Tradición se libra a golpes en Chivarreto

Cada Viernes Santo en la aldea Chivarreto, San Francisco El Alto, Totonicapán, se efectúa un evento denominado “Pelea a puño limpio”, donde los participantes escogen a sus contrincantes que llegan de varias aldeas y municipios del occidente.

Por Édgar Domínguez / San Francisco El Alto

Según ancianos del lugar, la tradición se inició hace más de un siglo y tenía como objetivo cumplir una penitencia; sin embargo, esto cambió desde 1900, porque se convirtió en una diversión para la comunidad, a donde llegan participantes de varios lugares.

El evento es organizado por autoridades comunitarias, que con meses de anticipación se ponen de acuerdo sobre las reglas y las medidas de seguridad que se implementan, informó el alcalde, Diego González.

La comuna apoya con trofeos para los ganadores. El evento empieza a las 14 horas y concluye a las 17.

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El vecino Marcos Toc expuso que las peleas atraen a unos 10 mil espectadores.

Antes de las peleas se hace un acto protocolario, se canta el himno nacional y se presenta a las autoridades indígenas del lugar y a las reinas de belleza de la aldea y otras aledañas.

El exalcalde comunal de Chivarreto Gilberto Pérez, relató que antes las peleas se llevaban a cabo en el campo de futbol de la localidad, sin ningún tipo de demarcación, solo la que hacían los propios espectadores, pero en el 2012 los organizadores instalaron un cuadrilátero artesanal en el centro de la aldea.

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Reglas claras

Las reglas del combate son claras: solo se valen puñetazos, están prohibidas las patadas, y los abrazos, así como tomar por el cuello al contrincante o golpearlo mientras está en el suelo.

Los árbitros que están en el cuadrilátero velan porque estas reglas se cumplan, aunque a veces algunos las olvidan.

Quienes desean participar en las peleas se reúnen en el centro de la aldea y escogen a sus contrincantes; y si estos aceptan el reto, se le notifica a los organizadores.

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Los árbitros llaman a la pareja y tras recordarles las reglas, los contendientes empiezan la pelea.

Un locutor narra el desarrollo de los encuentros a los asistentes, muchos de los cuales graban los combates en video, para luego mandar una copia a sus familiares en Estados Unidos, principalmente.

Las parejas solo pelean unos pocos minutos, y si alguno de los dos es derribado, el combate se detiene y se anuncia al ganador. Aunque muchas veces la pelea sigue si quien ha caído se siente en condiciones de continuar.

Muchos de los participantes hacen una sola pelea, pero otros optan por buscar uno de los trofeos, para lo cual deben combatir más veces y con contrincantes de mayor peso o altura.

Los organizadores detallaron que la participación de los pobladores es bajo su cuenta y riesgo, pues algunas veces hay hemorragia nasal y erosiones.

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Javier Pastor, uno de los peleadores, dijo que participa desde hace tres años, y que esto no es un deporte rudo sino pura diversión. Aseguró que los organizadores evitan brotes de violencia luego de los combates.

Añadió que quienes participan solo la hacen para medir quién es más fuerte o tiene más habilidad para pelear.

Algo diferente

El vecino Francisco Pérez señaló que cada año hay más visitantes que desean presenciar los combates, pues es una tradición diferente comparada con otras propias de esta temporada.

Rosario Recancoj, quien llega todos los años desde Quetzaltenango, dijo que es interesante la forma en la que se llevan a cabo las peleas, pues son simplemente distracción y que los golpes no se trasladan a las calles, como muchos pudieran pensar.

La aldea se encuentra a 15 kilómetros de Cuatro Caminos —km 187.5 de la ruta Interamericana—.