Opinión

MIRADOR

GuateUSA: el Estado 51

Pedro Trujillo

Pedro Trujillo

La foto de un humillado “Presidente de la República”, anunciando el cese forcivoluntario de su yerno y secretario privado, bajo el tutelaje y la penetrante mirada del embajador de los Estados Unidos —míster Robinson— situado en retaguardia, es una escena entre dantesca y surrealista. Algo que Dalí hubiese pintado, pero que nunca imaginó.

Las principales amenazas a la seguridad de los USA son el terrorismo yihadista, el ciberterrorismo, el lavado de dinero, el crimen organizado (narcotráfico incluido) y la migración ilegal, y quizá hasta por ese orden. Su política exterior responde, precisamente, a los objetivos de su política doméstica y el esperpento descrito arriba lo corrobora.

Sin embargo, es preciso detenerse en un teórico principio rector de las relaciones internacionales, contemplado en las primeras líneas de la Convención de Viena: “la no injerencia en asuntos internos de los Estados”. Si se acepta, es muy posible que sigamos tan mal como estamos, porque nadie sacaría la basura política que hay que desechar. Si se refuta, se justifica la intervención porque a fin de cuentas nos beneficia lo que otros hacen. Lo malo de ese tipo de juicios flexibles y acomodados es que, siendo consecuentes, hay que dar por buena la intervención de 1954 y otras que se hayan podido dar. No es posible, si se quiere ser coherente, aceptar el precepto cuando conviene y rechazarlo cuando no gusta. De ahí la necesidad de reflexionar seriamente sobre ello.

La casta política guatemalteca es experta, casi toda ella, en practicar hábilmente distintas formas de corrupción, de ahí que los USA decidieran ponerle freno a los desmanes de criminales con derecho de antejuicio, escolta policial, patente de corso y tratamiento de “honorables”. El mensaje directo y “sofisticado” que envían los norteamericanos es que enviarán un polígrafo; el indirecto, que son ellos quienes cogobiernan —o gobiernan— tras la salida de Baldetti y de otros señalados. Además, que las cosas se harán a su manera —como cantó míster Sinatra— o deberán asumir las consecuencias todos los señalados en confesión colaborativa en Miami (Marllory Chacón) o Denver (Portillo). También envían otro recado claro a los candidatos que se postulan, al sistema financiero/fiscal y a los desmanes en aduanas terrestres, aéreas y marítimas, que pueda incidir en su seguridad. No hay temor mayor ni peor consecuencia para los mañosos —cada vez aparecen más— que le quiten la posibilidad de ir a ver a Mickey o les embarguen bienes delictivamente adquiridos.

Pero no nos engañaremos, los USA no nos ayudan per se, sino que implementan su política exterior con el realismo que los caracteriza, aunque en esta ocasión cachamos tajada porque limpian el sistema nacional de personajes corruptos y contaminados por la forma tan podrida de hacer política. Echo en falta, como en otras ocasiones, a quienes han venido criticando el intervencionismo del 54 y ahora callan o aplauden este otro. ¡Bueno, es esa doble moral de ciertos personajes que cada vez sorprende menos!

Cortadas las barbas de algunos, los candidatos pondrán las suyas en remojo y seguramente reconducirán su actuar, al menos mientras dura el tsunami. No tengo tan claro que el agarrón por la taleguilla al que tienen sometido al “Presidente” sea eterno ni que ello sirva para enjuiciar a todos los ladrones que han pasado por ministerios, curules y otros cargos. Lo que sí queda diáfano es que cuando uno quiere cola, es Pepsi o Coca, porque no hay manera de escapar del tutelaje de Washington.

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