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Acuerdos de paz: comparaciones

Mario Antonio Sandoval

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Colombia

AL ANALIZAR DESDE LA perspectiva de un ciudadano guatemalteco lo ocurrido el domingo en Colombia, donde la minoría de ciudadanos participantes en el plebiscito rechazaron el plan de paz —aunque fuera por mínima diferencia de menos del uno por ciento— es imposible dejar de hacer comparaciones. A mi criterio, uno de los errores de Santos y las Farc fue conceder y exigir, respectivamente, un número de curules en el Senado y en el Congreso llegados allí por decreto, no por el resultado de una actividad política electoral democrática. En ese sentido, los acuerdos de paz de Guatemala fueron mejores, al no haber hecho esa concesión. La URNG participó en política y nunca pasó del 5% de los votos. Pero esa era la regla y todos la cumplieron.

UN CRITERIO FUE SIMILAR: cambios a la Constitución para beneficiar la participación de la exguerrilla. En Guatemala el plebiscito los rechazó porque a alguien se le ocurrió mezclar una veintena más de alteraciones constitucionales. Con una participación de solo el 14% de los empadronados, el 7% necesario para rechazar los cambios era fácil de lograr porque refleja un porcentaje ciudadano de personas interesadas en temas de fondo, no en una simple elección. Guatemala conmemorará dentro de pocas semanas 20 años de los acuerdos de paz, mientras Colombia hasta la mitad del segundo decenio de siglo actual llegó a preparar un plan, aunque su principal yerro sea su larga extensión y las escasas informaciones acerca de sus criterios.

OTRA DIFERENCIA EN LOS dos casos lo constituye el lugar donde se realizaron las negociaciones. En el de Guatemala fueron ciudades de países amigos, sin intervención directa en el largo y sangriento conflicto, lo cual fue interpretado por los ciudadanos como paseos de lujo. En el caso colombiano, negociar dentro de Cuba tuvo una indudable relación con un desprestigio sutil pero notorio para los ciudadanos, pues ese país y sobre todo su dirigencia política entronizada en el poder desde hace cinco décadas y media no podía vender la idea de ejercer un padrinazgo inmune a ser calificado de parcial. Todos estos factores, creo, influyeron en el ausentismo (63%, el más alto en 23 años.) El lugar donde se realiza algo sí importa, y mucho.

LA TECNOLOGÍA ACTUAL FUE otro factor determinante en la victoria del No. Por un lado, es aceptable pensar en una campaña específicamente diseñada para convencer —o para asustar, si se quiere— a los ciudadanos, sobre todo a los jóvenes, acerca de las reales o supuestas consecuencias de un triunfo del Sí, o para permitirles tomar en cuenta realidades ocultas o encubiertas en los cuatro largos años de negociaciones en La Habana entre grupos de élites gubernativas y guerrilleras. Pero por otro, la información no solo fácil de obtener sino imposible de ocultar respecto a la guerra, las matanzas, los numerosos y demasiado brutales asesinatos perpetrados por una guerrilla cuya relación con el narcotráfico resulta imposible de negar.

ESTOS PUNTOS DE VISTA SON complementarios a los numerosos otros donde se pueden encontrar al menos algunas de las razones del resultado. El mensaje es claro y por ello la lógica sugiere hacer un nuevo acuerdo, con base en el ya discutido, pero tomando muy en cuenta criterios de la población de menos de 40 años, digamos, y sobre todo hasta dónde llegan las concesiones y perdones mutuos y cuál es la posición de la guerrilla respecto a la Constitución. Sería imperdonable negociar sin este nuevo factor y sobre todo celebrar acuerdos antes de ser aprobados en referéndum, cuya preeminencia de ninguna manera puede ser menor a la de ningún documento firmado entre partes. Quien así lo señale entrará a la historia por la puerta trasera.