Opinión

Aleph

La migración como práctica social

Carolina Escobar Sarti

Carolina Escobar Sarti

La Caravana Migrante no se formó en un día. Este éxodo humano que empezara a mover unos mil pares de pies hondureños el 13 de octubre del 2018 inició hace mucho en nuestra región expulsora, corrupta, miserable y violenta. Es una práctica social que hoy tiene la connotación de huida, sobre todo en Honduras, El Salvador y Guatemala, y se calcula que suma ya más de siete mil personas.

A grandes rasgos podemos decir que en la parte final del siglo XX, quienes migraron fueron principalmente hombres jóvenes. En las primeras décadas del siglo XXI, sobre todo en el 2014, más mujeres, niños y niñas (estos últimos incluso no acompañados) se fueron sumando a los flujos migratorios. En este éxodo del 2018 hay unidades familiares completas migrando. Esto habla fuerte de una realidad de muerte y miseria que se ha venido construyendo poco a poco, piedra sobre piedra, en varios países de la región. A eso llamo la migración como práctica social, construida lentamente. El hecho de que un día toman la decisión tiene que ver con la latencia de una serie de carencias y violencias sostenidas en sus propias vidas por demasiado tiempo.

En nombre de la estabilidad regional que responde a la agenda hemisférica de seguridad de Estados Unidos, se han sostenido gobiernos ilegítimos y corruptos en la región, que para funcionar han necesitado también de la complicidad de socios locales y del debilitamiento institucional de los Estados. Es una realidad que Estados Unidos está muy cerca nuestro y tiene que proteger sus intereses, pero nuestro propio pacto de corruptos, compuesto por ciertas élites políticas, económicas, militares, religiosas y hasta académicas, ha contribuido mucho al estado de cosas en la región. La corrupción no es la causa o la consecuencia de todos nuestros males, sino el método que se ha usado para sostener un orden inhumano, indigno e injusto. ¿Es tan difícil entender que mientras no tengamos educación, salud, paz, alimento, techo y justicia, vamos a seguir siendo países expulsores? O Estados Unidos nos da una mano para entrarle de frente al pacto de corrupción y al tema de justicia en nuestros países o seguirá habiendo éxodos de migrantes y problemas en sus vecindades.

Trump amenaza con quitarle la ayuda a estos países si la caravana llega al suyo, pero veamos esto: en el 2017, para Guatemala, El Salvador y Honduras fueron aprobados US$697 millones; para el 2018, US$615 millones; para el 2019 ya se tenía aprobada la suma de solo US$180 millones. ¿Son estos US$180 millones los que amenaza con retirarnos? ¿No debe pasar toda decisión del gobierno federal por el Congreso? Y si cuantificáramos las remesas que los migrantes envían a los tres países, ¿sería mayor la inversión de ellos acá o la del gobierno estadounidense?

A James Morales no es la historia la que lo juzgará, somos muchos ahora. Como parte del pacto de corruptos, gobierna de manera ilegítima y sin una visión de mediano y largo plazo. Morales ni siquiera respetó el Acuerdo CA-4 de libre movilidad entre países centroamericanos, y es el único Estado del mundo que no ofreció ninguna ayuda a los migrantes en tránsito. Algo que sí hicieron las poblaciones a lo largo de la ruta y la Casa del Migrante, que sigue abriendo sus puertas, su esfuerzo y su corazón a los miles que se han sentido por algunas horas bienvenidos, respetados y seguros.

Del otro lado del mundo, por la bota europea, también entran hoy miles de migrantes procedentes de África al viejo continente. Están en iguales condiciones que los centroamericanos que migran al norte, y en idénticas a las que estuvieron aproximadamente 55 millones de europeos entre 1821 y 1924, cuando migraron al continente americano. Y aún nos falta ver las migraciones por las consecuencias del cambio climático. La gente migra porque busca la vida, y lo seguirá haciendo. Veremos qué hacen los gobiernos.

cescobarsarti@gmail.com