EDITORIAL

Incoherencia desmesurada

El desproporcionado e injustificado crecimiento de la burocracia adquiere ribetes de dramatismo cuando se contrasta con otras acciones gubernamentales que permiten dimensionar la crítica ruta por la que avanza el país. Cuando se incrementan las plazas sin atender criterios de calidad, necesidad y proyección, se corre el riesgo de caer en un vulgar clientelismo, como ocurre con esta y las anteriores administraciones.

El crecimiento de la burocracia no es malo en sí mismo, sino que se vuelve un tema de preocupación cuando nadie puede explicar el destino de miles de nuevas plazas, si es que existen, y en contraste esto ocurre a la par de otros problemas que no reciben la debida atención, como es la desnutrición infantil, o la pesadilla que se cierne sobre miles de familias, por la falta de lluvia.

La desmesurada contratación de personas cercanas a las roscas de poder se une a otras muestras de dispendio, como es la adquisición de bienes inmuebles o el alquiler de ostentosas oficinas, mientras un elevado número de guatemaltecos afronta las peores penurias ante la escasez de alimentos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió hace pocos días de que la prolongada sequía ya dañó el 80 por ciento de los cultivos de maíz y frijol en el oriente del país, lo cual no solo ha provocado una escasez de granos básicos, sino que ha implicado el encarecimiento de otros artículos de primera necesidad.

Mientras eso ocurre a miles de guatemaltecos en una de las franjas del Corredor Seco, este gobierno ha mantenido un ritmo de contrataciones injustificable que implica que prácticamente 20 personas sean contratadas cada día en el sector público, sin que se sepa cuál es la necesidad de esas plazas, y paralelamente se denuncia un claro boicoteo a la elaboración de un censo en el sector público.

Anualmente ese clientelismo requiere que el presupuesto de gastos en el gobierno central aumente en alrededor de 20 millones de quetzales, en promedio, lo cual, cuando no se traduce en mejoras, solo acentúa el clientelismo, propio de gobiernos débiles, lo cual va en detrimento de servicios de calidad, pues un análisis más minucioso revelará que muchas de esas nuevas plazas obedecen a requerimientos de diputados oficialistas, tránsfugas y funcionarios del Ejecutivo, y no a una estrategia para optimizar los servicios.

Entre el dispendio burocrático y la precaria atención a sectores vulnerables se acrecienta la percepción de la inutilidad y el derroche de recursos que podrían ser mejor empleados en sectores con mayor necesidad, como las más de 200 mil familias afectadas en el Corredor Seco por la prolongada canícula, para lo cual el ministerio respectivo cuenta con menos de 25 mil quetzales.

El gobierno central tiene que mostrar más coherencia en sus acciones, pues al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación se le han reducido Q65 millones de presupuesto en los últimos meses, mientras otras dependencias continúan el derroche o los gastos inútiles, como la fabricación de uniformes militares, como si la función pública tuviera que ser un espectáculo circense.

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