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1982: masacre en parcelamiento Dos Erres, Petén

El 6 de diciembre de 1982 tuvo lugar la masacre de Dos Erres, una de tantas violaciones a los derechos humanos durante el conflicto armado interno.

Familiares de víctimas de la masacre de Dos Erres manifiestan exigiendo justicia. (Foto: Hemeroteca PL)

Familiares de víctimas de la masacre de Dos Erres manifiestan exigiendo justicia. (Foto: Hemeroteca PL)

Prensa Libre publicó el 7 de agosto de 2011 un reportaje sobre la masacre en esta comunidad al norte del país, al dictarse sentencia contra cuatro militares hallados culpables. 


Después de 29 años, la geografía del parcelamiento Dos Erres, en La Libertad, Petén, ya no es la misma de 1982. Hoy una extensa planicie se antepone a los ojos del visitante. Alambres con púas dividen las tierras que una vez pertenecieron a decenas de familias que murieron masacradas por kaibiles del Ejército.

Los sobrevivientes muestran en sus rostros una luz de esperanza por la condena de seis mil 60 años de prisión para tres de los procesados, y seis mil 66 para otro de los responsables de la masacre. La mayoría vive con el trauma de aquellos días y sus relatos exponen el sufrimiento por el horror vivido.

Surge Dos Erres

La vida de las familias en el parcelamiento se desarrollaba entre la rutina agrícola, el cuidado del ganado, la apertura de nuevos caminos entre la selva, la venta de la cosecha de maíz en la aldea Las Cruces, el poblado más cercano —a seis kilómetros— y velar por el progreso de la familia.

Según los sobrevivientes, comenzaban a vivir un auge económico, por lo que aún no entienden por qué el Ejército terminó con Dos Erres, que en la actualidad solo existe como punto de referencia.

Luis Arévalo, de 54 años, uno de los sobrevivientes, recuerda y señala la ubicación de la escuela, las iglesias católica y la evangélica, el campo de futbol y el acceso principal, que, en 1982, conocían como “el núcleo de Las Erres”.

“El pozo, donde el Ejército lanzó 165 cuerpos, lo cavamos con mi papá. Buscábamos agua, tenía unos 12 metros de profundidad. Al enterarme de la noticia —de la masacre—, fui a buscar al teniente Carlos Carías, para que me explicará lo ocurrido, pero nunca me habló, a pesar de que preste servicio militar en forma voluntaria”, relató.

La masacre

El 5 de diciembre de 1982, tras recibir informes de la G-2 —el servicio de Inteligencia Militar—, los kaibiles reciben la orden de ingresar en el parcelamiento Dos Erres. A las 21 horas de ese día, llegan a la entrada de la comunidad y caminan seis kilómetros. Durante la noche reunieron a los vecinos, y a las 6 horas del 6 de diciembre, pidieron autorización para “vacunar” —matar— a los civiles.

Cerca del mediodía, empieza la masacre. Los primeros en morir fueron los recién nacidos, a quienes mataron con un golpe de almágana en la cabeza, ante la mirada de sus padres y las súplicas de perdón.

Según uno de los exkaibiles que participó en la masacre, en la noche del 6 de diciembre, los soldados volvieron a violar a las niñas que aún estaban con vida y a varias mujeres.

El 7 de diciembre, los kaibiles empezaron a matar por igual a hombres y mujeres. Unos fueron ejecutados con la almágana y otros con arma de fuego. “La matanza terminó el 8 de diciembre”, declaró Daniel Martínez Hernández, exsubinstructor kaibil que fue condenado.

Todo ocurrió durante el gobierno de facto del general José Efraín Ríos Montt, quien niega haber tenido conocimiento de esa acción militar.

Testimonios

Elvia Luz Granados Rodríguez, 43, quien vivía cerca del centro de Dos Erres, narró, con dolor y nostalgia, lo ocurrido en aquella fecha.

Su remembranza se detiene cuando observa una foto donde aparecen sus hermanos y niños desfilando en la comunidad. Su voz se quiebra, llora.

“Todos los niños que aparecen en esta foto están muertos, menos yo, que todavía cuento la historia. A nadie le deseo lo que mis padres y hermanos sufrieron. Fue terrible e inhumano lo que hicieron con ellos. Todos murieron a manos del Ejército”, afirmó.

En 1982, Granados tenía 14 años. Había terminado sexto primaria y pertenecía a la generación de unos cien niños que estudiaba en la escuela del parcelamiento. Se salvó de morir porque el día de la masacre se encontraba en la isla de Flores, en la casa de la maestra Elvia Tesucún.

“A Dos Erres no regreso desde diciembre de 1982. No quiero volver. No sé cómo está allá. A mis padres y sus cadáveres nunca los volví a ver”, comentó, entre lágrimas.

Huyó con siete hijos

Un día antes de la matanza, a la casa de Marcelina Cardona, 72, a un kilómetro y medio de Dos Erres, llegó un grupo de soldados, que preguntó por su esposo. Le pidieron que fuera al centro de la comunidad. Comenzó a caminar con sus hijos, a la mitad del camino, pero otros militares la regresaron.

“Vamos a regresar por usted, prepare atol con leche, vamos a tener fiesta”, le dijeron los castrenses; ese pedido y ver la vivienda del vecino semidestruida le provocaron temor, por lo que esa misma noche huyó con sus siete hijos.

“Camine dos horas entre la montaña hacia Las Cruces, porque el único acceso iba a ser bloqueado por soldados. A mi esposo y mi hijo mayor los mataron en Dos Erres. No puedo olvidar lo que pasó ahí. Ese día llevaba en brazos a Elías, el más pequeño de mis hijos, quien murió dos meses después. Dios ha de perdonar a quienes hicieron esto”, dijo.

Que los perdone Dios

Los sobreviventes, quienes lloraron a sus muertos por años en silencio, ahora lo hacen libremente y explican que en la tierra ya hubo justicia, ahora falta que Dios los juzgue por la matanza.

“No soy Dios para perdonar, pero si lo hacen de corazón, quizá reciban ese perdón”, expresó Esdras González, que perdió a sus hermanas y sus primos.

https://www.youtube.com/watch?v=ZLZOmo4WCJk

Testimonios de sobrevivientes de la masacre de Dos Erres. (Video: Prensa Libre TV)

Los cuatro sentenciados

En el juicio fueron encontrados culpables cuatro integrantes del Ejército.

  • Reyes Collin Gualip fue capturado en Villa Nueva, el 9 de febrero del 2010. Fue subinstructor de la Fuerza Especial Kaibil. Manuel Pop fue detenido el 9 de febrero del 2010, en Alta Verapaz. Fue condenado a seis mil 60 años de prisión por la masacre.
  • Carlos Carías, teniente kaibil, se entregó a la justicia en marzo del 2010. Fue condenado a seis mil 66 años de prisión. Alega inocencia.
  • Daniel Martínez Hernández, capturado en Quezaltepeque, Chiquimula, el 10 de febrero del 2010. Fue instructor kaibil.

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