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            <title>Diego Fonseca | Página 1 | Prensa Libre</title>
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	<title>Diego Fonseca | Página 1 | Prensa Libre</title>
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                        <title>La izquierda latinoamericana es de derecha</title>
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                                                <pubDate>Sun, 26 Sep 2021 06:00:23 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						Columnas Diarias</div>

						<div class="note-normal-container__author-variant-two special-style-normal-note-author">
							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
								<div class="columnista-individual-container reset-margin w-100 col-12">
									<img width="150" height="139" src="https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2020/06/EDT-DIEGO-FONSECA.png?quality=52&amp;w=150" class="avatar avatar-150 photo columnista-individual-container__photo special-img-author-note rounded-circle wp-post-image" alt="Diego Fonseca " decoding="async" srcset="https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2020/06/EDT-DIEGO-FONSECA.png 750w, https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2020/06/EDT-DIEGO-FONSECA.png?resize=150,139 150w" sizes="(max-width: 150px) 100vw, 150px" loading="lazy" />									<div class="columnista-individual-container__details">
										<h2 class="columnista-individual-container__author font-size-author-note special-border-none">Diego Fonseca</h2>
										<h3 class="columnista-individual-container__description">
																					</h3>
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						<div class="editorial-container__date" style="margin: 8px 0;font-family: &quot;Acto-Small-Light&quot;, Roboto !important;font-weight: 300 !important;font-size: 20px !important;line-height: 18px !important;color: #474747 !important;"><span class="posted-on"><time class="sart-time entry-date published updated" datetime="2021-09-26T00:00:23-06:00">26 de septiembre de 2021</time></span></div>]]></dc:creator>
                                                <category><![CDATA[Columnas Diarias]]></category>
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                                                    <description><![CDATA[La amplia mayoría de la izquierda jamás se preparó para gobernar, apenas para llegar al poder.]]></description>
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                        Hace días me preguntaba por qué tiene tan baja calidad el debate público de nuestra progresía izquierdista.                    </h3>
                                <h4 class="note-normal-container__quote-version-two-author mt-0 mb-3">
                    <span>Diego Fonseca</span>
                </h4>
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<p class="Normal tm5 tm6">El rechazo unánime del mundo a la persecución de Ramírez simboliza la derrota moral de la izquierda latinoamericana así como el resurgimiento de la sociedad civil argentina es una cachetada política a uno de los proyectos más agresivos de la llamada “marea rosada” regional.</p>
<p class="Normal tm5 tm6">El siglo XX y las dos décadas del actual han dado suficiente evidencia: salvo excepciones, la izquierda latinoamericana no ha sido democrática sino autoritaria. La amplia mayoría de la izquierda jamás se preparó para gobernar, apenas para llegar al poder. No ha generado propuestas de crecimiento, solo de redistribución de la pobreza. No piensa el futuro desde el presente, vive pertrechada en un pasado rancio, encerrada en dogmas desde los que pontifica con superioridad moral.</p>
<p class="Normal tm5 tm6">Este es el elefante en la habitación del que no hablamos: la izquierda latinoamericana es de derecha. Cuando debió demostrar de qué estaba hecha, en los primeros veinte años del siglo XXI, mientras gobernaba buena parte de la región, probó que gusta de los gobiernos fuertes, descree de los acuerdos y no tiene imaginación cuando se queda sin dinero.</p>
<p class="Normal tm5 tm6">El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, dio el último ejemplo del amor de la izquierda por el autoritarismo de cuates: recibió con honores a dos autócratas —Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel— y les regaló aplausos y elogios. La crisis pandémica, por otro lado, nos recordó la ineptitud administrativa de la “marea rosada”: América Latina se benefició de los buenos precios de las materias primas durante la primera década del siglo, pero la izquierda, que gobernaba en buena parte de sus países, jamás previó cómo administrar las expectativas sociales cuando el ciclo se acabara.</p>
<p class="Normal tm5 tm6">El resultado: países más pobres y con culturas políticas menos democráticas.  A mí me enseñaron que la izquierda representaba la cúspide de los valores humanistas e intelectuales. Solidaridad, inclusión, equidad. Creatividad e inteligencia. Honestidad. Defensa de la democracia igualitaria. Diálogo. Vocación por el cambio.</p>
<p class="Normal tm5 tm6">Pero en su mayoría, la izquierda latinoamericana ha estado lejos de esas ideas. Vive en conflicto con la novedad y le gustan los juegos de suma cero, así que mientras incluye a unos, excluye a los demás. Una pena. La izquierda latinoamericana, de tan vieja y machista, acabó apenas algo menos esclerótica y prostática que la derecha. Milita en el atraso: moral de los años cuarenta, cosmovisión de la Guerra Fría de los cincuenta y —siendo bondadoso— manual económico de los sesenta. Jamás ajustó su prisma político más allá de los setenta, está tan perdida como los años ochenta y es depresiva y oscura como los noventa. Finalmente, entró a un siglo de transformaciones veloces asustada, así que se refugió en el dogma. Como no quiere reconocer que debe diseñar el futuro reformando al capitalismo, decidió que mejor toma el poder y vive de las rentas del Estado.</p>
<p class="Normal tm5 tm6">Hace días me preguntaba por qué tiene tan baja calidad el debate público de nuestra progresía izquierdista. Como fui parte de ella alguna vez, me costó admitir que aquel amor fue autoengaño: la izquierda latinoamericana es intelectualmente mediocre y políticamente infantil. Jamás procesó la victoria del neoliberalismo —no como modelo económico sino como construcción cultural que baña las decisiones de las personas— y desde allí falla en todo, del diagnóstico a la planificación y ejecución.</p>
<p class="Normal tm5 tm6">Una región tan desigual como la nuestra necesita una nueva izquierda. Y ser realmente de izquierda hoy, pienso, es asumirnos socialdemócratas. No es casualidad que los proyectos más serios de la izquierda sean moderados: la Concertación chilena, Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, los uruguayos Pepe Mujica y Tabaré Vázquez. Todos abrazaron el gradualismo, entendieron que la inversión social debe ser responsable y, a diferencia de sus desaforados camaradas, aprendieron a convivir con el capital. En Brasil y Chile, por ejemplo, sus líderes comprendieron que fomentar la internacionalización reduce el peso político local de las empresas —pues dependen menos del mercado interno— y ayuda a la competitividad global del país: ninguna economía crece excluyéndose de un mundo interrelacionado.</p>
<p class="Normal tm5 tm6">Pero en una abrumadora mayoría de los casos, la izquierda latinoamericana piensa y actúa mal. No acuerda, impone. No dialoga, arenga. No da la mano, sube el dedito. Cuando debe negociar, fractura. En vez de proponer, solo se opone.</p>
<p class="Normal tm5 tm6">Las sociedades más estables —y justas— son consensuales, no cultoras del conflicto. Cuando la izquierda derechista se acabe, el ostracismo será el destino de los vulgares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="tm5 tm6">c. 2021 The New York Times Company</p>
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                        <title>El desastre del líder intuitivo</title>
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                                                <pubDate>Sat, 13 Jun 2020 06:01:07 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						Columnas Diarias</div>

						<div class="note-normal-container__author-variant-two special-style-normal-note-author">
							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
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									<img width="150" height="139" src="https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2020/06/EDT-DIEGO-FONSECA.png?quality=52&amp;w=150" class="avatar avatar-150 photo columnista-individual-container__photo special-img-author-note rounded-circle wp-post-image" alt="Diego Fonseca " decoding="async" srcset="https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2020/06/EDT-DIEGO-FONSECA.png 750w, https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2020/06/EDT-DIEGO-FONSECA.png?resize=150,139 150w" sizes="(max-width: 150px) 100vw, 150px" loading="lazy" />									<div class="columnista-individual-container__details">
										<h2 class="columnista-individual-container__author font-size-author-note special-border-none">Diego Fonseca</h2>
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						<div class="editorial-container__date" style="margin: 8px 0;font-family: &quot;Acto-Small-Light&quot;, Roboto !important;font-weight: 300 !important;font-size: 20px !important;line-height: 18px !important;color: #474747 !important;"><span class="posted-on"><time class="sart-time entry-date published updated" datetime="2020-06-13T00:01:07-06:00">13 de junio de 2020</time></span></div>]]></dc:creator>
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                        La crisis del coronavirus ha dejado en los huesos a los reyes desnudos.                    </h3>
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                    <span>Diego Fonseca</span>
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<p>Ahora miren a gobiernos donde pavonea la pose de gran jefazo. Mientras en Corea del Sur y Nueva Zelanda se impusieron confinamientos inmediatos e instrumentaron decenas de miles de pruebas, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, (aún) menosprecia la crisis, pierde a dos ministros de Salud y convierte al país en una fosa abierta. Noruega, Dinamarca y Finlandia, que suman juntas menos de 1,200 muertes, aplican protocolos claros que siguen sus jefes de Estado, pero en Estados Unidos, donde han muerto casi 113 mil personas, no logran que Donald Trump deje de soltar cuanto pase por su cabeza de virólogo informal. Y mientras en varios gobiernos hay científicos en posiciones prominentes o se entienden con ellos —Ángela Merkel es doctora en Química; el vicepresidente de Taiwán, epidemiólogo—, en México el científico a cargo de las respuestas públicas a la crisis observa cómo el presidente Andrés Manuel López Obrador hace lo que quiere y reabre el país sin haber aplanado la curva de infecciones.</p>
<p>La línea que divide las aguas: los países que respondieron con una inmediata y sólida estrategia sanitaria y científica libran la crisis mejor que aquellos donde dominó la intuición.</p>
<p>No se trata de crear una sofocracia, sino de usar el sentido común. Ante una crisis, el liderazgo político debe ceder protagonismo al conocimiento especializado. Los presidentes van a la guerra que diseñan sus generales y dirigen economías que no crean. Por lo mismo, no tratas una pandemia sin científicos al frente.</p>
<p>Con todo, aunque la sapiencia técnica concede capacidad para entender mejor un fenómeno, no garantiza resultados. La mayor parte de las naciones ha optado por un mix variable de asesoría técnica y liderazgo político. Por supuesto, algunos países y regiones fallaron, pero el fracaso ha sido desmoralizador donde la gestión del Estado giró alrededor de la improvisación y el desdén. La confianza en Trump cae a cinco meses de las elecciones presidenciales, la aprobación de Bolsonaro se ha desplomado desde enero y casi el 70% de los mexicanos cree que las giras proselitistas de AMLO son riesgosas.</p>
<p>Ya no tenemos estadistas, especie en extinción. Tal vez esto nos indique que nuestros políticos no parecen preparados para la complejidad del siglo XXI. Trump promete aislacionismo y nativismo en una época de intercambios culturales y económicos globales. Bolsonaro hunde a Brasil en las miasmas del fascismo. Y López Obrador: besos y mítines multitudinarios durante la pandemia y, como corolario, pone y quita recortes presupuestarios brutales en centros educativos y de investigación en plena crisis.</p>
<p>Necesitamos dirigentes preparados para hallar soluciones dialogadas en un mundo que experimentará crisis profundas. Líderes capaces de re-unir a la sociedad, no incendiarios ni bravucones. Las naciones sin un liderazgo informado la pasan peor que aquellas donde sus dirigentes entienden que un gobierno es una administración de recursos.</p>
<p>Un presidente es un símbolo. Cuando Trump, Bolsonaro o AMLO ignoran el consejo profesional y se exhiben sin tapabocas, estrechan manos y reparten abrazos sugieren que están por encima de la inteligencia médica. Presidentes con mensajes contradictorios banalizan el trabajo de médicos, enfermeros y científicos. Minimizan la gravedad de la crisis y vandalizan el esfuerzo de las personas confinadas.</p>
<p>Desear la atención permanente expone la fragilidad de esos gobernantes. ¿Cómo convivimos con esos hombres —sobre todo eso: hombres— que se precipitan cuando deben proyectar calma? ¿Cómo, cuando fueron elegidos para guiar en la penumbra de la incertidumbre y confunden los caminos? ¿Cómo, si vemos que sus capacidades son inadecuadas?</p>
<p>El gobierno de la ignorancia parece estar sostenido por una fe desmedida en la intuición del político profesional y un menoscabo del conocimiento técnico. La crisis del coronavirus ha dejado en los huesos a los reyes desnudos.</p>
<p>Un líder —señor Bolsonaro, señor Daniel Ortega, señor AMLO y más— tiene la inteligencia de construir equipos. El éxito de esos equipos barniza su gobierno. Un líder no es unificador de masas de nueve a 12 y epidemiólogo improvisado por la tarde-noche. Se prepara para gobernar, o el desgobierno le cae encima.</p>
<p>Podemos votarlos una vez, pero si con las evidencias los reelegimos, no hay excusa: la bola recae sobre nosotros. Hemos sido incapaces de empoderar o crear alternativas mejores. Es el problema de la deserción social de la cosa pública: se postulan quienes desean el poder y eso a menudo nos deja solo con la opción del mal menor. Y esa es una salida degradante, porque supone que somos capaces de tolerar y aceptar que baje otra vez el umbral de calidad.</p>
<p>¿Hay solución? Hay ensayos. Es probable que en Occidente estemos en presencia de la peor camada de gobernantes de los últimos 40 años a la par que celebramos una reducida pero interesante experiencia de mujeres que lideran países. No sé si es asunto de género o un reflejo de sociedades más equitativas, pero parece evidente que se puede gestionar una crisis con inteligencia y sin megalomanía. Líderes que unen son infinitamente mejores que hombres que gustan dar golpes de mano sobre la mesa porque así actúa un jefazo. Razón versus intuición. No parece tan difícil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Diego Fonseca es colaborador regular de The New York Times y director del Institute for Socratic Dialogue de Barcelona. Voyeur, su nuevo libro de perfiles, se publicará en agosto en España.</p>
<div class="gsp_post_data" data-post_type="post" data-cat="columnasdiarias" data-modified="120" data-title="El desastre del líder intuitivo" data-home="https://www.prensalibre.com"></div>]]></content:encoded>
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