AlephEstados Unidos en el siglo XXI
Hace diez años, la revista Time entrevistó al director del Banco Europeo, el francés Jacques Attali. Le preguntó si creía que Estados Unidos estaba en decadencia y si consideraba que podría terminar como el granero de una región del Pacífico dominada por Japón. El banquero francés respondió: ?Temo una relativa disminución de la participación (estadounidense) en el mercado global y un rápido crecimiento en otras partes del mundo…
Con la particular excepción del microprocesador, ni siquiera un solo nuevo producto fue hecho en América en los últimos años. En cuanto a los productos de alta tecnología, los Estados Unidos tiene una balanza comercial positiva, pero solamente en aquellos sectores en los cuales ha tenido un semimonopolio por algún tiempo: la industria aeroespacial y las computadoras.
Las razones de esta desventaja, decía Attali, están en el pensamiento cortoplacista norteamericano… También es un reto que progresivamente se le vaya haciendo más difícil a los Estados Unidos, el financiamiento necesario para la educación y la salud de sus ciudadanos y la conservación del medio ambiente?.
Una década después, ¿cómo vemos a los Estados Unidos? Sin ser economista, creo que hay cosas obvias acerca de un modelo que parece agotarse. Además, creo importante hablar de un país que ha dictado ciertas rutas para muchos otros países del mundo.
En términos generales, la desaceleración de la economía norteamericana es hoy un hecho, el desempleo en ese país es una realidad aplastante, las políticas migratorias se han estrechado, la crisis de un sistema político que se perfilaba cuasi perfecto es más que obvia y se hace evidente una regresión a posturas conservadoras en materia de política exterior.
En marzo de este año, Bush rechazó el Protocolo de Kyoto, por medio del cual se pretende estabilizar las emisiones mundiales de dióxido carbono y otros gases de efecto invernadero hasta llevarlas a los niveles anteriores a 1990. Este instrumento que pretende poner en práctica ciertas medidas para limpiar el aire del planeta, fue rechazado por su gobierno, bajo el pretexto de que podría afectar negativamente a la economía de ese país.
Desde una postura muy conservadora y conveniente, Bush se convirtió así, en otro de los grandes responsables del suicidio colectivo al que se enfrenta una humanidad que ha rebasado los límites que demanda la conservación de su propio planeta. Varios gobiernos le hicieron sentir a Bush su rechazo hacia esta medida.
Recientemente, el gobierno de Bush condicionó su ayuda económica para los países del Sur en el rubro de salud reproductiva, al uso o no de anticonceptivos. Desde una perspectiva conservadora (otra vez) y totalmente ajena a la realidad en la que viven millones de mujeres de todo el mundo, ese gobierno sigue imponiendo unilateralmente sus decisiones, mientras que en muchos de sus estados se practica legalmente el aborto.
En otro sentido que parece un contrasentido, se ha impulsado una mayor producción de armamento que nos hace preguntarnos ¿para qué guerra se quiere armar así al mundo?
El día de ayer, apareció en elPeriódico el editorial del diario argentino CLARÍN que habla de la postura de Estados Unidos frente a la justicia global. Ese país le debe a la ONU más de 500 millones de dólares, pero un grupo de legisladores dice que ese gobierno sólo pagará on one condition: se cancela la deuda con ese organismo internacional si se aprueba un acta de protección que garantizaría que ningún estadounidense pueda ser juzgado por crímenes de guerra. Este planteamiento también significaría un retroceso en la intención de construir un orden mundial más justo.