IDEAS
Sobrepoblación burocrática
Aunque casi todos nos hemos indignado por la revelación de los altos sueldos de los trabajadores del Congreso, creo más importante aún la confirmación oficial de la gigantesca sobrepoblación burocrática que existe en las instituciones del gobierno. Con planillas así —demasiadas plazas y además con sueldos desproporcionados—, no es de extrañar que el dinero “no alcance”. Lo que debe quedar claro es que, como lo hemos repetido hasta la saciedad, el problema no es de ingresos, sino de egresos.
El nivel de sueldos en el Congreso ha despertado una ola de indignación dentro de la población más que justificada. Pero lo peor es que se confirmó lo que varios venimos denunciando desde hace años: la gran cantidad de “trabajadores” innecesarios que abundan en las dependencias gubernamentales.
No se tienen datos exactos de la cantidad de personas que laboran en el Congreso, ya que falta saber cuántos están por contrato o como empleados temporales, pero se ha especulado que podrían ser hasta 2,900. Dependiendo de la cifra que tomemos, podría haber entre 13 y 18 empleados por cada diputado, lo cual, bajo cualquier análisis, es una exageración. ¡Cualquier empresa con ese overhead hubiese quebrado hace mucho tiempo!
El presidente del Congreso, Mario Taracena, declaró a los medios que por lo menos dos mil trabajadores estaban de más, lo que implica que más del 60 por ciento de los trabajadores no son necesarios. En una entrevista que concedió ayer a Libertópolis, Taracena comentó cómo, en las pasadas legislaturas, muchos diputados presionaban al presidente del Congreso para que pasara a sus trabajadores al renglón 011; es decir para que se quedaran con una plaza fija, aun cuando ellos ya no estuvieran en el Legislativo. Es así como a cada nueva legislatura llegan trabajadores que luego se quedan para eterna memoria, viviendo a costillas de los tributarios.
A esto hay que añadir las plazas para fantasmas. El caso más sonado ha sido el de Pedro Muadi. Sin embargo —según dicen las malas lenguas en el Congreso—, muchos diputados también cuentan con plazas para fantasmas, de las cuales ellos se quedan con buena parte de los sueldos. A Muadi lo delataron porque generaba muchos anticuerpos en el Congreso, pero los demás siguen allí. ¿Cuándo se perseguirá a esos otros diputados? ¿Cuándo se acabará con el negocio corrupto de las plazas para fantasmas?
Ahora bien, el Congreso es un reflejo —en pequeño— de lo que sucede a lo largo y ancho de toda la administración pública. La sobrepoblación burocrática no es exclusiva del Legislativo: cunde por todo el gobierno. Quizá no todos tengan los sueldazos de los trabajadores del Congreso, pero es notorio —y nosotros lo hemos denunciado desde hace mucho tiempo— cómo cada nueva administración lleva consigo una gran cantidad de nuevos “empleados”, a los cuales colocan en las distintas dependencias no porque sean necesarios, sino porque “colaboraron en la campaña”. La mayoría obtiene una plaza fija, lo que les permite continuar vegetando y viviendo a expensas de los tributarios mucho tiempo después de que sus “protectores” ya se fueron de allí.
Y eso sin contar las plazas para fantasmas que se rumora abundan también, principalmente en Salud y Educación. Es la historia de nunca acabar. ¿Será que Jimmy se atreverá a hacer una revisión y poda de toda esa burocracia en el Ejecutivo, que no sirve para nada más que para despilfarrar nuestros tributos? ¿O seguirá con la misma cantaleta de todos sus antecesores, diciendo que no alcanza el dinero y pidiendo más impuestos, pero sin atreverse a reducir los gastos en una planilla innecesaria y por tanto corrupta?