Opinión

Aleph

“Ya tocamos fondo”

Carolina Escobar Sarti

Carolina Escobar Sarti

Siempre decíamos que no podía haber nada peor y llegaba. Siempre que creímos ir saliendo, había un círculo más abajo; siempre un infierno más, como en el libro de Dante. A junio de 2018, la pregunta vuelve a surgir: ¿ya tocamos fondo? A mi criterio, enfrentamos la crisis política, social y económica más seria de los últimos 30 años. El Estado está capturado en medio de un pacto de corrupción que por fin tuvo nombre, la sociedad está muy informada pero sin capacidad de debatir en profundidad y llegar a acuerdos estratégicos; y el capital que emerge con fuerza es el del crimen organizado y el narcotráfico, sin lograr que buena parte del capital tradicional ofrezca salidas creativas a una situación que contribuyeron a crear.

Lo de hoy no es algo surgido por generación espontánea. Las elites de poder político, militar, económico, eclesial, académico y social han sido responsables de nuestra situación actual; analizarlo nos debería haber servido para aprender y caminar en otro sentido. Pero ¿cómo podría la mayoría ocuparse del buen vivir si estamos tan preocupados por sobrevivir? A Guatemala habría que reimaginarla, no reconstruirla; y eso requiere tiempo, sentido de proceso, acuerdos sociales mínimos y liderazgos fuertes. Requiere que nos perdamos el miedo.

De hecho lo estábamos logrando. Pero en las últimas semanas varias cosas me han llamado la atención: 1. Ante la crisis desatada por la erupción del Volcán de Fuego, quedó en evidencia un gobierno incapaz y sin más norte que el de defender sus intereses. 2. ¿Dónde han quedado las acciones impulsadas conjuntamente por Cicig y el Ministerio Público en contra de la corrupción? Eso enciende, en este momento, una de las alertas más sensibles en materia de impunidad y corrupción. ¿Por qué el tema ha perdido fuerza? 3. El retroceso de al menos una década de cara a los avances que se habían logrado en instancias de gobierno como los ministerios de Relaciones Exteriores y Gobernación, cuyas líneas de acción han demostrado con hechos y cifras ese atraso. Gente valiosa despedida o relocalizada fuera de la órbita del poder central, señales de un autoritarismo incuestionable, el incremento de secuestros, por un lado, y la postura frente a la crisis migratoria que enjauló a tantos niños y niñas, por el otro, bastarían para que en otras latitudes se cuestionara la capacidad de los funcionarios encargados. 4. La falta de independencia judicial y la supervisión arbitraria y constante a jueces y juezas independientes también activa las alertas en el ámbito de la justicia. 5. Las inyecciones presupuestarias, de insumos y los apoyos políticos al Ejército nos hacen cuestionar, de nuevo, el rol de las fuerzas armadas en un Estado democrático. 6. La visita de altos funcionarios de la administración Trump a Guatemala, que no son cualesquiera funcionarios, sino aquellos que tienen en sus manos las agendas política y de seguridad. Estamos en la órbita de EE. UU. y eso no puede dejar de considerarse cuando se mapean los escenarios reales y posibles de nuestro presente y futuro. 7. Las intentonas del Congreso de la República de aprobar rápidamente, en medio del desastre, una agenda de leyes de corte regresivo. 8. Los asesinatos de líderes comunitarios y de defensores del territorio.

Este país es complejísimo y todavía en las mismas familias o entre los círculos de amigos se abren brechas enormes apenas empezando a hablar. Nos falta sanar y aprender a disentir en paz. La corrupción ya enraizó en todo el Estado, hasta convertirse en una forma de vida. En la misma familia puede haber un corrupto que se resiste a perder privilegios y uno anticorrupción que apoya la permanencia de entidades como Cicig. Somos herederos de cajas mentales y burbujas que nos resistimos a dejar. Estamos en el fondo, y estudio tras estudio, vamos quedando como uno de los países más desiguales, impunes, corruptos y violentos del mundo. Por las buenas o por las malas, tendremos que volver a imaginarnos y caminar a favor de lo que es justo, digno y humano.