Efecto psicológico de toda agresión
Todo asalto y sobre todo las agresiones físicas, dejan una secuela muchas veces difícil de superar, tarea en algunos casos imposible para las víctimas, porque queda toda una gama de sensaciones de indefensión.
ESTOS HECHOS delictuosos tienen como característica demostrar de manera fehaciente y clara esa indefensión antes mencionada. Las víctimas son colocadas en el papel de objetos de caza y les queda una sensación adicional de temor, a veces con características de paranoia, esa alteración mental consistente en mantener una idea fija a toda hora. Es decir, en estos casos, la posibilidad de ser víctimas de otro ataque. Por ello los psicólogos aconsejan en todos los casos un tratamiento de duración y profundidad dependientes de la seriedad del hecho. Sin embargo, para la mayoría de personas eso es imposible: deben seguir trabajando a fin de ganarse la vida y ello se convierte en el mejor estímulo para lograr el retorno a una normalidad psicológica.
LA SENSACIÓN DE INDEfensión es proporcionalmente mayor según la persona se haya sentido segura porque tiene una casa protegida, o porque esa protección se mantenga omnipresente gracias a la participación de personal de seguridad. En el caso ocurrido en el Teatro Nacional, este último factor es muy evidente. Por aparte, después de ocurrido un incidente de esta naturaleza, toda persona al tratar de reconstruir mentalmente o con sus familiares cómo actuó y qué hizo antes, durante y después del hecho delictivo, por lo general tiende a no repetir —por ejemplo— el paso por determinada calle donde fue asaltado. Sin embargo, esto tampoco es una posibilidad realizable para la mayoría de ciudadanos de a pie del país.
LAS AGRESIONES TIENEN también otro factor, igualmente distinto y con mayor o menor profundidad según cada persona: la sensación de haber sido violado su círculo interno, su intimidad. Esto no tiene relación directamente proporcional a si el hecho está planificado o es simplemente el producto de estar en el mal lugar en el peor momento. Se puede decir lo mismo de la humillación implícita en este tipo de hechos, porque implican un golpe al orgullo, al amor propio y a la dignidad, todos ellos integrantes del conjunto de columnas de la defensa del yo, sin lo cual se producen una serie de efectos en la personalidad individual de cada uno. Esto en los casos de personas sin la presencia de los problemas psicológicos de una baja autoestima.
LA PROLIFERACIÓN Y LA persistencia de estos hechos delictivos, así como su “democratización” —en el sentido de poder sufrirlos cualquier persona sin distingo de edad, sexo, posición social o lugar de residencia o de tránsito— tiene como efecto un temor explicable. En una sociedad donde las mujeres son víctimas de tantos y tan variados tipos de abusos: sexuales, laborales, domésticos, etcétera, la proliferación de la violencia puede convertirse en la causa de una explicable sensación de debilidad. La vicemandataria podrá ahora comprender en mejor forma los resultados de las encuestas en las cuales el mayor problema de los guatemaltecos es la inseguridad, así como la urgencia de lograr mejores resultados en la lucha contra la delincuencia.
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