Opinión

Ventana

Un museo itinerante

Rita María Roesch

Rita María Roesch

Mañana es 15 de septiembre. Surge de nuevo en mi mente la  imagen oficial  de nuestra independencia que  presenta a  doña Dolores Bedoya de Molina exclamando:  ¡Viva la independencia!  Algunos  historiadores consideran que  su grito fue urbano,  no alcanzó al resto de la población. “Nuestra  independencia sigue en proceso”, murmuró el Clarinero, porque nuestra identidad nacional es  multilingüe y pluricultural. Sin embargo,  no todos los chapines lo consideran así.  Por ello no nos hemos integrado  como país.  En mi opinión ha faltado  un diálogo intercultural para retejer nuestra sociedad diversa culturalmente.   Espero que en este nuevo milenio encontremos esa tercera vía nacional que nos una como país. Solo juntos podremos  enfrentar   los  retos del desarrollo.  Cuando esto ocurra, la escena de doña Dolores Bedoya de Molina, y su grito de independencia,  que ha permanecido congelada  en mi mente, cobrará vida.

Esta reflexión en voz alta viene al caso porque, para mí, fue muy emocionante saber que el equipo del Parque Arqueológico Nacional Tak’alik Ab’aj se convirtió en un museo itinerante para participar en la Bienal de Arte, Educación y Cultura 2018 que se llevó a cabo en la ciudad de Retalhuleu la última semana de agosto. Su presencia en la Bienal generó un enriquecedor diálogo intercultural. Los niños y jóvenes estudiantes retaltecos tuvieron la oportunidad de conocer la extraordinaria historia de Tak’alik Ab’aj (TA). La presentación se hizo en tres fases. 1. Se dieron tres charlas magníficas. La primera versó sobre “Tak’alik Ab‘aj, Ciudad Milenaria”. Fue una ciudad habitada durante ¡mil 700 años, de manera ininterrumpida! Una lección de su increíble legado es que la ciudad fue el escenario donde se dio la transición de la cultura olmeca a la maya. Como “ciudad puente” testifica que el genio humano es capaz de evolucionar de un sistema cultural a otro. La segunda charla: “El Mundo Natural de Tak’alik Ab’aj”. La ciudad fue construida íntimamente unida a su paisaje profuso en plantas y animales. Este mundo vibrante emite un sinfín de sonidos que fueron reproducidos por sus hábiles artistas. Ese fue el tema de la tercera charla: “Los Sonidos de los instrumentos musicales de Tak’alik Ab’aj.”

2. Una muestra fotográfica que presenta los hallazgos que se han realizado en el parque. La muestra estuvo presidida por una escultura monumental, de 2.30 m de altura, denominada “El Cargador del Ancestro”. La desafiante escultura, única en su género, es un monumento híbrido. El artista combinó dos patrones estilísticos: lo olmeca y lo maya, confirmando la hipótesis de que en TA se vivió esa transición de franca continuidad, sin rupturas. En las culturas mesoamericanas se usaba construir lo nuevo sobre lo viejo. Valoraban el pasado. Era un concepto orgánico, ajeno a nuestra mentalidad occidental, derivado de los patrones de cambio gradual. Es un fuerte mensaje para los chapines de hoy que nos resistimos a los cambios para avanzar.

3. Se mostró la maqueta de El Museo Caracol del Tiempo y un libro donde niños, jóvenes y adultos firmaron para que ese museo se haga realidad. Los arqueólogos Christa Schieber de Lavarreda y Miguel Orrego, directivos del parque, me comentaron que están por escribir el libro Los niños que sueñan el Museo El Caracol del Tiempo. Será un relato sobre un viaje mágico a través del tiempo en Tak’alik Ab’aj. ¡Desde ya lo imagino! Sugiero a Christa y a Miguel que la exposición realizada en la Bienal de Retalhuleu se replique en distintos puntos del país. Funcionaría como un “museo itinerante” para inspirar a los guatemaltecos a conocer su pasado ancestral y promover ese diálogo sobre nuestra multiculturalidad, que es una riqueza que nos diferencia entre las naciones del mundo, y que forma parte de nuestra vida unida indisolublemente a cada valle, montaña, río y volcán de Guatemala.

clarinerormr@hotmail.com