La rebelión de Guate

Samuel Pérez Attias

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Ese bajo costo atraería inversionistas de industrias intensivas en mano de obra, dándoles trabajo a los miles de guatemaltecos que nacen al día por culpa de la adicción al sexo irresponsable de los chapines. La mano de obra infantil debe ser promovida, la abundancia de niños permitirá que ensambladoras de partes pequeñas usen sus manitas pagando salarios bajos y producir globalmente a precios competitivos. La Iglesia deberá seguir condenando el control natal, para mantener el innovador modelo de rápido crecimiento económico.

Educación: debe eliminarse la educación pública. Los colegios serán exclusivamente privados, aunque en las poblaciones más pobres no haya escuelas, pues ningún emprendedor racional invertiría en un negocio donde las personas ganan salarios maquileros y donde es más rentable vender Pepsi, tor-trix y ropa de paca a la población, para su subsistencia, que ofrecer educación. Las empresas buscan, además, mano de obra no educada.

Medio Ambiente: como el calentamiento global es una mentira con objetivos antiempresariales, se deben eliminar todas las barreras ambientales y regulaciones que impiden la inversión minera, extractiva y depredadora. Los bosques y selvas hoy considerados áreas protegidas deben ser vendidos al mejor postor. Por ejemplo, es más rentable hoy talar la selva virgen y producir palma africana. Los jaguares, guacamayas y ocelotes correteando no generan empleos. ¿Para qué tener selvas, si eso produce menos dólares que el petróleo debajo? Tikal, Lachuá y los demás parques estatales deben ser convertidos en ciudades-maquila (charter cities), al igual que hace Honduras. De hecho, todo el país debe convertirse en una fábrica libre de intervención estatal e impuestos. Se atraerá a todas las industrias que son expulsadas de otros países por contaminar y violar básicos derechos humanos. Quien defiende los DDHH debe encarcelarse para que no interfiera con los mercados y su consecuente creación de riqueza. Es NEO-terrorismo.

Finalmente, debe privatizarse hasta el último centímetro de Guatemala. Eso permitirá que el PIB crezca aceleradamente aunque las ganancias salgan del país y/o las selvas y lagos estén en las pocas manos privadas que concentran la riqueza. Quien quiera nadar en Atitlán que pague la entrada. Esas políticas sacarán de la pobreza a quienes tienen el capital para invertir y el acceso a mercados necesarios para prosperar. Los manantiales serán privados, y el agua solo se podrá comprar a precios de mercado. A quien no le alcance el sueldo maquilero tendrá que dejar de consumir agua, regulándose así la sobrepoblación bajo la mano invisible de los mercados. Ah, ¡El paraíso libertario!

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