesional.

Es un cautiverio

La sobreprotección es una forma de rechazo enmascarado. El amor crece en la libertad y muere en el cautiverio. Cuando sobreprotegemos a los hijos, el único mensaje que estamos enviando, en realidad, es que en algún momento de su vida no los quisimos o los rechazamos. Los hijos sienten la sobreprotección como cautiverio y  puede generar en ellos  traumas y heridas que afectarán su desarrollo social; por ejemplo, cuando los padres no los dejan salir a jugar con otros niños o les hablan de peligros constantes en la calle.





Se puede evitar el estrés

El estrés en los niños  tiene que ver con el de los adultos. Si los padres manejan de manera apropiada el estrés, evitarán que sus hijos tengan que lidiar con él. Por ejemplo, cada mañana levantarse temprano y dejar preparado todo un día antes para no apresurarse al dirigirse a sus actividades. En el tráfico, escuchar música relajante o predilecta de los pequeños. Los niños no están estresados, sino somos los adultos quienes les exigimos buen rendimiento escolar. El estrés no es dañino,  pero tenemos que tener una dosis o cuota adecuada.





Honestidad es esencial

La negación es un mecanismo de defensa de los padres,  cuando niegan que no tienen ningún problema.  Esa conducta, al final, da lugar a un secreto y a una  mentira. A los niños estas situaciones les afectan, por lo que se recomienda  tener reuniones en familia para hablar de las circunstancias que le agobian  a cada integrante con el fin de buscar soluciones de manera conjunta. Los padres deben reconocer que no son seres perfectos  y que se puede salir adelante  para que reine la armonía familiar.





Depresión se transmite

Existen dos tipos de depresión,   endógena y exógena. La primera se deriva de la tendencia de los padres a estar deprimidos o tristes, y la segunda, se desencadena por algún evento desafortunado como la muerte de algún familiar o la pérdida del empleo. Los niños están en una etapa vulnerable  y absorben estas situaciones depresivas. Si queremos que los niños tengan  alegría, júbilo y gozo, tenemos que transmitirles esos sentimientos que les ayudarán a combatir la depresión.