Mi amistad con Alaíde Foppa

para que me aclarara la noticia. Luz estaba también agobiada de dolor. No sabía mayor cosa más que la noticia dada por la prensa. Me senté en uno de sus sillones, y como Luz me veía en mal estado me sirvió una taza de té. Apenas si lo pude tomar. Pero platicamos sobre la personalidad de Alaíde. Su padre no era de aquí, era diplomático argentino, por eso hizo que Alaíde viajara mucho con él.

Alaíde tenía gran personalidad, no solo era bonita, sabía muchos idiomas. Era la época del conflicto armado. Alaíde era de izquierda, igual que yo. La fecha en que la desaparecieron fue el 19 de diciembre de 1980, cerca de la Navidad.

No perdimos la esperanza. Esperábamos que apareciera. Pero pasaron los días y nada. Pensamos lo peor. Alaíde no apareció. Sin embargo, no perdíamos la esperanza. De un día a otro aparecerá, nos decíamos. Pero nada. Si la habían matado, a saber dónde escondieron su cadáver.

Junto a ella también desaparecieron a su chofer, Leocardio Axtún. Ahora vuelvo a pensar en ella. Quizá porque Luz Méndez de la Vega ya nos abandonó. Se van mis amigas, me digo, pronto me iré yo también. Y espero la muerte de un momento a otro.

El 21 de junio del 2012 escribí por primera vez sobre Alaíde en el artículo titulado Desaparición de Alaíde Foppa, en donde retranscribo su personalidad. Menos mal que su hijo, Julio Solórzano Foppa, ha prometido que a partir del 21 de junio de ese año denunciaría tal crimen ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La desaparición de su madre, cuando tenía 66 años. En mi artículo, en este periódico, titulado Desaparición de Alaíde Foppa, digo que su caso debe ser investigado por la justicia.

Además digo que su caso no debe darse al olvido. Si yo vuelvo a escribir sobre Alaíde es porque aún la tengo en mi corazón, y el bello retrato que aparece de ella, el domingo 5 de enero de este año, en este periódico, me la trae a la mente.

Es verdad lo que dice Prensa Libre en su dominical, que aquellos momentos en que la desaparecieron eran violentos, pues estábamos en guerra, lo cual no justifica el doble crimen cometido; su muerte y su desaparición. Sus familiares no tienen adónde ir para venerarla.

En Italia escribió sus primeros poemas. La noticia dice: Centenario de escritora. Los 100 años de Alaíde. Hija de padre argentino y madre guatemalteca, Alaíde Foppa después de su infame secuestro en 1980, nunca apareció. Tal noticia la da Gustavo Adolfo Montenegro y destaca muy bien su personalidad.

Porque Alaíde era toda una personalidad. Física e intelectualmente. Con frecuencia impartía conferencias en diversos lugares del mundo. Decir su nombre llenaba cualquier espacio, por grande que fuera. Una de las últimas veces que vino yo le pedí si podía contar con su presencia para una intervención artística y literaria.

Como era muy generosa, aceptó mi invitación y ese día se llenó el salón con su solo nombre. La gente iba a escucharla, pues todo lo que exponía era interesante. Una de las últimas veces que la escuché, recuerdo que hice bien con llegar temprano, pues el salón se llenó; la gente hubo de escucharla de pie. Pero valía la pena. Lo que exponía era una novedad y cuanto decía interesaba a todo el mundo.