CATALEJO

Jimmy Morales, o la palabra incumplida

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MAÑANA, JIMMY MORALES pronunciará en el Congreso, según ha dicho, su primer informe de gobierno. Pasado un año desde su llegada a la primera magistratura de la nación, sus palabras —no tengo duda— se centrarán en los logros a su juicio obtenidos por él y su equipo de trabajo. Se cumplirá de nuevo el viejo aforismo según el cual las cosas son como son realmente, no como una determinada persona cree. Todo gobernante tiene la tendencia a exagerar la importancia de los logros, cuando los hay, y a repudiar los criterios de quienes no se encuentran en el círculo muy cercano, casi siempre integrado por gente en realidad interesada en quedar bien o en conservar el puesto. Cuando terminan su período, se dan cuenta de la realidad.

HACE UN AÑO, en el Teatro Nacional, el entonces presidente, recién estrenado, señaló su deseo de ver “el anochecer de la corrupción y el amanecer de la transparencia”, por lo cual prometió luchar contra este flagelo “desde el primer día”. Luego criticó a quienes “se ganan la vida dividiendo a los guatemaltecos”, y dijo entre aplausos “que las cosas pueden ser como deben ser” y “no hay soluciones mágicas, pero sí magia en el trabajo colectivo”. Anunció su decisión de repartir medicinas donadas y luego hizo el show de pedirle a los presentes ponerse de pie y prometer trabajar por el país. Se afianzaron las esperanzas de quienes votaron por él, pero luego la realidad política se impuso: estaba solo y no dudó en llenarse de tránsfugas.

PERO ESO FUE SOLO EL principio. Conforme pasaron las semanas, se afianzó esa soledad, con el agravante de una serie de errores adicionales de todo tipo cuyo peor efecto fue la disminución a niveles mínimos de la imagen de seriedad necesaria en toda figura presidencial. Escándalos, problemas legales con sus familiares cercanos, declaraciones causantes de hilaridad, molestia o preocupación ciudadanas, echaron por tierra las esperanzas de los tantos miles de votantes a su favor. En un país donde la figura política presidencial tradicionalmente ha sido la más importante, esa importancia desapareció y de alguna manera pasó al Congreso, donde está centrada ahora la percepción, aunque sea equivocada, de ser el centro político real.

DEBIDO A ESAS CAUSAS, EL informe de mañana será una especie de guía de turistas a “Jimmylandia”, país existente sólo en la mentalidad de quienes se encuentran en el inefectivo círculo cercano de gobierno, con el agravante de estar seguros de ser una realidad y de considerar malos a quienes critican, independientemente de la solidez de los argumentos esgrimidos. También se repetirá un fenómeno: la destrucción de la esperanza de quienes votaron a su favor, y en esto se parecerá, de hecho, a los demás gobernantes, cuya llegada tuvo la orla del apoyo ante las promesas abrazadas por los ciudadanos a causa de la imperiosa y explicable necesidad de creer en algo y en alguien, así como de considerar imposible hundir aún más al país.

SIN DUDA HABRÁ NUEVAS frases, otras promesas, más histrionismo. Pero eso será todo. La experiencia hace darse cuenta a los guatemaltecos de encontrarse frente a un personaje con imposibilidad total de ejercer el liderazgo urgente, porque en realidad no tiene gente a quién guiar. Sus correligionarios son los primeros en no hacerle caso. Los comentarios acerca de ese discurso sólo servirán, como de hecho ocurre con este artículo, a analizar el año entrante para el segundo informe de gobierno, la larga lista de promesas incumplidas porque no es posible tener resultados diversos si se sigue haciendo lo mismo, o peor. A causa de ello, mañana con seguridad habrá más motivos para decepcionarse de la clase política guatemalteca.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

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