Editorial

Dispendio contradictorio

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La Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad (SAAS) surgió como parte de los Acuerdos de Paz firmados en 1996 y su finalidad era dejar en manos civiles el control de la seguridad del presidente. Desafortunadamente, los manejos politiqueros de sucesivos gobiernos deterioraron la institución, al colocar en su dirección a personas sin experiencia ni carrera en esa rama específica de la seguridad, lo cual devino en espionajes, contubernios, zalamerías y hasta el manejo dispendioso de los recursos.

En el gobierno anterior surgieron denuncias de compras de finas viandas, artículos de lujo y pago de pasajes aéreos que inflaron su presupuesto. Este año, aunque se ha reducido relativamente el gasto, continúan las adquisiciones de insumos como camarones, carpaccio y finas carnes, cuyo costo, además, está por encima del promedio de mercado pese a que son compras mayoristas, tal como lo presenta Prensa Libre en un reportaje en la edición impresa de hoy, y sin que la Contraloría General de Cuentas revise al menos la naturaleza de los contratos y sus procesos de adjudicación. El mayor rubro para la SAAS sigue siendo el pago de plazas, con Q69.8 millones, indemnizaciones por Q17 millones y el de alimentos de Q10.3 millones, según la publicación.

En un país donde el 29% de la población se encuentra bajo el umbral de extrema pobreza -vive con menos de US$1 al día-, que este año ha registrado 13 muertes de niños por desnutrición y hasta octubre último se reportaban 24 mil 202 casos de desnutrición aguda y un 49% de menores padece desnutrición crónica -que limita su desarrollo físico y cognitivo-, tal gasto es contradictorio.

Es bastante probable que surjan los recurrentes corifeos que justifiquen tal nivel de vida para ciertas autoridades. También puede argüirse que se trata de una entidad creada para atender a los gobernantes a fin de que puedan concentrarse en sus demandantes labores administrativas. Pero tal apología queda en el aire en razón de las mismas promesas que hizo Alejandro Giammattei Falla desde sus primeros días como candidato: ofreció suprimir la SAAS.

Asimismo, aquel 23 de junio de 2019 declaró con toda vehemencia de los primeros días de su candidatura: “Nuestra bancada presentará la iniciativa para que, de urgencia nacional, desaparezca la SAAS. No necesito 1,100 personas para mi seguridad. Si trabajamos bien, los 20 millones de guatemaltecos serán mis mejores guardaespaldas”. Pasado el 14 de enero la promesa se diluyó entre dilaciones, silencios y salmón. Es posible que, por ley, no fuera tan sencilla la supresión o sustitución de la entidad, pero ni siquiera se ha producido un intento serio y público de reinvención, al menos para optimizar sus funciones y evitar más desgastes a la administración. Se puede argumentar que la pandemia vino a alterar la agenda gubernamental y lo mismo puede suceder con el desastre de la tormenta Eta.

No es el único ofrecimiento pendiente. En campaña, cuanto todos los aspirantes son pródigos en promesas, Giammattei dijo que impulsaría la separación de Guatemala del anodino Parlamento Centroamericano, una fuente de gastos, impunidad y cargos inservibles. Diez meses después no se ha movido un solo dedo en ese sentido y ello abona también en contra de la credibilidad de quien no quería ser recordado como un presidente más y que, de seguir así, en 2024 será un diputado más del Parlacén.