Vuelta de hoja

Carolina Vásquez Araya

Pero todo tiene su contrapeso, y este viene con el desmantelamiento de algunas estructuras criminales poderosas en el sistema penitenciario y juicios emblemáticos contra violadores de derechos humanos, esfuerzos parciales pero significativos en un contexto con altos niveles de impunidad. La deuda, sin embargo, aumenta en el tema de los femicidios y la casi absoluta falta de acción en contra de organizaciones dedicadas a la trata de personas.

En el tema social, fue un período de retrocesos importantes. La negación del gobierno a respetar el derecho de las comunidades a las consultas sobre temas que las afectan fue uno de los más destacados. La línea de los gobiernos favoreciendo al sector industrial ya se ha convertido en una constante y paraliza cualquier avance de la población hacia una etapa superior en su desarrollo económico. Priorizar proyectos extractivos o de energía, al sector maquilero y a las grandes empresas agroindustriales por sobre otros derechos de la población, ha sido uno de los errores históricos más desgastantes para el estado de Derecho y la convivencia entre los distintos actores sociales.

Otro año de promesas incumplidas ha sido la tónica de 2014. Niñez y adolescencia desprotegidas y criminalizadas, una situación extrema de negligencia estatal. El hambre y la desnutrición crónica como presencias constantes en el balance anual y un retroceso evidente en el sistema de atención sanitaria. Junto a ello, en ofensivo contrapunto, el derroche fastuoso de los dueños temporales del poder político, cuyos despliegues hacen todavía más dolorosa la realidad de las mayorías.

¿Qué importancia tienen, ante este espectáculo, los pequeños triunfos personales? ¿Cómo justificar el silencio de la sociedad ante señalamientos de corrupción cuyas repercusiones estallan en los medios internacionales de noticias? Concentrados en una competencia de saludos mutuos y románticos parabienes navideños, se dejan pasar así, sin más, las aberraciones de un sistema democrático que ha perdido su esencia y con ella, todo el significado.

El año nuevo no será feliz si no se trabaja en ello con conciencia y determinación, cambiando su tendencia actual. Se comentan con profusión y temor los pronósticos de un año electoral presumiblemente agresivo y violento, pero sin aterrizar en un concepto real de su significado. Es ahora el momento de retomar los valores cívicos y actuar en consecuencia, propiciando la participación ciudadana responsable y respetuosa ante un evento trascendental para el futuro político, social y económico de Guatemala. De ser así, se despejaría un panorama hoy oscurecido por la incertidumbre.

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