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                                                <pubDate>Sun, 29 Sep 2002 06:00:00 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						Opinión</div>

						<div class="note-normal-container__author-variant-two special-style-normal-note-author">
							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
								<div class="columnista-individual-container reset-margin w-100 col-12">
									<img width="150" height="150" src="https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2018/12/EDT-MARIO-ALBERTO-MOLINA-2021_59448935-2.png?quality=52&amp;w=150" class="avatar avatar-150 photo columnista-individual-container__photo special-img-author-note rounded-circle wp-post-image" alt="" decoding="async" srcset="https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2018/12/EDT-MARIO-ALBERTO-MOLINA-2021_59448935-2.png 150w, https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2018/12/EDT-MARIO-ALBERTO-MOLINA-2021_59448935-2.png?resize=80,80 80w, https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2018/12/EDT-MARIO-ALBERTO-MOLINA-2021_59448935-2.png?resize=96,96 96w" sizes="(max-width: 150px) 100vw, 150px" loading="lazy" />									<div class="columnista-individual-container__details">
										<h2 class="columnista-individual-container__author font-size-author-note special-border-none">Mario Alberto Molina</h2>
										<h3 class="columnista-individual-container__description">
											Arzobispo emérito de Los Altos.  Reside en Quetzaltenango.  Fue también obispo de Quiché.  Es doctor en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico.  Ha sido docente en diversos centros teológicos en Guatemala y decano de la facultad de teología de la Universidad Rafael Landívar.										</h3>
									</div>
								</div>
						</div>
						<div class="editorial-container__date" style="margin: 8px 0;font-family: &quot;Acto-Small-Light&quot;, Roboto !important;font-weight: 300 !important;font-size: 20px !important;line-height: 18px !important;color: #474747 !important;"><span class="posted-on"><time class="sart-time entry-date published updated" datetime="2002-09-29T00:00:00-06:00">29 de septiembre de 2002</time></span></div>]]></dc:creator>
                                                <category><![CDATA[Opinión]]></category>
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                                                    <description><![CDATA[El discurso tiene su ética fundada en el respeto al interlocutor]]></description>
                                                                                        <content:encoded><![CDATA[<p>La parabola de los dos hijos se encuentra solamente en el Evangelio según San Mateo (21, 28-32). Un agricultor tenía dos hijos. A ambos les dio la misma orden: vayan a trabajar a la finca. El padre esperaba de ambos el cumplimiento de su mandato. </p>
<p>Pero uno le dio palabra de ir, pero luego no fue. El otro le dijo que no iría, pero luego recapacitó y obedeció. Jesús pregunta, ¿cuál de los dos hijos hizo la voluntad del padre? Obviamente, el que ejecutó lo mandado, aunque inicialmente rehusó la orden. El otro hijo, aunque ?dio su palabra? no la respaldó con su conducta.</p>
<p>Con este breve cuento, Jesús pretende transmitir la enseñanza de que la verdadera obediencia no está en las palabras sino en la acción. Por lo tanto, no son verdaderamente obedientes a Dios los que hablan de Dios o incluso le hablan a Dios, sino los que al fin y al cabo actúan de acuerdo con la voluntad de Dios, aun cuando con sus palabras y acciones se haya desentendido de Dios. </p>
<p>La parábola da pie, sin embargo, a una reflexión más amplia en torno a la relación entre lo dicho y lo hecho, entre la palabra y su ejecución. Un hijo ?dio su palabra?, pero luego no obedeció. De palabra quedó bien con su padre, pero luego lo contrarió en la acción. </p>
<p>Ese hijo manipuló a su padre. La palabra y el discurso tienen su ética. Por la mentira engañamos y manipulamos al prójimo. Al decir la verdad le mostramos al interlocutor el respeto que nos merece. </p>
<p>Cuando decimos ?te doy mi palabra?, comprometemos nuestro prestigio y dignidad y reconocemos la dignidad del interlocutor, a quien le debe bastar la palabra dada para otorgar la confianza pedida. Sólo la conciencia de la dignidad del interlocutor nos impide manipularlo con palabras sin contenido ni consecuencia.</p>
<p>Sin embargo, vivimos tiempos en que la palabra está devaluada. Los profesionales de la palabra tenemos mermada la credibilidad. No confiamos en las palabras de los políticos, dudamos de la de los jueces y abogados, sospechamos de la de los informadores y no sé hasta dónde se da crédito a la de los sacerdotes y pastores. </p>
<p>En la campaña política pasada, la fórmula que aseguró el éxito fue la habilidad de decir a cada audiencia lo que quería oír y prometer a cada grupo lo que deseaba escuchar. Todavía puede ser fórmula ganadora para la campaña del próximo año. </p>
<p>El discurso es un ingrediente tan esencial para la convivencia humana, que la palabra bien dicha nos sigue seduciendo, aunque sea falaz. La palabra volverá a recuperar su valor cuando la empleemos, no para encantar y embrujar con el fin de ganar adeptos, sino para generar acción, desencadenar procesos constructivos y crear confianza. Eso ocurrirá cuando la palabra se pronuncie con respeto para el interlocutor.</p>
<div class="gsp_post_data" data-post_type="post" data-cat="opinion" data-modified="120" data-title="LA BUENA NOTICIAPalabra y verdad" data-home="https://www.prensalibre.com"></div>]]></content:encoded>
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