Opinión

Cable a tierra

Los costos humanos de la corrupción

Karin Slowing

Karin Slowing

Los pocos logros de desarrollo que se habían logrado acumular desde la firma de la paz se están desvaneciendo. La última actualización que hizo la Oficina Mundial del Informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas muestra que el índice de desarrollo humano (IDH) para Guatemala comienza a estancarse. Con un valor de IDH de 0.650 compartimos el mismo puesto (127) en el ranquin mundial con la República de Tayikistán, exrepública soviética del Asia Central. Solo Honduras, cuya ciudadanía también está luchando contra una cleptodictadura electa con trampa constitucional, está, tristemente, peor todavía que Guatemala. A pesar de sus enormes problemas económicos, El Salvador se encuentra en el puesto 121 y Nicaragua, en el 124 —precrisis—. Panamá —puesto 66— y Costa Rica —puesto 63— hace rato que se desprendieron del pelotón y siguen subiendo en el ranquin.

El indicador que más progresó en Guatemala fue el del ingreso per cápita, lo que muestra una vez más cómo la riqueza que se genera en el país si tendría el suficiente potencial para sacar a todos mínimamente de la pobreza extrema aún en las condiciones actuales, si no fuera por la enorme desigualdad que impera. Esto se muestra al ajustar el IDH por esta variable: el país pierde cerca del 30% de su valor de IDH. Si se reacomodara el ranking mundial con base en este parámetro, Guatemala pasaría del puesto 127 al puesto 173, posicionado entre Etiopía y Yibuti, países con bajo desarrollo humano ubicados en África del Este.

Las pérdidas de valor de IDH —que mide la expectativa de vida al nacer, el promedio de escolaridad, y el ingreso per cápita— se dan por desigualdades en el nivel de ingreso —32%— y desigualdades en la escolaridad promedio —35%—. Según este índice, para el 2018 la escolaridad promedio esperada para Guatemala debió ser 10.8 años de estudio; pero solo se alcanza a tener 6.5 años en promedio: ¡Esto significa que la escolaridad promedio de la población apenas si equivale a cursar completar la primaria! Además, el IDH para las mujeres es más bajo que el de los hombres —0.630:0.665— y dicha diferencia obedece principalmente a que el ingreso per cápita de las mujeres es ostensiblemente más bajo.

Al revisar los indicadores de calidad del desarrollo humano que ahora produce también la Oficina Mundial del IDH, y que toman en cuenta la disponibilidad de servicios de salud, educación y que mejoran condiciones de vida, se observa que Guatemala se ubica en el grupo de países que ofrecen menor calidad de desarrollo. Esto se debe, esencialmente, al colapso de su capacidad de prestar servicios públicos: salud, educación, agua, saneamiento, energía eléctrica, y de promover el empleo.

Como el índice de desarrollo humano es un indicador que mide los cambios de largo plazo, no es posible atribuir la ralentización de la progresión del IDH a la gestión actual; sin embargo, sí se asocia mínimamente, a la gestión anterior, pues hasta el año 2015 el IDH venía progresando a ritmo más acelerado. No es difícil de entender que el saqueo despiadado del Estado y la falta de inversión en el bienestar de la gente que caracterizaron los años previos al estallido de la crisis del 2015, se vean reflejados ahora en el IDH. Imaginemos entonces lo que se puede esperar de esta medida en un par de años, cuando se refleje la falta de inversión y de ejecución del gasto público del gobierno actual.

Constataremos pronto cómo la prioridad que el gobierno de Morales le puso a luchar contra la Cicig se traducirá en más hambre, más pobreza, más desnutrición y jóvenes sin oportunidades que terminarán, inevitablemente, buscando su futuro en otra parte. ¡Vaya forma de dispararse en el pie!

karin.slowing@gmail.com