CATALEJO

Ante la división Morales-Cabrera

Mario Antonio Sandoval

CONFORME PASAN LOS días, se desvanecen rápidamente las esperanzas de un gobierno distinto a los anteriores. En este momento, la duda principal gira en torno a la relación entre el presidente Jimmy Morales y el vicepresidente Jafeth Cabrera, a causa de las declaraciones de este último en referencia a la decisión de los cabecillas del partido oficial de agregarse a la banda de forajidos políticos, dispuestos a todo, con tal de asegurar, según su muy escaso criterio político, una fuerza en el Congreso. Vale la pena recalcar la increíble manera como estos politiqueros se refirieron a su relación con la persona a quien le deben la llegada al Ejecutivo, pero también los muchos errores políticos de quien se encuentra ocupando la silla presidencial.

EL DOCTOR CABRERA fue muy claro en decir algo evidente: la pérdida de credibilidad presidencial a causa de la inútil y absurda decisión del partido oficial, al contradecir las palabras del presidente en cuanto a salir de compras de multitránsfugas, pero además, a continuar llenando con esta muy poco confiable gente al partido ahora oficial. Aunque el vicepresidente se esforzó en calificar de “mala comunicación” lo ocurrido, con toda claridad es un acto de traición y debido a ello al ser cuestionado al respecto no podía decir algo distinto, con lo cual se colocó en una posición alejada tanto del partido como del presidente. Entonces, la división es tripartita, en un hecho sin precedentes en la historia nacional y, creo, del continente americano.

LA POLÍTICA ES LA CIENCIA de lo posible. A mi criterio, ahora la posibilidad más efectiva para quienes fueron electos por la mayoría de ciudadanos participantes en las elecciones, es la de unirse ambos para tratar de mantener el apoyo popular. Ello implica admitir la situación real, su seriedad, y decidir la búsqueda del apoyo ciudadano, para lo cual el mandatario debe olvidarse de sus referencias a símbolos patrios —porque en las declaraciones de un mandatario no tienen lugar—, así como a su pasado como actor. Debe también controlar su carácter ante situaciones consideradas por él como incómodas o molestas. Entender un problema es llegar a la mitad de su solución, así como admitir el gran nivel de la dificultad real.

LO MÁS DIFÍCIL DE ACEPTAR para el mandatario es la verdad de tener en el partido oficial a una fuente de críticas malintencionadas, originadas muy probablemente por los multitránsfugas. Pueden surgir de fuerzas políticas contrarias, pero en ese casi seguro caso la dificultad presidencial y vicepresidencial será la ausencia de voces defensoras. Un peligro parecido lo tendrán colaboradores actuales del gobierno llegados a causa del aprecio personal a estos dos altos funcionarios. Todo esto parece ser un escenario apocalíptico imposible de hacerse realidad, pero pensar así significa no tomar en cuenta lo ya ocurrido, causante de reacciones contrarias incluso dentro de las bases del partido, en un hecho también sin precedentes.

LOS AUTOLLAMADOS partidos políticos en Guatemala tradicionalmente han visto de menos a las bases, porque fueron formados con el objetivo de llevar a alguien a la presidencia, lo cual causa su muerte luego de gobernar (Gana, FRG, Patriota) o cuando fracasan en el intento (Líder). En este caso, el partido oficial, hasta hace poco uno de los secretos mejor guardados del país, llamó a quienes lo llevaron al poder, en especial el hoy presidente. Por eso es tan clara la burla de la grotesca compra del “multitransfuguerío”. El vicemandatario señaló la petición de las bases para desautorizar esa acción en una asamblea general. Si sucede, sentaría un histórico precedente contra los contubernios de las sucias y grotescas camarillas políticas.