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            <title>&quot;A mi compañera le quemaron sus genitales con un cigarrillo&quot;: la escalofriante realidad de las esclavas del sexo latinoamericanas en Japón</title>
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                                                <pubDate>Tue, 08 Jan 2019 16:28:31 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						BBC News Mundo</div>

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							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
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                                                <category><![CDATA[BBC News Mundo]]></category>
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<p>Entre ellas había una cierta distancia para que pudieran cumplir con una orden: estirar los brazos y abrir las piernas hacia los lados.</p>
<p>De repente, a una de ellas se le cayó algo de la vagina.</p>
<p>Era un condón con dinero en su interior.</p>
<p>Sucedió durante una de las inspecciones que los tratantes de Marcela solían hacerles sin previo aviso a las mujeres que explotaban sexualmente en Japón.</p>
<p>&#8220;Al ver qué era, a mi compañera le quemaron sus genitales con un cigarrillo&#8221;, me cuenta.</p>
<p>&#8220;Al día siguiente, como si no hubiese pasado nada, <strong>la forzaron a seguir trabajando. </strong>Tenía que pagar su cuota&#8221;.</p>
<p>&#8220;Y ahí comenzó una ley: &#39;Aquella que descubramos que se esconde dinero, le quemaremos sus genitales&#39;. Yo no lo viví pero lo vi. Nunca me atreví a hacerlo porque me daba mucho miedo&#8221;.</p>
<p><a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-46539386" target="_blank">•    La historia de cómo me vendieron a un hombre chino y luego me convertí en traficante de mujeres que escapaban de Corea del Norte</a></p>
<p>Ni ella ni sus compañeras recibían dinero de los clientes.</p>
<p>&#8220;Ellos siempre pagaban en el hotel o en el sitio a donde nos llevaban, pero a veces nos daban propinas y eso también (los proxenetas) trataban de quitárnoslos&#8221;.</p>
<h3>	El principio del infierno</h3>
<p>El hombre que se le acercó a Marcela Loaiza en una discoteca de Pereira, Colombia, no tenía intenciones de bailar con ella ni de enamorarla.<br />
<br />
Sólo quería presentarse y decirle que tenía un potencial inmenso para triunfar como bailarina en el exterior.</p>
<p>En ese local, ella daba clases de baile y amenizaba fiestas, una actividad que hacía para complementar sus ingresos como cajera de una tienda de almacenes.</p>
<p>Al principio, la joven de 21 años no le prestó atención, pero cuando <strong>su hija de 4 cuatro años se enfermó y tuvo que ser hospitalizada, </strong>se acordó de la tarjeta que le había dado Pipo, el &#8220;agente&#8221; y lo llamó.</p>
<p>Le contó la emergencia por la que estaba pasando, pues había perdido sus empleos por estar al cuidado de su hija.</p>
<p>Pipo se mostró muy comprensivo. Le ofreció una suma de dinero para cancelar los gastos médicos de la niña.</p>
<p>Después, le dijo, ella le pagaría con &#8220;el dineral&#8221; que haría bailando en el país donde &#8220;seguramente la iban a contratar&#8221;.</p>
<p><a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-39118432" target="_blank">•    &#8220;La violaban mientras estaba pariendo&#8221;: el infierno de las mujeres de América Latina traficadas en Londres</a></p>
<p>Madre soltera, de orígenes humildes, Marcela aceptó por desesperación.</p>
<p>Con su hija recuperada y de vuelta en la casa con su abuela, decidió irse.</p>
<p>Pero no le dijo a nadie. Así se lo pidió Pipo, para <strong>evitar tristezas y arrepentimientos de última hora.</strong></p>
<p>&#8220;Sólo le dije a mi mamá que me iba a Bogotá a buscar trabajo para pagar las deudas&#8221;.</p>
<p>Y se fue.</p>
<h3>	Nueva identidad</h3>
<p>Marcela estaba emocionada porque se montaría en un avión por primera vez.<br />
<br />
&#8220;Me sentía la diva de Hollywood que iba a cambiar su vida&#8221;, me cuenta.</p>
<p>Pipo nunca le dijo a qué país iría. Sólo se lo reveló cuando la dejó en el aeropuerto.</p>
<p>&#8220;Poco antes de montarme en el avión, cuando me entrega los pasabordos, me dice que me iré a Japón&#8221; vía Amsterdam, Holanda.</p>
<p>Junto a las tarjetas de embarque y dinero efectivo, <strong>Pipo le entregó un pasaporte falso.</strong></p>
<p>&#8220;Me dijo que en la entrada a Japón de pronto me podían poner problema (si viajaba como colombiana) y que con ese pasaporte iba a ser más fácil&#8221;.</p>
<p>Fue así como terminó viajando como Margaretta Troff.<br />
<br />
Cuando llegó a Japón, se enteró de que ya no sería ni Marcela ni Margaretta. La llamarían Kelly.</p>
<p>Así se lo dijo la mujer colombiana que la recibió en el aeropuerto y que la llevó a su casa, donde había otras mujeres.</p>
<p>Un día después le explicó que <strong>su trabajo sería &#8220;putear&#8221; </strong>para pagar la inmensa deuda que le debía por concepto de pasaporte, boletos de avión, vivienda, alimentación, transporte y dinero entregado por adelantado.</p>
<p>Cuando Marcela le trató de explicar que había una confusión y que llamaría a la policía, la mujer le dijo: &#8220;Llámela, pero no le garantizamos que llegue a tiempo al entierro de su hija&#8221;.</p>
<p>Así comenzó su pesadilla en Japón.</p>
<p>Era mediados de 1999 y había caído en manos de la mafia Yakuza.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<br />
<em>El nombre Yakuza procede de los números 8, 9 y 3, que en un juego de cartas japonés es una mala jugada, una mala mano.</p>
<p>El origen de la organización se remonta al siglo XVII y está constituida por grupos que aglutinan a unos 60.000 integrantes.</p>
<p>Los grupos yakuza no son ilegales, pero muchas de sus ganancias se obtienen ilícitamente a través de las apuestas, la extorsión, la prostitución y el narcotráfico.</p>
<p>Sus miembros se han distinguido por sus elaborados tatuajes y, en algunos casos, por la ausencia de un dedo: cortarlo es una forma de castigo dentro de su estricto código de honor.<br />
&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</em></p>
<h3>	&#8220;Era mejor hacer lo que ellos me pedían&#8221;</h3>
<p>Esa noche, Marcela se vio obligada a ponerse ropa muy ligera y tacones.<br />
<br />
Saber que sus captores conocían los movimientos de su familia la hizo desarrollar un miedo permanente.<br />
La dejaron en una calle de Tokio donde se ejercía la prostitución.</p>
<p>Siempre era transportada de un lugar a otro por sus captores y la tenían constantemente vigilada.</p>
<p>&#8220;Cuando estaba en la calle tenía clarísimo que era mejor hacer lo que ellos me pedían porque <strong>veía cómo drogaban a las otras chicas </strong>(las agresivas, las que se rebelaban). Yo preferí soportar lo que estaba pasando con tal de no consumir drogas&#8221;.</p>
<p>&#8220;Es que las hacían volverse adictas y después ellas mismas lo pedían (ser drogadas)&#8221;.</p>
<p>&#8220;Conocí a una mexicana, una venezolana, varias colombianas, peruanas, muchas rusas, filipinas&#8221;, evoca de esa época.</p>
<h3>	Más de un año</h3>
<p>Fueron 18 meses de explotación sexual diaria. Hubo golpizas, al punto de quedar inconsciente y desfigurada, afirma.<br />
<br />
Vio morir a una prostituta colombiana a golpes y con cadenas, víctima de un grupo mafioso rival.</p>
<p><strong>Quiso suicidarse, </strong>pero el recuerdo de su hija y la ilusión de volver a abrazarla se lo impidieron.</p>
<p>Marcela me cuenta que veía a un &#8220;salvador&#8221; en cada hombre que entraba en la habitación que sus captores le asignaban.</p>
<p>&#8220;Por eso a todos les pedía ayuda. Pero no me entendían por el idioma, eran japoneses. Y, si me entendieron, les dio igual y se hicieron los locos&#8221;.<br />
&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<br />
<em>Yamaguchi-gumi es el grupo más grande y poderoso de la mafia Yakuza. Se estima que tiene más de 20.000 miembros.</p>
<p>&#8220;Es una de las bandas más grandes y feroces del mundo&#8221;, decía en 2015 The Economist.</p>
<p>&#8220;Se estima que obtiene más de US$6.000 millones al año de las drogas, la protección, el préstamo de dinero, las estafas inmobiliarias e incluso, se dice, la bolsa de valores de Japón&#8221;.</em><br />
&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<h3>	El dibujo</h3>
<p>Hubo un cliente que se enamoró de ella, iba a los clubes de stripears donde la obligaban a bailar y la &#8220;pedía&#8221; en todos los lugares a los que sus tratantes la llevaban.<br />
<br />
&#8220;Ellos (los clientes permanentes) conocen bien ese mundo. Saben que los proxenetas nos cambian de sitios. Es como un círculo, un circuito, él sabía cómo funcionaba y sabía en dónde estaría. Iba y me buscaba&#8221;, me dice.</p>
<p>Marcela le hizo un dibujo de una muñeca llorando y <strong>unas flechas que conducían al mapa de Colombia.</strong></p>
<p>Usó innumerables gestos, algunas palabras que había aprendido en japonés y ese dibujo para suplicarle que la ayudara a escapar.</p>
<p>&#8220;Era muy complicado. Yo le decía que no quería dinero, que me quería ir, pero no me entendía&#8221;.</p>
<p>El proceso de hacerle comprender a ese cliente lo que ella quería, le tomó ocho meses y varios dibujos.</p>
<p>Pero no fueron en vano.</p>
<h3>	&#8220;Corrí, corrí, corrí&#8221;</h3>
<p>Juntos y con la ayuda de otra compañera que había pagado su deuda con los tratantes, planearon el escape.<br />
<br />
Siempre se comunicaron con papelitos, los cuales Marcela destruía meticulosamente para evitar que sus tratantes los encontraran, no sólo por temor a lo que le pudieran hacer a ella sino a él.</p>
<p><strong>Le llevó una peluca y ropa </strong>y se las dejó dentro de una bolsa en un McDonald&#39;s que quedaba muy cerca del lugar donde tenían a Marcela trabajando.</p>
<p>&#8220;Él me ayudó, me dejó dinero, me dibujó el mapa para llegar al consulado de Colombia, me explicó qué autobús y qué tren tomar&#8221;.</p>
<p>En un descuido del hombre que la vigilaba, se escapó.</p>
<p>&#8220;Corrí, corrí, corrí&#8221;, me cuenta.</p>
<p>Tras seguir las instrucciones de su cliente, llegó al consulado. &#8220;Ellos me ayudaron a regresar a Colombia&#8221;.</p>
<p>Uno de sus mayores temores quedaba en el pasado: que tras haber terminado de pagar su deuda, la vendieran a otro grupo criminal en Japón.</p>
<h3>	El &#8220;boom&#8221; económico</h3>
<p>La activista japonesa por los derechos humanos Shihoko Fujiwara es la fundadora y directora de Lighthouse, una organización no gubernamental que ha combatido la trata de personas en ese país desde 2004.<br />
<br />
Desde Tokio, me ayudó a entender una parte de la historia de la trata en su país.</p>
<p>Me contó que en la década los 70, la economía japonesa empezó su &#8220;boom&#8221;, y que &#8220;los hombres japoneses comenzaron a viajar al exterior para comprar los servicios sexuales de mujeres&#8221;.</p>
<p>&#8220;En los 80 y 90, empezamos a traficar mujeres de Filipinas, Tailandia, Rusia, Corea del Sur&#8221;, me explicó. Y a finales de los años 90 y en la década del 2000, &#8220;vimos muchas mujeres traficadas desde Colombia y otras partes de América Latina&#8221;.</p>
<p>El tráfico y la trata de latinas en esa época coincide con la internacionalización de las actividades delictivas de la mafia Yakuza, cuando el grupo decide trascender las fronteras de Japón.</p>
<h3>	De México a Brasil</h3>
<p>En ese proceso de expansión, las autoridades lograron rastrear los vínculos entre la Yakuza y narcotraficantes latinoamericanos desde mediados de la década de los 80.<br />
<br />
Así lo explican los periodistas David E. Kaplan y Alec Dubro, autores de <em>&#8220;Yakuza: Japan&#39;s Criminal Underworld&#8221;</em> (&#8220;Yakuza: El submundo criminal de Japón&#8221;), de 2012.</p>
<p>&#8220;La Yakuza ha causado problemas en otras partes de América Latina, particularmente en el comercio del sexo (…) Reclutadores de prostitutas y anfitrionas <strong>han engañado mujeres desde México hasta Brasil </strong>para viajar a Japón&#8221;.</p>
<p>En 1996, las autoridades mexicanas desmantelaron una operación de trata de personas con fines de explotación sexual que se había extendido por una década, explican los autores.</p>
<p>&#8220;Agentes japoneses establecieron oficinas para reclutar &#39;artistas&#39; y enviaron a Japón unas 3.000 mujeres engañadas para trabajar como &#39;anfitrionas&#39; en clubs nocturnos&#8221;.</p>
<p>A uno de los reclutadores, lo encontraron con una lista de 1.200 mujeres.<br />
<br />
&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<p><em>&#8220;No veíamos el sol.<br />
Uno se levantaba y las luces seguían prendidas. Eran luces, luces y luces. Era horrible.<br />
Luces en la oscuridad.<br />
Me tenía que levantar a trabajar a las 8:00 de la mañana. A veces me daba la 1:00, 2:00, 3:00 de la mañana y no me había acostado. Tenía que hacer cinco, seis shows diarios.<br />
Era tan inhumano que te convertían en una carne, una carne viva.<br />
<strong>Era terrible cuando te jugaban al jan-ken-pon </strong>(juego de piedra papel o tijera).<br />
Al principio les preguntaba (a las compañeras que hablaban español) por qué los hombres hacían eso y me decían que era que jugaban para ver quién iba a estar conmigo primero.<br />
Verlos jugar y hacer fila era muy doloroso&#8221;.</em></p>
<p>Testimonio de una sobreviviente colombiana sobre la esclavitud sexual que vivió en Japón en 1984.<br />
&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<h3>	De un club a otro</h3>
<p>Fujiwara y miembros de su equipo fueron a los clubes de stripers donde les habían contado que había latinas y al investigar descubrieron que los proxenetas las movían cada diez días de un club a otro, por todo Japón.<br />
<br />
&#8220;Con un pago extra, de apenas US$20, los clientes podían tener relaciones sexuales con la bailarina&#8221;.</p>
<p>&#8220;Les daban un condón, unos pañuelos y diez minutos para tener sexo. Ese era el tipo de servicio estándar disponible en un club de stripers latinas&#8221;.</p>
<p>Y el servicio, señaló, se prestaba en un cubículo pequeño, como una especie de cabina de teléfono.</p>
<p>Fujiwara le informó sus hallazgos a la policía, pero con frustración se dio cuenta de que muchas de esas mujeres fueron arrestadas, acusadas de prostitución y de haberse quedado ilegalmente en el país.</p>
<p>No se les atendió como víctimas de trata y fueron deportadas. &#8220;No se tomaron el tiempo de investigar sus casos&#8221;, me dijo.</p>
<p>&#8220;Ahora vas a Tokio o Yokohama y no ves latinoamericanas en las calles, pero en 2000, recuerdo haber visto a muchas latinas con sus cabellos teñidos de rubio&#8221;.</p>
<p>&#8220;Por mi experiencia, las latinas en Japón experimentaron más violencia, más explotación y por más tiempo que mujeres de otras nacionalidades. No sé por qué, no sé si tenían que pagar deudas más altas (por venir de más lejos). Las trataban muy mal y <strong>no soy la única que pensaba así&#8221;.</strong><br />
<br />
&#8220;Esas prácticas no se ven más&#8221;, me dice.</p>
<p>A menos no a gran escala.</p>
<h3>	La trata de personas en Japón</h3>
<ul>
<li>		De acuerdo con la policía de Japón, <strong>en 2017 se registraron 46 casos </strong>de trata de personas.</li>
<li>		Del total de víctimas que las autoridades atendieron, 28 eran japonesas, 13 de otros países asiáticos y 1 <strong>brasileña</strong>.</li>
<li>		Según los expertos, las estadísticas de los gobiernos no alcanzan a reflejar la verdadera magnitud de la trata en sus países porque muchos casos nunca llegan a ser conocidos.</li>
<li>		En 2018, en su informe global sobre trata de personas, el Departamento de Estado de EE.UU. señaló: &#8220;como se ha reportado en los últimos cinco años,<strong> Japón es un país destino, fuente y tránsito&#8221; </strong>de víctimas de trata.</li>
<li>		&#8220;Hombres, mujeres y niños del noreste, sureste y el sur de Asia, Sudamérica y África viajan a Japón por empleo o matrimonios fraudulentos y son sometidos a trata sexual&#8221;.</li>
</ul>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<h3>	Volver</h3>
<p>&#8220;Era como ver a alguien que estaba del lado de la muerte. Tenía un miedo que trascendía más allá de lo normal&#8221;, me cuenta Paula de su amiga cuando la vio regresar de Japón.<br />
<br />
Poco antes había hablado con ella por teléfono: &#8220;La oía desesperada. Me rogaba que la dejara quedarse en mi casa&#8221;, me dice desde el norte de Brasil.</p>
<p>&#8220;Le respondí que claro, que viniera&#8221;.</p>
<p>Dijo que se quedaría en su casa unos días, pero pasó un mes.</p>
<p>Paula no hablaba con Fernanda desde hacía dos años aproximadamente, <strong>cuando la vio partir &#8220;feliz&#8221;, </strong>en 2012, hacia la nación asiática.</p>
<p>Tanto Paula como Fernanda son nombres ficticios, usados para proteger su privacidad.</p>
<h3>	&#8220;Una cárcel privada&#8221;</h3>
<p>&#8220;En el primer momento, no parecía mi amiga, era otra persona, alguien totalmente irreconocible&#8221;, asegura.<br />
<br />
Se veía más delgada, frágil y muy triste. Pero su apariencia física no sería lo que más la alarmaría, sería su comportamiento.</p>
<p>&#8220;Se asustaba mucho con los ruidos: con el sonido del teléfono o cuando se cerraba una puerta con fuerza. La desconfianza era mucha, <strong>se sentía perseguida todo el tiempo&#8221;.</strong></p>
<p>&#8220;Me pidió todas las copias de las llaves de la casa. Iba al baño totalmente cubierta&#8221;.</p>
<p>Después se enteraría de que su amiga &#8220;venía de pasar por una cárcel privada en el mismo infierno&#8221;.</p>
<h3>	La figura escultural</h3>
<p>Antes de partir a Japón, Fernanda &#8220;era una mujer alegre&#8221;, indica Paula.<br />
<br />
Era hermosa, señala. &#8220;Una negra con un cuerpo escultural&#8221;.</p>
<p>&#8220;Provenía de buena familia, clase media alta. Ambos padres eran profesionales y sus hermanos vivían en el exterior&#8221;.</p>
<p>Estaba divorciada y tenía dos hijos. Se había graduado de administradora y <strong>tenía estabilidad económica, </strong>pero &#8220;nunca se interesó en seguir otra profesión que no fuese la artística&#8221;.</p>
<p>&#8220;Siempre añoró ser reconocida como modelo y actriz, con aparecer en la televisión, con brillar&#8221;.</p>
<h3>	El enamorado</h3>
<p>Fernanda era miembro de la escuela de samba de la comunidad y allí fue donde un hombre se le acercó, la empezó a seducir y le comenzó a hablar sobre su agencia de modelaje en Japón.<br />
<br />
&#8220;Esta persona estaba en todos los eventos de la comunidad&#8221;, recuerda Paula.</p>
<p>&#8220;Le prometió el éxito en el exterior&#8221;.</p>
<p>Ella se enamoró y les habló a sus seres queridos de él y de sus planes de irse a Japón.</p>
<p>&#8220;Tanto los familiares como los amigos <strong>le advirtieron sobre los peligros de la prostitución en el exterior, </strong>pero ella no vio más allá. Sólo escuchaba a ese hombre&#8221;, evoca Paula.</p>
<p>Y se fue con él.</p>
<h3>	Sexo, drogas y alcohol</h3>
<p>Cuando llegó a Japón, el enamorado de Fernanda cambió radicalmente su actitud.<br />
<br />
&#8220;Le retuvo el pasaporte y la llevó al cuarto de un hotel, donde había otras tres mujeres&#8221;, recuerda Paula que su amiga le contó.</p>
<p>&#8220;En ese momento se dio cuenta de que había caído en una trampa y que <strong>el hombre que amaba formaba parte del engaño&#8221;.</strong></p>
<p>Durante los primeros días, Fernanda fue llevada al sótano del hotel, donde funcionaba una red de prostitución.</p>
<p>&#8220;La obligaron a tener relaciones sexuales, a drogarse y a beber alcohol&#8221;, asegura Paula.</p>
<p>&#8220;Hasta 2014, estuvo en una especie de cárcel privada, donde era violentada todos los días por diferentes personas, donde fue una esclava sexual&#8221;.</p>
<h3>	El trauma</h3>
<p>A Fernanda no le gustaba recordar lo que había vivido, pero le decía a Paula que &#8220;era una pesadilla que no le deseaba a nadie&#8221;.<br />
<br />
Cuando abordaba sus miedos, contaba que sus captores &#8220;la dejaban encerrada hasta el otro día y eso, para ella, era espeluznante&#8221;.</p>
<p>Paula no tiene claro cómo Fernanda logró librarse de sus tratantes, pero sospecha que les hizo hacer mucho dinero, con lo que habría pagado su deuda.</p>
<p>&#8220;Durante la primera semana que se quedó en mi casa, hice lo imposible para convencerla de presentar la denuncia ante las autoridades, pero no tuve éxito&#8221;.</p>
<p>Tanto ella como sus padres tenían, no sólo vergüenza por lo sucedido, sino <strong>mucho miedo a posibles represalias.</strong></p>
<p>Y es que los tratantes tenían mucha información sobre ellos, algo que le recordaban constantemente a Fernanda en Japón.</p>
<h3>	&#8220;Vendiendo su cuerpo&#8221;</h3>
<p>Paula logró que su amiga recibiera ayuda psicológica. Pero después de cuatro meses no quiso continuar.<br />
<br />
Se dio cuenta de que Fernanda bebía mucho y usaba drogas y le sugirió a su padre que la internaran en una clínica de desintoxicación, cosa que no se materializó.</p>
<p>Pese a sus esfuerzos, no pudo evitar que su amiga cayera nuevamente en la maraña de la prostitución, las drogas y el alcohol.</p>
<p>&#8220;Por desgracia ya no tengo más contacto con ella. Sus padres, quienes están a cargo de los dos hijos que tuvo en su adolescencia, se mudaron y no dejaron rastro&#8221;.</p>
<p>Paula ha intentado localizarlos por las redes sociales, pero no ha tenido suerte.</p>
<p>Fernanda simplemente se desvaneció.</p>
<p>&#8220;La última vez que supe de ella, seguía vendiendo su cuerpo&#8221;.</p>
<h3>	2018 y la mejora en el ranking</h3>
<p>Entre 2011 y 2017, el reporte del Departamento de Estado de Estados Unidos en que analiza el trabajo de decenas de gobiernos para combatir la trata de personas, ubicó a Japón en el nivel Tier 2, donde están &#8220;los países cuyos gobiernos no cumplen plenamente con las normas mínimas de la TVPA (Ley de Protección de Víctimas de la Trata), pero que hacen esfuerzos considerables para cumplirlas&#8221;.<br />
<br />
En el informe de 2018, la nación asiática logró la mejor clasificación del ranking: ascender a Tier 1, pues se considera que el gobierno cumple con las normas mínimas para la erradicación de la trata y se elogia su trabajo para enfrentar el problema.</p>
<p>Pese a ese reconocimiento, se advierte que &#8220;las autoridades continuaron procesando a los tratantes según leyes que imponen sentencias menores, que los tribunales frecuentemente suspendían en lugar de ordenar la encarcelación&#8221;.</p>
<p>El reporte también indica que, en algunos casos, las autoridades detuvieron, acusaron y deportaron a extranjeros que huyeron de &#8220;condiciones de explotación (impuestas) por las agencias que los contrataron, en lugar de investigar (sus casos) y remitirlos a los servicios de protección&#8221;.<br />
<br />
&#8220;Los tratantes usan matrimonios fraudulentos entre extranjeras y hombres japoneses para facilitar la entrada de mujeres en Japón con el objetivo de forzarlas a la prostitución en bares, clubes, burdeles y salones de masajes&#8221;.</p>
<p>Sin embargo, el consenso entre los expertos consultados por BBC Mundo es que las reformas legales para penalizar la trata de personas, así como los nuevos controles y políticas migratorias han hecho que se vuelva más arriesgado y menos rentable para la mafia traficar y tratar mujeres extranjeras en Japón.</p>
<p>&#8220;Por eso, los tratantes están usando cada vez más a niños y mujeres japoneses en situación de vulnerabilidad&#8221;, me indicó Fujiwara.</p>
<h3>	De víctima a activista</h3>
<p>Marcela Loaiza ha escrito libros sobre su experiencia, ha viajado a diferentes países de América Latina con las Naciones Unidas para dictar conferencias y hablar en escuelas, universidades, instancias judiciales y consulados sobre la trata.<br />
<br />
La organización que fundó, y que lleva su nombre, tiene sedes en Colombia y Estados Unidos. Desde allí, trabaja para apoyar a sobrevivientes y promover la prevención.</p>
<p>&#8220;La gente puede llegar a ser muy cruel con las víctimas&#8221;, reflexiona.</p>
<p>&#8220;Mi mamá tardó cinco años en entender lo que era la trata de personas. <strong>Me juzgaba, </strong>me decía que por qué yo me las daba de víctima y eso me causó muchos problemas&#8221;.</p>
<p>Pero como lo hizo Marcela, su madre también aceptó recibir ayuda psicológica y eso le permitió comprender a profundidad el fenómeno de la trata.</p>
<h3>	Más allá de Japón</h3>
<p>Andrea Bravo, la directora de la fundación Marcela Loaiza en Colombia, me contó que desde su creación, hace siete años, han atendido a sobrevivientes colombianas de otras partes de Asia, no solamente de Japón.<br />
<br />
De hecho, en octubre, la fiscalía de Colombia informó que un juez había condenado &#8220;en ausencia&#8221; a más de 30 años de prisión a una mujer acusada de manejar una red transnacional de trata.</p>
<p>&#8220;Las mujeres reclutadas terminaban en manos de redes de controladores de la organización criminal que las obliga a ejercer la prostitución, convirtiéndose en <strong>damas de compañía de los jefes de la mafia japonesa </strong>conocida como Yakuza, lo mismo que de empresarios extranjeros en Indonesia, Filipinas y Hong Kong&#8221;.</p>
<p>Aunque las fuentes consultadas por BBC Mundo coinciden en que el número de víctimas latinoamericanas de trata en Japón empezó a disminuir considerablemente desde finales de la década del 2000, advierten que la dinámica de la trata internacional no permite bajar la guardia y que Asia sigue siendo un destino para mujeres vulnerables.</p>
<p><em>*Editora: Carolina Robino.</em></p>
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