Comunitario

Comunidades rurales de Guatemala ya resienten los efectos de la crisis económica en EE. UU.

Ese país reporta la pérdida de 20.5 millones de empleos solo en abril, lo cual aumentó la tasa de desempleo a 14.7%, la más alta desde que se tienen registros oficiales.

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Carmen Hernández y sus hijas de 6 y 7 años viven en una aldea de Cantel, Quetzaltenango, donde cientos han migrado a EE. UU. y ahora han dejado de enviar dinero por la crisis económica que causó el coronavirus. (Foto Prensa Libre: María José Longo)

Carmen Hernández y sus hijas de 6 y 7 años viven en una aldea de Cantel, Quetzaltenango, donde cientos han migrado a EE. UU. y ahora han dejado de enviar dinero por la crisis económica que causó el coronavirus. (Foto Prensa Libre: María José Longo)

Fermina Pérez vive en la aldea Xatinap Primero, Santa Cruz del Quiché, a principios de año todo parecía normal. Su hijo que vive en Los Ángeles, California, le enviaba cada cierto tiempo dinero para mantenerla, pero a raíz de la crisis económica causada por la pandemia del coronavirus desde hace más de un mes que ya no recibe nada.

La de Fermina es una de las miles de familias que se han visto golpeadas por la disminución del envío de remesas familiares. En abril estas se desplomaron un 17.24% respecto a enero y un 20% en relación con abril del año pasado.

De hecho, los ingresos de divisas por este concepto vienen en caída desde inicios del 2020.

“Según me dijo mi hijo ya no tiene trabajo y ya no puede mandarme dinero. Ha buscado, pero por la emergencia no ha encontrado, ahora no tiene ni para comer mucho menos para mandarme”, dice Fermina, quien ahora piensa sobrevivir con “un poco maíz que había comprado y unas gallinas”, hasta que de nuevo le envíen más remesas.

El hijo de esta mujer es uno de los millones de desempleados que ha dejado la pandemia del coronavirus, que tan solo en abril hizo perder a las empresas más de 20.5 millones de puestos de empleo una de las cifras más altas desde que se tienen registros en aquel país.

Cerca de la mitad de los pobladores de Xatinap Primero vive de las remesas familiares, afirman líderes comunitarios. Pero desde que la emergencia sanitaria se agudizó en el mundo casi ninguna familia ha recibido recursos.

Fermina Pérez vive en al aldea Xatinap Primero, Santa Cruz del Quiché, afirma que desde hace un mes que su hijo no le envía dinero desde EE. UU. (Foto Prensa Libre: Héctor Cordero)

 

“Algunos guardaron dinero y de esto están sobreviviendo. Otros tenían construcciones de casas, pero tuvieron que parar porque dependían del dinero que les mandaban”, asegura Encarnación Zapeta, presidente del Consejo Comunitario de Desarrollo de la localidad.

País de migrantes

 

La migración desde Guatemala se ha incrementado desde hace años al punto que, hasta antes de la pandemia, se calculaba que tres millones de connacionales radicaban en EE. UU., mientras que de acuerdo con la Oficina Nacional del Censo de ese país, los guatemaltecos integran la quinta población de hispanos más grande en la Unión Americana.

Para tener una idea de la importancia que representan los migrantes y las remesas para la economía de Guatemala, tan solo en el 2019 se recibieron más de Q80 mil millones, una cifra muy cercana al total del presupuesto nacional de ingresos y egresos de ese año que fue de Q87 mil millones.

Proyectos en pausa

En Cantel, Quetzaltenango, prácticamente todas las familias tienen un familiar que vive en EE. UU. lo que significa que muchos de ellos han dejado de percibir remesas. Líderes comunitarios estiman que en cada aldea hay un mínimo de 300 personas que migraron a Estados Unidos.

Carmen Hernández, residente de Pasac I, en ese municipio, es madre de dos hijas, su esposo es migrante y también tiene primos, cuñadas, sobrinos y sobrinas que viven en EE. UU. Relata que tuvo que detener la construcción de su casa a causa de la crisis por el coronavirus ya que las horas de trabajo de su esposo disminuyeron y en consecuencia el dinero que ella recibía.

Las construcciones de dos niveles que se observa en Xatinap Primero son producto de las remesas familiares. (Foto Prensa Libre: Héctor Cordero)

 

También deben pagar las cuotas de un préstamo que obtuvieron en una cooperativa y que les sirvió para comenzar el negocio de una lavandería. Además, una de sus niñas padece rinitis aguda y necesita atención médica que por el momento no pueden brindarle los servicios de salud pública.

Previo a la crisis sanitaria por el covid-19, Carmen recibía de Q10 mil a Q20 mil mensuales en remesas, pero ahora bajaron a Q4 mil.

Carmen señala que la disminución de los recursos que recibe repercutió en los albañiles que trabajaban en la construcción de su vivienda. “No puedo decirles que voy a pagarles en dos meses mientras junto -el dinero-, no es posible porque ellos viven del día a día, pero tampoco puedo decirles ‘trabajen’ si no hay materiales”, expuso.

Se espera una explosión social

 

Analistas consultados creen que a partir de la caída de las remesas será cuestión de tiempo para que estalle la crisis social que ya existe en los territorios rurales, altamente dependientes de las remesas, debido a que la disminución de estas aumentará la pobreza y pobreza extrema.

“El impacto que tendrá en los territorios rurales -la disminución de las remesas- será dramático”, apunta el especialista en desarrollo rural, Adrián Zapata, quien explica que en estas áreas el poco progreso que existe es por el dinero que envían los migrantes desde EE. UU.

Para el también excatedrático universitario, la respuesta del Estado ante la crisis por el coronavirus también debe estar enfocada en atender a los pequeños agricultores “que son la mayoría del país”, puesto que 800 mil hogares dependen de la agricultura familiar y no ve que exista algún plan para respaldarlos.

El Ministerio de Agricultura, apunta Zapata, tendría que apoyar fuertemente a estas familias para garantizar la productividad y su seguridad alimentaria, y de paso que sean capaces de producir excedentes que puedan comercializar y así disminuir el impacto que tendrá la disminución de remesas.

Más que programas sociales, que también son necesarios pero que “no van a sacar de la pobreza a nadie”, el analista considera que la forma ideal de apoyar a las familias rurales tiene que ser mediante la introducción de tecnología para la producción.

“Si no se hace eso, las condiciones de pobreza y exclusión en el interior del área rural nos va a llevar a una convulsión social, a un estallido social”, advirtió Zapata.

“El Gobierno se está enfocando en apoyar a las pequeñas y medianas empresas y a los grandes empresarios que está bien, pero esos programas dejan fuera a la gente del área rural que son la mayoría, la masa pobre y campesina”, subrayó.

Problema será a largo plazo

 

Para Marcel Arévalo, experto en migraciones de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la disminución de las remesas familiares será constante y no se recuperarán en el corto plazo, puesto que los migrante que tendrán la oportunidad de seguir enviado recursos son aquellos que están establecidos con cierta solidez, quizás una sexta parte de los tres millones que se calcula estaban en EE. UU. antes de la pandemia.

El resto se verá forzado a hacer la migración de vuelta a Guatemala porque no han tenido oportunidad de ahorrar, o lo poco que tienen lo consumirán en dos o tres meses, al final de los cuales, afirma Arévalo, cruzarán México e ingresan al país a través de pasos ciegos.

El analista coincide en que la disminución de las remesas provocará una especie de efecto en cadena puesto que, en primer lugar, se verán perjudicadas las familias que dependen de las remesas, luego los pequeños comercios locales en donde las personas gastan esos recursos, y al final de cuentas también las grandes empresas que los proveen.

“Si todo esto se relaciona con la reducción del empleo a causa de la pandemia… Esto es una catástrofe humanitaria gravísima lo que se está fraguando”, teme Arévalo.

No obstante, el experto de Flacso puntualizó en que la crisis puede ser una oportunidad para “romper todo lo que nos desune” y buscar soluciones que propicien un bienestar para todos en una sociedad en la cual “pocos disfrutan mucho y muchos reciben migajas o no reciben nada”.

Los guatemaltecos en la provincia esperan soluciones que no tomen mucho tiempo, el líder comunitario de Xatinap Primero lo tiene claro. “Creemos que otro mes más y la gente que vive de las remesas ya no tendrá que comer porque todos señalan que sus familiares en EE. UU. se quedaron sin trabajo”, subrayó.