SI ME PERMITE

Escuchemos los consejos pero nunca a ciegas

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“Escuchad el consejo del que mucho sabe, pero sobre todo escuchad el consejo de quien mucho os ama.” Arturo Graf

Entre los que nos rodean tenemos aquellos que hacen lo que creen que es lo correcto y los otros que se toman el tiempo de preguntar y pedir consejo para de ese modo reducir a lo mínimo los errores que en la vida se comenten.

La realidad es que uno no puede simplemente pedir consejo al primero que encuentra en la vida, lo correcto es pedir el consejo a aquellos que en su desempeño en la vida tienen un proceder que en el simple observar lo instruyen y lo desafían para que uno mejore cada día el desempeño y de esa manera alcanzar las metas que se traza.

Comúnmente existen los que nos ofrecen consejo aun cuando nunca se les ha pedido, por ello es necesario preguntarse qué hacer con el consejo recibido, aceptarlo, rechazarlo o simplemente ignorarlo.

Extrañamente uno observa a aquellos que le ofrecen el consejo que no se les pidió, que ellos mismos no siguen las sugerencias o recomendaciones que están dando, y simplemente eso nos tiene que poner en alerta, y preguntarse cuál es la razón de recibir consejos de alguien que no los ha puesto en práctica.

Es mucho más racional ver a aquellos que siguen las ideas de los que han logrado algo en la vida, porque sus propias vidas y comportamientos invitan para que uno los imite y no hacen falta los consejos.

Claro está que uno necesita muchas veces de un consejo cuando las disyuntivas de la vida lo ponen en aprietos y más de una opción se mira favorable, entonces nos preguntamos cuál es la correcta. Es bueno acercarnos a aquellos que en la vida han tenido un progreso y en este han demostrado responsabilidad y además lo han hecho sin la necesidad que los demás lo admiren, sino simplemente porque era un deber el hacerlo.

Debemos interpretar los consejos recibidos más allá de lo que simplemente escuchamos, debemos visualizar el consejo para ver cómo funciona en la realidad de la vida y en el medio donde cada uno de nosotros se desempeña. Por ello cuando se nos dice algo debemos estar seguros que estamos entendiendo lo que se nos dice y una vez entendido tomar el tiempo de interpretar como se aplica a nuestra realidad, porque no somos iguales todos y no se puede simplemente aceptar todo.

Es tan sencillo aconsejar a alguien, al fin al cabo es saber elaborar una descripción de lo que debe hacer, otra cosa es lo que se ha visto poner en práctica y vivirlo. Es fundamental entender que la vida presenta escenarios panorámicos y los consejos que se reciben deben poderse cultivar en esa panorámica.

Claro está que no siempre la panorámica del que es aconsejado coincide con el consejero y si eso no se toma en cuenta puede que el final sea catastrófico, porque no solo no se pudo implementar el consejo sino el daño y el error que trajo lo pueden llevar a un estado irreversible.

Los consejos que recibimos deben llevar varias etapas para provecho, primero buscarlos en el lugar y en la persona correcta, luego saber escucharlo para entenderlo y luego planificar el modo y la manera en que se asimilará el consejo para que dé el provecho que se está esperando.

Seamos sabios en no ser presa de consejeros que no nos favorecen, pero seamos suficientemente humildes para recibir un consejo y también saberlo agradecer, porque por lo que se nos aconsejó hemos llegado a dónde estamos y siempre ha sido para nuestro bien.

samuel.berberian@gmail.com

ESCRITO POR:

Samuel Berberián

Doctor en Religiones de la Newport University, California. Fundador del Instituto Federico Crowe. Presidente de Fundación Doulos. Fue decano de la Facultad de Teología de las universidades Mariano Gálvez y Panamericana.

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