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            <title>MIGUEL ÁNGEL DEL POZO | Página 1 | Prensa Libre</title>
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	<title>MIGUEL ÁNGEL DEL POZO | Página 1 | Prensa Libre</title>
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                        <title>Roberto Baggio y el recuerdo del fatídico penalti en el Mundial de 1994</title>
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                                                <pubDate>Mon, 05 May 2014 16:18:00 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						Revista TodoDeportes</div>

						<div class="note-normal-container__author-variant-two special-style-normal-note-author">
							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
								<div class="columnista-individual-container reset-margin w-100 col-12">
									<img alt='MIGUEL ÁNGEL DEL POZO' src='https://secure.gravatar.com/avatar/?s=150&#038;d=mm&#038;r=r' srcset='https://secure.gravatar.com/avatar/?s=300&#038;d=mm&#038;r=r 2x' class='avatar avatar-150 photo avatar-default columnista-individual-container__photo special-img-author-note rounded-circle' height='150' width='150' decoding='async'/>									<div class="columnista-individual-container__details">
										<h2 class="columnista-individual-container__author font-size-author-note special-border-none">MIGUEL ÁNGEL DEL POZO</h2>
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						<div class="editorial-container__date" style="margin: 8px 0;font-family: &quot;Acto-Small-Light&quot;, Roboto !important;font-weight: 300 !important;font-size: 20px !important;line-height: 18px !important;color: #474747 !important;"><span class="posted-on"><time class="sart-time entry-date published updated" datetime="2014-05-05T10:18:00-06:00">5 de mayo de 2014</time></span></div>]]></dc:creator>
                                                <category><![CDATA[Revista TodoDeportes]]></category>
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                                                    <description><![CDATA[Taffarel se arrodilla y señala al cielo. La selección de Romario, Bebeto, Mauro  Silva, Ronaldo, Cafú y compañía corren a abrazar al guardameta. Roberto Baggio,  inmóvil, cabizbajo en el punto de penalti, brazos en jarra, se lamenta.]]></description>
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<p><strong>Ídolo de Vicenza</strong></p>
<p>Nadie podía imaginar en Caldogno, pequeña  localidad de la provincia de Vicenza, al norte de Italia, donde nació Roby el 18  de febrero de 1967, que el sexto hijo de Fiorindo y Matilde &mdash;luego vendrían dos  más&mdash; se iba a convertir en uno de los futbolistas más elegantes que ha dado el  futbol italiano. El padre, un fanático del ciclismo, intentó inculcar en el  joven Roberto la pasión por la bicicleta. Por suerte para los futboleros, y  quizá para desgracia de los ciclistas, Il Divino escogió la pelota. Y es posible  que Fiorindo lo supiera antes que nadie, porque al igual que puso de nombre a su  séptimo hijo Eddy, en honor de Merckx, llamó Roberto a Baggio, por dos de sus  ídolos futbolísticos: Roberto Bosinsegna y Roberto Bettega, quienes jugaron en  Inter y Juve, respectivamente, como también haría años más tarde Baggio.
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</p>
<p>Siendo un pequeño crío, sus exhibiciones con el equipo del pueblo pronto  llamaron la atención de los ojeadores de equipos mayores. Exhibición tras  exhibición llegó a debutar en la Serie C &mdash;Segunda B&mdash; en la temporada 1982-1983,  con 16 años, con el Vicenza. Las lesiones lastraron sus primeros pasos &mdash;y la  mayoría de su carrera&mdash; por el futbol profesional. En su primera temporada sólo  pudo jugar un partido, que fueron seis en la segunda. Y como a la tercera va la  vencida, en la temporada 1984-1985 se hizo indispensable para que el Vicenza  ascendiera a la Serie B: Roby aportó 12 tantos en 29 partidos. Como le sucedió  en Caldogno, su toque, su regate y su magia le abrieron las puertas de los  grandes de Italia.
</p>
</p>
<p>Y así se marchó a la Fiorentina en la temporada  1985-1986. Sampdoria y Juventus, donde más tarde jugaría, también habían puesto  sus ojos en la emergente estrella. Precisamente en su último partido con el  Vicenza, ya con el contrato firmado con los viola, se destrozó la rodilla. La  Fiorentina respetó lo firmado y decidió esperarlo unos 18 meses. En ese tiempo,  Baggio se marchó a Francia a operarse, lo que le hizo perderse la primera  temporada en la Serie A. Una lesión que lo marcó para el resto de su carrera y  de su vida, como él mismo reconocería: &#8220;Después de aquello jugué toda mi vida  con una pierna y media&#8221;. Y en el plano privado aquello también le dejó huella:  se convirtió al budismo para buscar su paz espiritual. Superada la operación,  debutó en la primera italiana en la temporada 1986-1987, contra la Sampdoria, y  marcó su primer gol en San Paolo, Nápoles, la casa de Maradona, quien ese año se  llevaría el Scudetto. Un gol de falta en La Guarida y ante los ojos del mejor  jugador de todos los tiempos. La Fiore terminó aquel año en décima posición.
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</p>
<p>En la campaña 1987-1988 se consolidó en el equipo, disputó 27 partidos y  marcó seis goles. Pero son en las dos siguientes temporadas cuando Baggio  maravilló al férreo, táctico y cerrado Calcio, considerado por aquellos tiempos  la mejor liga del mundo. En el curso 1989 Il Codino marcó 15 goles y en 1990, 17  &mdash;uno en San Paolo ante el Nápoles, emulando al de Maradona contra Inglaterra en  1986&mdash;: cerca de los 22 de Aldo Serena y los 19 de Marco Van Basten. En la  antigua Copa de la Uefa, Baggio guió a la Fiorentina a la final. Perdieron  contra la Juventus, equipo que ya tenía sus derechos para la próxima  temporada.
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</p>
<p>Justo el día después de perder la Uefa, los medios anunciaron el  fichaje de Roberto Baggio por la Juventus. &#8220;Yo no me he ido de la Fiorentina.  Pontello &mdash;máximo dirigente viola&mdash; y Agnielli tenían firmado ya un contrato y me  han forzado a aceptarlo&#8221;, dijo Baggio al respecto. Minutos después del anuncio,  la sede de la Fiorentina se llenó de tifosis protestando por la transacción.  Hubo incidentes, arrestos y heridos durante los tres días de trifulcas, en los  que Roberto Baggio defendió su amor por los colores de la Fiorentina. Y a Il  Divino Codino todo este asunto le vino encima a pocos días de que diera comienzo  el Mundial de Italia 1990, el de casa.
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</p>
<p>En el Campeonato del Mundo de 1990  Baggio no debutó hasta el tercer partido de la fase de grupos, con Italia ya  clasificada. Azeglio Vicini, seleccionador nacional, decidió sentar a su pareja  titular &mdash;Vialli y Carnevale&mdash; para dejar paso a Salvatore Totó Schillaci, que  había salvado a los azzurris frente a Austria en el partido inaugural &mdash;gol en el  79&#8217;&mdash;, y a Baggio, al que la Prensa y aficionados reclamaban. En aquel partido,  ante Checoslovaquia, Baggio dejó el mejor gol de todo el campeonato, y uno de  los mejores de toda la historia de los mundiales. Recibió en el centro del campo  y bailando con la pelota fue dejando checos por el camino hasta estrenar su  cuenta en un Mundial. En octavos espera Uruguay, y Baggio ya es titular. Italia  ganó por 2-0 y avanzó hasta Irlanda, a la que venció con un solitario gol de  Schillaci. Para el partido de semifinales ante la Argentina de Maradona en el  San Paolo, Vicini volvió a dejar a Roberto Baggio en el banco. Entró en el  minuto 73 con la misión de desatascar un partido que marchaba 1-1 y apuntaba a  la prórroga. En los escasos minutos que estuvo sobre el caliente césped de San  Paolo obligó a Goycoechea a emplearse a fondo. Y Baggio se cruzó por primera vez  con los penaltis en un Mundial. Roby, segundo pateador, anotó el suyo, pero los  fallos de Donadoni y Serena condenaron a Italia a disputar el tercer y cuarto  puesto ante Inglaterra. Baggio y Schillaci marcaron los dos goles que dieron el  bronce a Italia.
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<p>A la vuelta del Mundial, Baggio se integra en las filas de  la Juventus, hereda el 10 de Platini &mdash;&#8221;No es un 10 puro, pero tampoco es un 9.  Simplemente es grandísimo&#8221;, dijo de él el hoy presidente de la Uefa&mdash; y causa  cierto recelo entre los aficionados turinenses, quienes no terminaban de  comprender el amor y fidelidad de Baggio a la Fiorentina, aquel club que le dio  la oportunidad de debutar y que lo esperó después de su grave lesión de rodilla.  Incluso los tifosis de la Juventus llegaron a sacar pancartas en contra de él  con un mensaje claro: &#8220;Torna a Firenze&#8221;.
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<p>Una fidelidad que no era solo de  palabra: en su primer enfrentamiento ante su exequipo, Roby se negó a lanzar un  penalti, y cuando se retiró a los vestuarios, recogió una bufanda de la  Fiorentina que alguien lanzó desde la grada. La besó y se la llevó con él. &#8220;En  la Fiore saben muy bien cómo tiro los penaltis&#8221;, se justificó Baggio tras el  incidente, que provocó que un diario italiano titulase al día siguiente: &#8220;En  Florencia Baggio era de Florencia. En Turín no es de nadie&#8221;. Y quizá razón no le  faltase a ese titular, porque Baggio argumentó: &#8220;En mi corazón siempre seré de  la Fiorentina&#8221;. Finalmente Roberto Baggio conquistó a los aficionados  juventinos: en 1993 ganó la Copa de la Uefa y fue nombrado balón de oro, además  de ser el Jugador del año para la Fifa.</p>
<p><strong>El fatídico  penalti</strong></p>
<p>Con esas credenciales se presentó Baggio al Mundial de EE. UU.,  el del fatídico penalti en la final contra Brasil. Sacchi, seleccionador  italiano, le dio galones: &#8220;Roberto, tú para mí eres indispensable, como Maradona  para Argentina&#8221;, le dijo. Y los galones le duraron a la coleta divina  exactamente 111 minutos: los que transcurrieron entre el primer partido que  Italia perdió ante Irlanda (0-1) y los 21 que tardó en ser expulsado el portero  italiano Pagliuca en el segundo partido del grupo E, ante Noruega. Los azzurri  se jugaban casi todas sus opciones en aquel encuentro del Giants Stadium (NY). Y  cuando Pagliuca vio la tarjeta roja, a Sacchi se le ocurrió que lo mejor era  quitar a Roberto Baggio para dar entrada a Marchegiani, portero suplente. La  Italia aficionada y la Italia periodística clamó contra aquel cambio, como Roby,  que mientras enfilaba el vestuario, le hacía gestos al seleccionador como  queriéndole decir que no estaba bien de la cabeza. Finalmente Italia se impuso  con un solitario gol de Dino Baggio &mdash;sin parentesco alguno con Roberto&mdash;. Y un  empate contra México en la tercera jornada le valió a Italia clasificarse a  octavos, como uno de los mejores terceros.
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<p>Y allí esperaba Nigeria, que  dominó un grupo en el que figuraban Argentina, Bulgaria y Grecia. Era la Nigeria  de Yekini, Amunike, Amokachi, Oliseh, Finidi y Adepoju, futbolistas que se  habían labrado un nombre y un respeto en el futbol mundial. Las Águilas Verdes,  gracias a Amunike, se adelantaron en el 25&#8242;. Italia y Sacchi lo intentaron, pero  el partido no avanzaba. Zola entró por Signori en el 63 para intentar deshacer  el entuerto. Pero en el 75 fue expulsado. El mundo estaba pendiente de aquella  gesta del futbol africano, que llegó hasta el minuto 88. Más o menos hasta  cuando Baggio quiso. Italia, a la desesperada, lo intentaba y en esas le llegó  desde la derecha un balón al 10 italiano, unos metros detrás del punto de  penalti. Remató al primer toque, al palo izquierdo de Rufai. Un toque sutil con  el que comenzaba la leyenda goleadora de Il Divino en Estados Unidos. Con el  partido en la prórroga, una torpeza de la defensa nigeriana acabó en penalti que  Baggio transformó. Italia, con uno menos, pero con Baggio, pasaba a  cuartos.
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<p>Contra España la cosa fue de Baggios. El otro abrió el marcador y  empató Caminero en el 58&#8242;. España dominaba &mdash;con penalti de Tassotti a Luis  Enrique incluido&mdash; e Italia reculaba. O aguardaba su momento. Al igual que  Baggio. Con 1-1 y en los instantes finales del partido, Julio Salinas tuvo un  mano a mano con Pagliuca, y Roberto Baggio otro ante Zubizarreta. Resultado:  España a casa y Baggio, a seguir deslumbrando en semifinales, ante  Bulgaria.
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</p>
<p>El equipo revelación del torneo, que había sonrojado a Alemania  &mdash;defensores del título&mdash;, encabezado por Stoichkov, medía a Italia y el liderazgo  de Il Codino. Y Baggio, dispuesto a no llevar a un ataque de nervios a los  tifosis como ante Nigeria y España, sentenció con un doblete &mdash;20&#8242; y 25&#8217;&mdash; y  sellaba el billete para el Rose Bowl, de Los Angeles, para disputar la final  ante Brasil.
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<p>Fue una final sosa, aburrida para el espectador, táctica,  maniatada. Y como tal, se decidió en la tanda de penaltis. &#8220;En mi carrera había  fallado algunos penaltis, pero porque los detuvo el portero, no porque yo los  lanzara fuera&#8221;, dijo tiempo después Roberto Baggio sobre aquel lanzamiento.  Concretamente, en su carrera lanzó 79 penaltis y anotó 71. Cuentan que incluso  su guía espiritual le dijo antes del inicio del Mundial: &#8220;Este campeonato lo  ganarás o lo perderás en el último minuto&#8221;. Y lo fue ganando en el último minuto  y lo tuvo en sus manos &mdash;pie derecho&mdash; hasta el último instante de la final, donde  lo perdió. El resultado: el conocido por todos. El estigma que siempre  acompañará a Roberto Baggio. El penalti que siempre lo perseguirá.</p>
<p><strong>Se  levanta</strong></p>
<p>Pero Baggio no se rindió. En 1995 logró liga y copa con la  Juventus, en la que empezó a despuntar un joven llamado Alessandro Del Piero. Al  finalizar aquella temporada se marchó al AC Milán. Permaneció dos años y logró  otra liga. Fichó por el Bolonia en la temporada previa al Mundial de Francia de  1998 con el objetivo de jugarlo. Lleva tiempo fuera de la selección y su lucha  contra Del Piero, su sucesor en la Juve, por el puesto de titular en la azzurra  es asombrosa: resurge y anota 22 goles &mdash;su récord&mdash; por los 21 del juventino.  Cesare Maldini lo incluyó en la lista para el Mundial. Baggio comenzó de titular  y en el partido inaugural frente a Chile marcó y salvó con su gol a Italia: 2-2.  Volvió a marcar en la victoria ante Austria (2-1), y otra vez en los instantes  finales del partido para dar la tranquilidad a Cesare Maldini (Austria haría su  gol en el minuto final del partido, ya con 2-0).
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</p>
<p>Italia se clasificó para  octavos, donde derrotó a Noruega (1-0) y se las vio con la anfitriona y a la  postre campeona, Francia, en cuartos. El partido acabó 0-0 y en la prórroga  Baggio tuvo la oportunidad de marcar, pero su volea se marchó muy cruzada, quién  sabe si porque el destino quería ponerlo de nuevo, como en Italia 1990 y EE. UU.  1994, frente a una nueva tanda de penaltis. En esta ocasión Baggio fue el  primero de su equipo en lanzar. Adentro. Pero Italia perdió. En los penaltis.  Como en 1990. Y como en 1994. Il Codino tuvo protagonismo en las tres muertes  súbitas. Lanzó en las tres. Y perdió las tres. Marcó dos y falló uno. El que no  tenía que fallar. El que lo perseguirá siempre.<br />
Tras el Mundial de Francia  fichó por el Inter, club en el que estuvo dos temporadas. Las lesiones marcaron,  una vez más, su paso por los neroazzurris. No fue llamado para la Eurocopa del  2000 y ese inicio de curso decidió fichar por el Brescia. Pasará allí, junto a  Guardiola y Pirlo, entre otros, los últimos cuatro años de su carrera  profesional. Aspiraba a disputar el Mundial de Corea y Japón. Una lesión en la  rodilla, la izquierda esta vez, lo privó de la llamada de Trapattoni. Pero no lo  privó de que el club retirara para siempre la zamarra con el dorsal 10.
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</p>
<p>Su  último partido con la selección lo jugó el 28 de abril del 2004, un partido  homenaje contra España (1-1). Fue una fiesta por y para él. La Gazzetta dello  Sport tituló: &#8220;Has sido mito. Has sido Baggio&#8221;. A pesar del tributo que le  brindó el futbol italiano, él no olvida: &#8220;Aquel penalti lo he tirado de todas  las formas, en sueños, en el pasillo de casa&#x85; Y siempre lo he marcado. Fue el  momento más duro de mi carrera y si pudiera borrar un momento de mi vida sería  ese&#8221;. El momento del que los aficionados nunca se olvidarán: el penalti que lo  perseguirá toda su vida.</p>
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