Opinión

Liberal sin neo

Por qué los peores se ponen arriba

Fritz Thomas

Fritz Thomas

En la próxima contienda electoral, habrá un gran número de candidatos seducidos por el olor a la guayaba. ¿Serán lo mejor que puede ofrecer la sociedad? 

En El camino a la servidumbre (1944), Friedrich Hayek incluye un capítulo con el título “Como los peores se ponen arriba”, donde argumenta que los líderes que dominan regímenes totalitarios están dispuestos a hacer “lo que sea” para alcanzar el poder y conservarlo, sin limitaciones morales o de otro tipo, que da por resultado que los “peores” ganan el poder. Este libro fue publicado en plena Segunda Guerra Mundial y Hayek tenía en mente a dictadores totalitarios como Stalin y Hitler, que asesinaron a millones de personas para alcanzar sus fines políticos y mantenerse en el poder; estaban dispuestos a hacer lo que muy pocas personas harían y en este sentido eran “los peores”, contra quienes “los mejores” no podrían competir.

Dos décadas después surgió la escuela de opción pública —public choice— liderada por James Buchanan, Gordon Tullock, Mancur Olson y otros. Uno de los elementos más importantes de este enfoque fue dejar de analizar a los políticos y gobiernos como actores del bien que solo se preocupan por el bienestar de los demás, y examinarlos como agentes que buscan beneficios y responden a incentivos, es decir, personas de carne y hueso a la “caza de rentas”. Un trabajo reciente, Por qué los peores se ponen arriba; corrupción en democracias (2018) de Coats, Schwartz & Karahan, propone que no solo en dictaduras, sino también en democracias, existe la propensión a que los peores se pongan arriba.

En el mercado político, el actor sin escrúpulos e inhibiciones que está dispuesto a violar la ley y utilizar fondos y recursos de dudosa procedencia es un productor de “bajo costo”. El político honesto y con escrúpulos, por el contrario, es un productor con costos altos y lleva las de perder. Muchas personas de alta capacidad y honorabilidad no participan en procesos políticos precisamente porque no están dispuestos a hacer lo que harían sus competidores de bajo costo. Este fenómeno es más pronunciado en la medida que prolifera la corrupción en la política y en el gobierno.

Hayek sugiere que en la política se da la aplicación especial de dos principios generales. El primero es que individuos competirán contra otros a través de medios políticos por el acceso a rentas o retornos, donde el beneficio excede el costo de alcanzarlos; este es el principio de la caza de rentas. El segundo es que los productores de bajo costo prevalecen sobre productores de alto costo; este es el principio de eficiencia. Políticos corruptos en democracias se convierten en los competidores de menor costo porque no incurren en el “costo psíquico” de violar las reglas. Además, se benefician más de ganar elecciones en virtud de su disposición e interés de enriquecerse en el poder y por ello tienen más que ganar. Por tanto, tienen incentivos más fuertes para invertir y ganar elecciones.

Al examinar los integrantes de la estructura de poder político en el país, con contadas excepciones, es válida la pregunta: ¿están los mejores arriba? Más de 25 partidos políticos competirán en la próxima contienda electoral, proponiendo candidatos a la presidencia, diputados y alcaldes. ¿Esto es lo mejor que hay, o se pondrán arriba los peores? Uno de los principales objetivos del marco institucional y el diseño de las reglas de los procesos políticos tendría que ser encontrar la forma de promover la participación de los más calificados y honrados y lograr que sean los mejores los que se ponen arriba.

fritzmthomas@gmail.com