Opinión

Ventana

El mito de la separación

Rita María Roesch

Rita María Roesch

La imagen en la  primera plana  del  domingo  5 de agosto  de Prensa Libre  era la  de una  playa cubierta de toda clase de  desechos, especialmente plásticos.   El título era directo ¿Vivir sin plástico?  Cuestiona nuestro sistema de vida. Todos sabemos que  el plástico  ha sido una herramienta  muy útil  pero tiene un lado  oscuro,  no es compatible con la vida natural  de nuestros ecosistemas.  Los mata y si acaba con ellos, tarde o temprano acabará con nuestra propia vida humana. ¿Qué estamos haciendo para solucionarlo?

Casualmente el domingo 5 de agosto caminaba yo por la playa cuando vi a una pareja joven empujando un carruaje que llevaba a un bebé no mayor de dos meses de edad. Admiraba a la familia cuando me percate de que el papá maniobraba un dron que, en un segundo, aterrizó en su mano derecha. En ese instante tuve un sobresalto que me retrocedió 60 años atrás. Mi primera salida fue al mar a los 40 días de nacida y de acuerdo a mi mamá, el avión con que jugaba en la playa mi papá estaba hecho de madera balsa. Me sonreí y pensé internamente: “los avances tecnológicos desde entonces han sido la supercarretera que ha generado cambios trascendentales en nuestros sistemas de vida en el planeta. Pero, a mi juicio, el cambio más importante es el de cambiar de mentalidad al reconocer que el planeta es nuestro hogar, que estamos indisolublemente unidos a él, pero no lo hemos hecho, sigue prevaleciendo la visión de mi generación que cayó del cielo como un paracaidista… “con un sentimiento de aislamiento humano con la naturaleza”, así lo expresó el filósofo Merleau Ponty. El contexto natural, prístino, en el que crecimos era un paraíso y lo peor de todo es que lo dábamos por garantizado. Es por eso que el mito de la separación del mundo natural que nos rodea ha contribuído al proceso de destrucción del planeta. Actualmente amenaza la vida de las jóvenes generaciones, la de nuestros hijos, nietos, como la del bebé que admiré en el carruaje ese domingo pasado en la playa.

"Guatemala, en Cop2010 en Nagoya, Japón, fue incluida como uno de los 19 países. “megadiversos” del mundo".-

Unido al problema del plástico tenemos otro reto a escala mundial y es el calentamiento global. Si se dispara el CO2 en la atmósfera, el aumento de la temperatura de la Tierra generará más sequías, se acidificarán las aguas en los océanos, se incrementará el deshielo en los polos y por lo consiguiente aumentará el nivel de sus aguas. Habrá muertes masivas y desplazamiento de poblaciones humanas y de animales. Es urgente reducir las emisiones de carbono a nivel global o corremos el riesgo de que el clima cambie de una vez por todas y sea irreversible. Estos escenarios son escalofriantes. La forma en que explotamos al planeta nos está llevando a un punto de inflexión muy peligroso. Y lo que más me asusta es que vemos venir esa terrible amenaza y ¿qué estamos haciendo?

Los guatemaltecos en el contexto de las emisiones de carbono no tenemos mucho peso, pero en el panorama ambiental a escala mundial el enfoque debe ser en la adaptación al cambio climático y en mantener nuestra biodiversidad. En la Cop2010, en Nagoya, Japón, Guatemala fue incluida como uno de los 19 países “megadiversos” del mundo. Ello significa que juntos albergan más del 70% de la biodiversidad de la Tierra. Ese nombramiento implica una enorme responsabilidad. Es imprescindible proteger y conservar nuestros ecosistemas. Este potencial natural es uno de nuestros grandes recursos en este tercer milenio. Si Guatemala invierte en una economía humana en alianza con la naturaleza seremos un “nicho de vida indispensable en el planeta”. Es por eso que, desde ahora, el Clarinero recuerda que, “en el 2020 la ONU estará revisando el plan estratégico global de biodiversidad”.