Pedro Pablo Solares

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Pedro Pablo Solares @pepsol

Casa de Dios, casa de mis amigos

Opinión

Entré una vez a la iglesia evangélica Casa de Dios. Una noche antes había tenido un percance en la calle. Sin suficiente dinero en efectivo para pagar la grúa que me remolcaría, por fortuna, pasó un antiguo compañero del colegio, que insistió en darme el complemento. “¿Cómo hago para pagarte?” le pregunté. Me respondió que la noche siguiente estaría en su iglesia, pues habría una celebración especial. Percibí en él un afán para propiciar que me acercara al evento, pues hizo difícil encontrarlo en otro lado que no fuera ese. Pero confieso que en parte acepté llegar ahí, por curiosidad de ver lo que sucedía adentro del lugar que desde entonces, tanto y a tantos atraía. Esto habrá sido hace unos 10 o 15 años.

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Pedro Pablo Solares @pepsol

El error, TSE, es verlos como comunidad

Opinión

Uno de los retos constantes con los que me topo cuando comparto perspectivas sobre guatemaltecos que viven en EE. UU. es que el público comprenda a estos migrantes como una población, y no como una comunidad. Así sea en foros sociales, periodísticos, en asesorías empresariales o, ahora, frente al reto de la votación presidencial para residentes en el extranjero, la gente falla en apreciar esta diferencia crucial. El resultado de creer que los migrantes viven en una comunidad, compacta, y de alguna forma homogénea, es un error —a mi parecer— que con frecuencia deriva en pobres resultados. Por ejemplo, he visto empresarios necios que, atraídos por la suma que representan las remesas familiares, invierten en ese segmento. Pero lo hacen sin obedecer luces de alerta que debieran despertar los retos que una población tan amplia representa. Digamos, con los US$9 mil millones que ingresan de remesas al año en mente, buscan proveedores o guías que únicamente tienen contacto con ciertos nichos en el mercado de esa enorme geografía, pero no con todos. Y se diezman así los resultados esperados, generando la frustración por las pérdidas. He visto cómo esto ha sucedido en industrias como la banca, los cerveceros; y a otros comerciantes que siguen topándose con ese obstáculo para conquistar ese codiciado pero extenso mercado. Triste para ellos. Pero más triste es que lo mismo le suceda ahora al Tribunal Supremo Electoral (TSE) que, con nuestros impuestos, va en dirección hacia un bochornoso fracaso con el voto migrante,

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Pedro Pablo Solares @pepsol

¿Y qué hay de los factores de atracción?

Opinión

Tanto que hace falta ver lo que ocurre en EE. UU. a la hora de analizar por qué emigran los centroamericanos. Al hablar de esto, los factores de expulsión —inseguridad, pobres economías, vulnerabilidad climática, hambre, etc.— monopolizan la conversación. Pero es innegable que hay factores de atracción que persuaden a que millones busquen un país con una enorme economía, y que también es el que más invierte en servicios públicos y sociales, en toda la región.

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Pedro Pablo Solares @pepsol

Freddie y las estampas de la injusticia

Opinión

A veces siento mi vida como una rapsodia. Hoy, me encuentro aquí, donde parece el otro lado de la luna. Estoy en Chocox, un caserío de una aldea de un municipio del Quiché. Es cierto que nos tomó casi nueve horas llegar hasta aquí, en un auto rentado de doble transmisión. Pero para llegar toma más que solo eso. Remoto y aislado son palabras pequeñas para describir este lugar. Aquí, donde las altas montañas de altiplano se funden con los cañones del Río Chixoy. Y en la noche, al final del día de trabajo, guardo el teléfono celular. Un grupo de amigos en Whatsapp organiza para mañana una buena ida al cine en la capital. Por fin, en cartelera, se presenta la película de un ídolo de la juventud, el único y eterno Freddie Mercury. Qué dicha la mía, pienso un momento. Mañana, de vuelta en la ciudad, escogeremos la de cine que mejor sonido ofrezca. En fin, en la burbuja de la zona 10 tenemos suficientes opciones. Pero mi historia hoy aquí es con la familia de un deportado. Con estoico optimismo enfrenta su propia realidad, tras haber regresado a su municipio, sin su hijo —a quien dejó atrás—, y a su caserío, aislado, detenido en la prehistoria. El lugar donde no hay trabajo ni estudio ni salud, ni nada más que lo que la Madre Naturaleza les provee para el diario vivir.

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Pedro Pablo Solares @pepsol

El Plan que nunca fue

Opinión

Desde que fue anunciado, un día de otoño en 2014, el Plan Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte trajo más preguntas que respuestas acerca de cuál era su objetivo real. Propuesto desde la Casa Blanca del presidente Obama, y maquillado como una idea propia de los países centroamericanos, se dijo que su objetivo principal sería crear condiciones para evitar que más personas fueran expulsadas de sus territorios. En palabras escritas por el entonces vicepresidente Biden, el Plan se trabajaría para lograr un continente “abrumadoramente de clases medias, democrático y con seguridad”. Una inversión “modesta” para lograr una Centroamérica “próspera”. Pero hoy, a los cuatro años de vigencia del Plan, el único resultado cierto e innegable es la respuesta de las poblaciones de la región. Estas, mochila en mano, escapan hacia Estados Unidos. Y lo hacen convencidas de que en casa no hay futuro.

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Migración: objetividad contra la polarización

14/10/2018 Opinión

No hay duda de que vivimos una cruzada ideológica que empuja perniciosamente hacia los extremos. Con frecuencia, expresiones radicales conducen a reacciones que tampoco priorizan la objetividad o la búsqueda de soluciones de beneficio general. Vemos esto en la política que gira en torno a la migración masiva internacional, donde repugnantes expresiones de racismo y xenofobia motivan a una idealización de la migración y de las personas migrantes. Pero esta postura idílica tampoco pone sobre la mesa los problemas que afloran por los cambios fundamentales a los que están expuestos los pueblos afectados por el fenómeno. El discurso discriminatorio de la migración se ha extendido, en especial desde el surgimiento de la figura política de Donald Trump. Y es cierto que hoy —más que nunca— millones de estadounidenses discriminan, odiando y temiendo irracionalmente a los que provienen de nuestros países. Pero también es innegable que hay otros millones que, sin ser racistas o xenófobos, tienen preocupaciones legítimas sobre los cambios en su entorno, debido a la recepción de enormes poblaciones que no vivían allí, hace solo unas pocas décadas.

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Triángulo Norte y otras homogeneizaciones

30/09/2018 Opinión

Evito el uso del término “Triángulo Norte Centroamericano” desde que una amiga antropóloga me hizo una inteligente observación. Parafraseando: el triángulo es una ficción geográfica, impuesta desde afuera, en lenguaje militar. Así como el trágico Ixil, que fue también fijado con estrategias sentenciadas como prácticas genocidas, los triángulos parten de la homogeneización de todo lo que contienen, para habilitar una operatividad decisiva, en un territorio geográfico. Espero que no me falle la memoria al decir que este término triangular que pretende reunir a El Salvador, Honduras y Guatemala surgió paralelamente a la crisis migratoria centroamericana de esta última década; y a la respuesta que le dio el presidente Obama, a través de su frente diplomático militar, protagonizada, entre otros, por el entonces comandante sur del ejército estadounidense, John Kelly. A partir de entonces, el Triángulo Norte Centroamericano es usado cuando se intentan explicar las razones del éxodo masivo hacia Estados Unidos; pero también para responder con supuestas soluciones a esos problemas, tal el caso del Plan Alianza para la Prosperidad.

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Imaginar al país desde la zona 10

23/09/2018 Opinión

Del hotel donde estaba no hay mucho que hablar. Dirigido hacia un público corporativo, es inevitable ver en sus nuevas instalaciones un toque plástico, del que no se libra ni con cirugía extrema. El abstracto maquilado, colgado en la pared; el jardín vertical artificial, que simula hojas frescas; y los toques de madera sintética en color rojo cerezo. No deja uno de imaginar que del mismo lote de esa madera salieron otros cargamentos para algún hotel de la misma cadena, en lugares como la misteriosa Yakarta, el alegre Río, o hasta Dubái, el millonario. Me toca esperar en el área de café a unos reporteros gringos. Por olas vienen estos días a buscar historias sobre la migración hacia sus países. La historia, en este caso, ya la tienen ubicada. Por cinco días iremos a las faldas de un volcán en San Marcos, donde una familia vive en muerte la separación por las políticas de Trump. Ciertamente, los años me han quitado la capacidad de tomar café. Ahora, en horas de la tarde, no acostumbro a más de uno. Pero ese día había llegado temprano. Una segunda taza fue en mudo la testigo de otra conversación frustrante con la gente en mi entorno, que —siento— no hace esfuerzo por conocer el país más allá de las burbujas a las que se limitan.

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Una historia para cuestionar al país

16/09/2018 Opinión

Mírela ahí, puesta encima del escritorio de influyentes y tomadores de decisiones, a lo largo de todo EE. UU. Es una copia de la revista Newsweek, cuya reciente edición amaneció, en este fin de semana de nuestras marchas y antorchas, con su historia de portada, precisamente acerca de algo relativo a Guatemala. Pero ni por un segundo piense que tiene algo que ver con nuestra independencia, o soberanía. Ni siquiera vaya usted a creer que se refiere al trascendental estira y encoge alrededor de Cicig y los corruptos locales. Lo que hoy leen los altos círculos del poder mundial es la historia desgarradora de aquella pequeña jutiapaneca, de quien les he compartido en anteriores ocasiones. Leen sobre mi clienta y amiga, Elsa Johana Ortiz. Y la travesía infernal –como bien la describió Newsweek- que atravesó, para recuperar a Antony, su único hijo, a quien había perdido, en las garras despiadadas de la política antimigratoria de Trump. E independientemente de su posición en el debate migratorio, en lo que seguramente coincidirán los influyentes lectores, es que Guatemala es el paradigma actual de lo fallido; una república enclenque, de la que sus habitantes escapan, a toda costa. ¿De qué –esperaría uno que se pregunten- se fuga esta gente? ¿Qué podrá ser tan desesperanzador en su país de nacimiento, para que prefieran sufrir los suplicios de la emigración irregular?

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Xela marca el camino

09/09/2018 Opinión

Las imágenes reflejan dos países que poco tienen que ver, el uno con el otro. En las calles de Xela, esta semana, unos chicos de escuela caminan en el inaugural desfile de la feria anual. Los chicos, en sus años adolescentes, cargan una manta que dice, que grita al país, un respaldo y una afrenta. El respaldo para Velásquez, el comisionado de la Cicig, que impuso pulso contra la corrupción y la impunidad. “Mostramos nuestro total apoyo”, dice la manta, a la comisión internacional y al funcionario de Naciones Unidas. Y la afrenta es contra Jimmy, que en la foto aparece con su corbata celeste y la banda presidencial… tal vez. No se ve a ciencia cierta, pues sellado tiene encima un texto contundente: “NON GRATO”. En mayúsculas, el rechazo —dice la manta— “por sus decisiones autoritarias de alto riesgo”. Y se mira ahí en la foto, a los chicos, serios, con sus miradas hacia el frente. Con la manta —en alto— abren paso al desfile. Detrás, los abanderados, los símbolos y el pabellón. Hay que ver qué propuesta nos hacen desde Xela: la reflexión, antes que la imposición. Jimmy y lo que representa es “non grato”, un “autoritario”, y un peligro.

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Una carta al industrial, al agremiado

02/09/2018 Opinión

No puedo pretender decir que te conozco. Ni, remotamente, atreverme a explicarte, describirte. Como si supiera cómo vives, de dónde vienes o hacia dónde guías el futuro que tu familia vivirá. Te ves un buen tipo, y cuando te he visto en persona, platicas afable, casi con un tono familiar. Pero hoy, nuevamente, en este momento, en nombre de tu gremio, de tu casta empresarial, has colocado tu apellido, tu figura, tu poder, en punto preponderante de apoyo a un presidente que no sabe más que andar en fangos peligrosos, en oscuros laberintos, que conducen al perjuicio de un pueblo que es sufrido. No puedo pretender explicar tus causas o motivos; describir lo que te mueve. Pero sí compartir contigo un poco sobre lo mío; mi presente, y hacia dónde busco que llegue mi familia. Lo que es relevante para muchos, pues somos —cada uno en su posición— los que compartimos calle. Verás que nos hemos hecho esperanza de un país cívicamente equitativo y transparente. Y combatimos un desasosiego colosal, una pena y temor sobre el futuro que dejaremos a nuestros hijos, en este pequeño lugar, donde nos tocó vivir.

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La gran mentira de la migración

19/08/2018 Opinión

Aún después de que destruyeran sus restos, Goebbels, el ministro de propaganda Nazi, persiste vigente a través de su máxima comunicacional: “una mentira repetida mil veces, se convierte en realidad”. La estrategia de “la gran mentira”, tan grande, que un pueblo no pensaría en cuestionarla. Claro está, que para que esto fuera mínimamente efectivo, ese pueblo, habría de ser incauto, cándido, o desinformado, cuando menos. ¿Quién —en su sano juicio— cuestionaría si la administración de Trump realmente busca detener la migración irregular centroamericana? Nadie, quizá; a menos de que examine sus acciones, más allá de lo que brota de su boca. Un gobierno antimigrante: ¿política pública, o política electoral? Cualquiera de las dos, lo innegable es que los más indefensos de los centroamericanos están en el centro del escenario, aportando a la ecuación, la crudeza de sus humanas realidades.

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El que pierde, paga los helados

12/08/2018 Opinión

Dos trabajadores juegan pelota un viernes por la tarde en un parqueo al aire libre. Hacen tiros a portería en un marco improvisado. El que mete un gol, hace el siguiente tiro; y el que falla, va de nuevo de portero. Así, pasan la tarde sudando, mientras se rotan en el sacarrín. Matan hoy el tiempo, mientras no había mucho trabajo. El lunes, de sorpresa, amaneció dentro del predio una bola; una de esas de plástico, rayada, amarillo y blanco. De pronto empezaron las boleadas, los retos y la chamusca entre dos. Uno es un muchacho joven. Ordena carros, y los lava cuando el cliente así lo pide. De Momostenango, hace la labor que toca siempre a las masas; al pueblo no educado y que no está conectado, en este país de privilegios. Su compañero, con quien se disputa hoy en juego, jamás anticipó estar haciendo un trabajo rústico y sencillo. Pero le gusta, lo disfruta. Lejos quedaron sus batallas de abogado; su iniciativa por convencer, en un mundo de injusticias; sus horas de escritorio, los ministros, los proyectos e informes, y la ansiedad de la espera por la voluntad del político de turno. Guardada la corbata, su jornada ahora es simple. En eso pensó, cuando resbaló al suelo, en su intento por meter un gol, con que ganaría la partida. Hacía treinta años que no le pasaba esto. Jugar así, reírse así. Tirado, empolvado y con las manos extendidas, viendo al cielo, recuerda los caminos de su vida. Sonríe. Es feliz.

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A los oídos del juez Sabraw

05/08/2018 Opinión

Encaramado estaba sobre el copete de uno de los montes más altos del país, viendo aquella explosión natural de cimas y barrancos, cuando llegó el alcalde auxiliar a darme la noticia que no quería escuchar. La ruta hacia la aldea Suntelaj estaba tapada. Era época de lluvia. Un alud había caído sobre el camino de tierra; o el camino de tierra se había desplomado en un alud. No recuerdo cuál de las dos. “De que llegamos, llegamos”, insistía el chofer, con valentía coloquial, aunque no aseguraba nada sobre el regreso. El lodo era tanto, que seguramente nuestro todo-terreno quedaría atascado en alguna de las mil curvas que bordean los abismos. Sin hospedaje, gasolinera, o civilización a la vista, llegaba el momento de definir una solución. Decidí entonces acudir a las autoridades ancestrales locales. Afortunadamente, fue la mejor decisión que pude tomar.

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Aberraciones del voto en el extranjero

29/07/2018 Opinión

Nuestro primer intento por extender la elección presidencial hacia el extranjero, se está perfilando como un golpe a nuestra democracia; una vulneración del Estado hacia su población más pobre y abandonada; y gravemente, un retroceso en la forma como entendemos al país, la república y en sí, la participación ciudadana en un país plural. No preocupa solamente lo que dictan el Tribunal Supremo Electoral (TSE), la Cancillería, y demás instituciones de gobierno pertinentes. Faltan solo siete meses para que venza el plazo en que un migrante puede enrolarse en el padrón especial, y menos de un año para la elección general. Pero a ese pesar, aún no se escucha sensatez en las voces que hablan sobre este paso necesario, en nuestra nación transfronteriza. Burócratas decidiendo sobre población expulsada, sin conocer en campo sus numerosas comunidades. Y prominentes migrantes entusiastas, vociferando sobre ley y Estado, sin mostrar siquiera un esfuerzo por conocerles desde marcos más teóricos, o bajo la guía de quien posee experiencia tecnocrática. Muchos anticipan que Guatemala fracasará en los números de su primera votación en el extranjero —participantes versus costo del evento—. Pero previo a que el TSE reglamente esta nueva modalidad, se amenaza también algo más importante, dos pilares elementales de nuestra democracia: el principio de la universalidad del voto, y la pureza del proceso electoral.

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Tic toc, tic toc. Faltan cuatro días

22/07/2018 Opinión

El gobierno de Donald Trump está sudando. Le quedan cuatro días para reunir a todos los niños y menores que separó de sus padres con su plan migratorio llamado Tolerancia Cero, y así cumplir con el plazo impuesto por el juez federal Dana Sabraw, el 26 de junio pasado. En esa resolución, a Trump se le ordenó reunir a los menores de cinco años, antes del 10 de julio. Y al resto de menores, antes del 26 de julio. Es decir, que para este jueves próximo, se esperaría que todos los menores sean reunificados con sus padres. Este escenario ideal, difícilmente llegará a suceder en la realidad, y hay riesgo de que el gobierno estadounidense recurra a datos inexactos, para evadir futuros dictámenes desfavorables, por parte de la judicatura. Como contraparte principal del gobierno federal, actúa la American Civil Liberties Union (ACLU), que pone empeño en defender la causa de las familias migrantes en aquel país; pero que tendrá limitaciones a la hora de presentar argumentos sobre el espectro que proviene del otro lado de la frontera; desde Guatemala, Honduras y El Salvador, los principales países expulsores. ¿Quién desde aquí se ha acercado a proveer información al juez Sabraw? ¿O a la ACLU, para colaborar? No sé si alguien; ya sea de gobierno, o desde lo no gubernamental.

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¿Dónde está la mística, Minex?

15/07/2018 Opinión

Ser trabajador, en estos tiempos, del Ministerio de Relaciones Exteriores, pone a prueba la integridad de una persona. Disciplinado, y rígidamente jerarquizado, el “Minex” no es lugar idóneo para la libertad de expresión. A los diplomáticos, la ley les impone una carrera laboral. Ordenado en rangos, el escalafón hace recordar las categorías de una carrera militar. Comparando, mientras que en esta última, es largo el camino desde soldado hasta general de división, en la diplomacia vemos también que un principiante pasa cinco largos rangos intermedios para llegar de tercer secretario a embajador extraordinario y plenipotenciario. Las carreras de servicio traen bondades, y se busca replicarlas en la burocracia pública. Y en ministerios como el del Exterior, o la Defensa, el orden jerarquizado es especialmente necesario, pues ambos reflejan posición de Estado, que es y puede ser solo una. Por ello se comprende que los diplomáticos de carrera siguen su deber civil y obedecen las directrices que desde arriba les envían. Pero en la medida en que se desenvuelve el trágico momento que viven los más vulnerables, crece un clamor por ver acciones más patrióticas de quienes están dentro de la institucionalidad, que desafíen la perversidad que se impone contra los evidentes intereses de la Nación.

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Perder a un hijo para siempre

08/07/2018 Opinión

Miles de organizaciones humanitarias, académicas, religiosas, políticas, y personas individuales, en EE. UU. y el mundo, libraron una auténtica batalla campal, política y legal, en contra del estúpido, precipitado, desorganizado, salvaje y fallido plan del desalmado Trump, de separar a migrantes de sus hijos, tras cruzar la frontera sur. El resultado de la batalla fue una victoria, en el orden legal. A pesar de que Trump ya había retrocedido en su política de separaciones futuras, un juez federal le ordenó reunificar a todas las familias, fijándole para ello dos plazos: 10 días, para los menores de cinco años —que vence pasado mañana—; y 30 días para el resto de los niños —que vence el 26 de julio—. Esta resolución judicial está develando, no solo el grado de desorganización con que Trump llevó a cabo su draconiano plan, sino la negligencia con que Guatemala ha tratado la migración, y en especial, el seguimiento que debe dar a quienes retornan desde el norte.

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Tomo su palabra. Toco su puerta

24/06/2018 Opinión

Fue en diciembre pasado, más o menos, que el recién instalado viceministro Pablo García Sáenz, me invitó a intercambiar perspectivas, a su despacho en Cancillería. Sorpresivamente, la canciller Jovel apareció a la mitad de la reunión. En un gesto deferente, me dijo que llegaba a conocerme, y poner la disposición de la Cancillería para algún asunto que pudiera considerar de importancia. Muchos asuntos importantes han pasado desde entonces; pero llegó el momento en que tomaré la palabra de la canciller Jovel.

Familias unidas

17/06/2018 Opinión

Antes de que Donald Trump tomara el poder, ya la Casa Blanca usaba prácticas crueles, inhumanas e innecesarias, contra los migrantes capturados en su frontera sur. Tortura moderna, básicamente. Creyeron que con ella, disuadirían a los centroamericanos de ingresar a su país. Métodos que tal vez no mostraban la sanguinolencia de las prácticas que conocimos en los libros de historia —caballos tirando de las extremidades, gotas de agua perforando los cráneos—, pero que sin duda, buscaban también el mismo propósito infrahumano de la tortura: infligir, causar un dolor físico o mental semejante, con tal de obtener un fin contrario a la voluntad del torturado. Antes de Trump, ya el Departamento de Seguridad Interna sometía a los migrantes capturados a martirios repudiables. De lo que trascendió, les daban comida podrida; a veces, engusanada. Les trasladaban entre centros de detención, repetidas e indeterminables veces, para quebrantar el alma que desea libertad. Y bajaban el termostato en las prisiones, a niveles casi insoportables para el cuerpo humano. En imágenes, se ve a los jóvenes capturados enconchados, tirados en el piso, paralizados, tapándose apenas con una fina sábana de aluminio. No decían al capturado cuánto tiempo duraría el sufrimiento. ¿Una hora más? ¿Dos? ¿Un día más de frío? ¿Una semana? … ¿Aguantaré? El propósito era disuadir el próximo intento de cruzar la frontera. Cuando uno habla con los migrantes retornados, inevitablemente pierden la mirada al hablar de esos cuartos fríos, a los que infamemente llaman las “Hieleras”. Pero esa baja faceta de la especie humana, durante los años de Barack Obama, por lo menos decidió respetar a los niños, cuando estos eran capturados junto con alguno de sus padres. Les mantenía unidos.

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Nosotros y ellos, en la tierra insolidaria

10/06/2018 Opinión

Dejemos este día por un rato la hipocresía; la del chapín acomodado, que actúa odioso como ninguno. Hagamos el favor de brindar esta cortesía, aunque sea hoy, en este momento, ante la tragedia que vivimos. Señalemos la mentira, el embuste mal cayente, de que el nuestro es un país unido; de que “Guate” somos todos, y que en “Guate” somos uno. “Un pueblo solidario” –dicen- “que se une en la tragedia”. Vaya, vos, ¡Ve qué solidario el undécimo país más desigual del mundo! La nación que cada tanto recorre el mundo en las noticias, por las desgracias de sus mayorías. Ofrezco mis disculpas si arruino la fiesta a más de alguno; al chapín acomodado, que hoy celebra sus donativos ante la tragedia del volcán que hace ocho dejó a miles de pobres sepultados entre el campo. Abramos, mejor, paso a un reto, de poner a prueba esos cuentos que emboban a las generaciones. Que alivian de momento los complejos que habitan entre nosotros, el de culpa, cuando vemos las noticias; el de inferioridad, por no ser más que un pequeño país disfuncional. Disculpe usted si ofenden mis palabras. Pero resulta imposible entender nuestro país de otra manera. La tierra del “nosotros y ellos”. Ellos, los soterrados, los quemados, aplastados y perdidos. Y nosotros, los chapines acomodados, coadyuvando a su desgracia, con nuestro pobre, negligente, egoísta y apático rol político.

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Los símbolos de un Estado racista

03/06/2018 Opinión

Negros pañuelos envuelven la frente de los deudos, los dolientes, en San Juan Ostuncalco. Entre un océano de güipiles y colores que abarrotaron el gimnasio, la casa, el cementerio, y entero el pueblo maya, cinco cabezas dobladas hacia el suelo se distinguían entre las demás. Sus vistas inertes, perdidas; y de alguna forma, resignadas a su constante exposición al máximo dolor humano. Quizás papá, mamá y los abuelos hayan sido los únicos que llevaban —en esos pañuelos negros— el signo del luto; un signo que, en su cultura, corresponde solo al núcleo familiar inmediato. Pero es la comunidad entera quien los acuerpa y arropa. Un detalle que no es circunstancial, pues denota que el luto no es de una familia, únicamente. Murió en la frontera de Texas una hija del pueblo; la de uno, la de todos. El dolor no es particular, es comunitario. Así como también en otros momentos, los vecinos, como una enorme familia, se presentan en solidaridad. En las fiestas, en gozo; y hoy, en el llanto. Las voces de los videos estremecen al humano. Y aunque los gritos que ahí se escuchan transpiran empatía, el Estado guatemalteco, en toda su simbología, decreta una vez, para el pueblo maya, silencio y ausencia. Y el mensaje inequívoco de que en Guatemala se categoriza al humano según su fenotipo. Una etiqueta que condena el hecho de pertenecer a una cultura que es considerada inferior por los más blancos; una cultura que —prácticamente— es merecedora de este dolor mortal.

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Mire, Jimmy. Su nombre fue Claudia

27/05/2018 Opinión

Le escribo directamente, pues recuerdo sus palabras de candidato. Entonces, cuando usó la causa del migrante guatemalteco como punta de lanza. Estoy seguro de que conoce que este miércoles, Claudia Patricia Gómez, una patoja mam de 20 años de edad, originaria de San Juan Ostuncalco, fue ejecutada por un guardia fronterizo estadounidense; entre matorrales, a pocos metros de la frontera con México. Todo apunta a que su cuerpo tiene un balazo en la sien. De ella se conoce que huyó hace un par de semanas de este país; del Estado que hoy usted preside. Y el caso apunta a ser emblemático en la ardiente discusión filosófica que EE. UU. sostiene alrededor de la migración. Usted lo conoce. Que el hecho es de inmensa trascendencia para Guatemala, pues una parte importante de su población, invisible sin embargo, escapa de este territorio sofocador, hacia un país que de presidente tiene a un sujeto que instaló en el pensamiento de muchos, que la migración irregular es un crimen. Les hace pensar que quienes la buscan son delincuentes o “animales”, que ponen en riesgo su seguridad pública.

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Retomando agendas

06/05/2018 Opinión

Por ahí, en 2014, tuve una oportunidad de hacer un aporte personal al país; este aporte es modesto en tamaño, pero cuenta con la valía de la sinceridad. Verán que años de práctica profesional notarial en Guatemala, me llevaron de forma inopinada a chocarme con el abandono en que viven millones de migrantes guatemaltecos, principalmente en EE. UU. En ocasiones anteriores he comentado cómo buscándoles servir para ordenar legalmente sus propiedades en Guatemala —lo que era mi especialidad técnica—, me topé con que prácticamente la totalidad de los migrantes guatemaltecos, y en especial los indígenas, carecían de documentos mínimos de identidad. Allá, demasiada gente no tiene acceso a certificados de registro, cédulas, ni pasaportes, y el gobierno no les atiende. Esos documentos son necesarios para ejercer cualquier derecho o cumplir cualquier obligación legal, no digamos para ordenar sus propiedades a través de compraventas o testamentos. Este descubrimiento lo viví más o menos a partir de 2008, cuando recién empezaba a operar aquél desastroso Renap, corto en recursos, ineficiente en procedimientos, y oscuro en su operación, del que muchos fuimos víctimas. En los años siguientes, tuve oportunidad de ayudar a miles de personas a regularizar sus problemas ante esa institución; pero la verdad es que esa era una tarea de Estado. Cuando caí vencido en mi intento personal por suplir esa carencia nacional, nuevamente, de forma inopinada, recibí la oportunidad de hacer público este problema a través de medios de comunicación. De forma vertiginosa se me abrieron espacios, pues nadie –aparentemente— abordaba estas realidades con precisión.

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Conservadores en la orfandad

29/04/2018 Opinión

Me conversaba un querido amigo. Él, cristiano y empresario, bastante alicaído, confesaba hace unos meses que en términos políticos sentía un tremendo estado de orfandad. En ese momento, el hombre atravesaba una amarga resaca, igual que muchos otros, tras haber apoyado los primeros meses del gobierno actual; el de las moralejas, locas tropas y negras pitayas, con sus pasos equivocados, cada vez más evidenciados por la justicia y los medios de comunicación. Tan solo semanas antes de eso, previo a la elección presidencial, se escuchó que las élites, nuevamente consensuadas, habrían acordado una bendición electoral. Gremios empresariales, al igual que las iglesias, complacían a sus masas de conservadores que temían a la otra opción, porque la perfilaban con la izquierda. Suficiente, entonces, para apoyar y ungir óleos de santa gobernanza a quien prometió cumplirles sus llamados encantadores. En paráfrasis: “Gobernaré al país con principios bíblicos, puesto que la mayoría profesa esa religión”. Con alivio respiraron por un rato quienes profesan añorar los valores de la tradición, la religión y la buena costumbre. Pero da la impresión de que esa paz duró poco. Y que el apoyo pronto se convirtió en vergüenza, en la medida en que se desenvolvió el curso de este gobierno actual. Nuevamente oscuro, con graves señalamientos de alianzas indecorosas y de las prácticas del saqueo, al estilo más chusco que se podría imaginar. El conservadurismo guatemalteco, en su punto bajo.

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