Una historia del avance y retroceso tecnológico en Guatemala

¿Cuál es la relación entre el desarrollo de un país, su tecnología e instituciones?

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Vista aérea de ciudad de Guatemala. (Foto: Carlos Hernández)
Vista aérea de ciudad de Guatemala. (Foto: Carlos Hernández)

Este artículo trata sobre el desarrollo económico en Guatemala en los último 70 años, enfocada en cómo la capacidad productiva depende de la cantidad de capital por trabajador y la tecnología con que se combinan estos factores para producir bienes y servicios.

Bajo esta definición de tecnología, uno de los mensajes centrales del artículo es que el país parece haber experimentado un progresivo deterioro tecnológico desde 1980, posiblemente debido a las cicatrices del conflicto armado y el deterioro institucional durante el período democrático.

El artículo se desarrollará en base a un gráfico relativamente complejo, que esperamos explicar y clarificar para que la lectura resulte fluida e iluminadora.

Conceptos base

El desarrollo económico de todo país supone un aumento de la productividad de los trabajadores.

Esto es lo que permite que por cada persona haya más bienes y servicios, lo que es la esencia de un mayor estándar de vida. En la medida que cada trabajador produce más, puede intercambiar según sus necesidades y preferencias esa mayor producción por bienes y servicios que produjo alguien más.

De hecho, el salario real no es más que la representación abstracta y conveniente de lo que producimos, expresada en términos monetarios para facilitar su intercambio.

Destacado

El salario real no es más que la representación abstracta y conveniente de lo que producimos.

La existencia de capital y asimetrías de poder entre trabajadores y empleadores cambia detalles de esta interpretación del salario, pero la esencia se mantiene válida.

¿Cómo se logra aumentar la productividad de los trabajadores? El esfuerzo mismo del trabajador, aunque importa, no es lo que explica las grandes diferencias que uno encuentra entre, por ejemplo, la productividad promedio de un guatemalteco y un alemán.

Lo que marca esa diferencia es la cantidad de capital (ejemplo, máquinas, herramientas) disponible por trabajador, y la tecnología con que se coordinan a trabajadores y capital para producir bienes y servicios. Aquí tecnología no se refiere a una cosa como un computador, sino al proceso mediante el cual se combinan insumos para obtener productos.

Más capital amplifica la capacidad productiva del trabajador, permitiéndole producir más que lo que el mejor de sus colegas podría lograr sin dicho capital.

Ejemplo
Considere la capacidad de hacer zanjas de una persona con sus manos, con una pala o con una retroexcavadora. La adición de más capital por trabajador, aunque inicialmente rentable, eventualmente topa con rendimientos decrecientes al saturarse la capacidad del trabajador de hacer algo productivo con capital adicional. Por ejemplo, un trabajador con una retroexcavadora más potente podrá hacer zanjas más rápido, pero la diferencia es ínfima respecto a la que hay entre la retroexcavadora de menor potencia y un trabajador con pala.

 

Por su lado, una mejora tecnológica cambia la forma en que se combina al trabajador con el capital, lo que permite superar (aunque sea momentáneamente) los rendimientos decrecientes de más capital por trabajador.

Por ejemplo, en vez de aumentar la potencia de una retroexcavadora se pueden incluir sensores, radares y computadores para que el operador pueda optimizar el uso de la retroexcavadora e incluso operar varias simultáneamente desde la comodidad de una oficina.

Naturalmente, los sensores, radares y computadores recién descritos son capital, lo que señala la complementariedad entre el progreso tecnológico y la acumulación de capital. Nuevas máquinas permiten combinar al trabajador y capital de nuevas formas (los computadores que permiten la automatización), y nuevas formas de combinar trabajadores y capital aumenta la rentabilidad del capital y fomenta su acumulación.

Así, la historia del desarrollo económico es en gran medida (aunque no enteramente) una historia del aumento de la producción por trabajador, del capital por trabajador y del progreso de la tecnología con que se emplean factores para producir más bienes y servicios.

Todos estos conceptos los podemos poner en un gráfico como en la Figura 1.

En el eje horizontal tenemos el capital por trabajador, en el eje vertical la producción por trabajador, y las líneas son funciones de producción que muestran que a medida que aumenta el primero aumenta el segundo. No obstante, ese aumento enfrenta rendimientos decrecientes, donde un mismo aumento horizontal en “a” y “b” genera un aumento vertical mucho menor en “b” que en “a”. Un cambio tecnológico se representa por el salto de la función de producción 1 a la 2, lo que permite aumentar el producto por trabajador ante una misma cantidad de capital por trabajador como ocurre entre el punto “c” y “d”.

Figura 1.
Figura 1.

Evidencia

Ahora podemos usar estos conceptos para analizar las trayectorias de distintos países.

La Figura 2 muestra la aplicación de la Figura 1 con datos para EE. UU., Inglaterra, Japón y Taiwán. Todos estos países experimentaron desarrollo económico consistente ante aumentos de la producción por trabajador (PIB por trabajador en el eje vertical) en respuesta a aumentos de capital por trabajador y saltos tecnológicos.

Para todos los países se puede ver un aumento hacia a la derecha y arriba con rendimientos decrecientes. Salvo en Japón, también se pueden inferir saltos de la función de producción hacia arriba inducidos por cambios tecnológicos que permitieron aumentar la producción por trabajador con aumentos relativamente pequeños de capital por trabajador.

Figura 2: PIB por trabajador y capital por trabajador para economías seleccionadas, diversos años Fuente: Allen (2012) en “The Economy” disponible aquí.
Figura 2: PIB por trabajador y capital por trabajador para economías seleccionadas, diversos años
Fuente: Allen (2012) en “The Economy” disponible aquí.

La figura equivalente para Guatemala es notoriamente distinta. Como muestra la Figura 3, el país tuvo un movimiento oscilante entre 1950 y 1980, aparentemente sobre la misma función de producción.

En la década de los 80 se dio una fuerte caída del PIB por trabajador acompañado de un aumento del capital por trabajador, lo que sugiere que hubo un empeoramiento tecnológico que situó al país en una función de producción más baja.

Figura 3: PIB por trabajador y capital por trabajador para Guatemala, 1950-2019. Ambas series en miles de dólares constantes de 2017. Fuente: Elaboración propia en base a datos de FRED y Banguat. La fuerza laboral entre 2001 a 2012 fue estimada.
Figura 3: PIB por trabajador y capital por trabajador para Guatemala, 1950-2019.
Ambas series en miles de dólares constantes de 2017.
Fuente: Elaboración propia en base a datos de FRED y Banguat.
La fuerza laboral entre 2001 a 2012 fue estimada.

Recién en la década de los 90, con el ocaso del conflicto armado y el inicio de la era democrática, el país logró moverse hacia arriba y la derecha de forma decidida, aunque fuese sobre una nueva función de producción inferior. Por ello, a pesar de que se logró un nivel de capital por trabajador inusitado, no se alcanzó un PIB por trabajador comparable a aquel de inicios de los 50.

Lamentablemente, algo pasó durante la primera década del nuevo milenio, cuando comenzó una clara tendencia a la baja del PIB por trabajador a pesar del continuo aumento del capital por trabajador. Más que interpretar esto como rendimientos negativos al capital, hace sentido hacerlo como una nueva reducción de la función de producción debido a otro empeoramiento tecnológico.

Esta historia termina con la década pasada, y no es un final feliz.

Durante este último período no sólo siguió cayendo el PIB por trabajador, sino que por primera vez desde 1980 hubo una importante caída del capital por trabajador.

Como síntesis, la Figura 4 muestra el desplazamiento de la función de producción que relaciona el capital por trabajador al producto por trabajador en Guatemala entre 1950 y 2019.

Reflexiones de cierre

De forma especulativa, se puede hipotetizar que la dinámica oscilante entre 1950 y 1980 durante el conflicto armado se debió a la magnitud de asesinatos, destrucción de capital y atención puesta en ganar la contienda.

Bajo ese contexto es de esperar que no hubiese espacio para aumentar la productividad de trabajadores vía la acumulación de capital y desarrollo de mejores tecnologías. Mejoras que se daban ciertos años eran rápidamente perdidas.

Durante los 80, la caída de la función de producción podría deberse a que la magnitud del conflicto armado llevara a estas alturas a una corrosión profunda de la confianza, activo fundamental para hacer negocios.

Otra hipótesis es que el nivel de inseguridad forzara a un importante gasto defensivo (guardias, cámaras, garitas, etcétera), el que aun siendo necesario en circunstancias hostiles es productivamente estéril. Tanto la pérdida de confianza como el gasto defensivo son ejemplos de circunstancias que empeoran de forma generalizada la capacidad de empresas de producir con una cantidad de capital y trabajo determinado; es decir son fuerzas de deterioro tecnológico.

En la década de los 90, el movimiento hacia arriba y la derecha podría atribuirse al fin del conflicto armado, pero bajo una función de producción inferior debido a las cicatrices del conflicto.

Al inicio del nuevo milenio, se podría hipotetizar que la nueva caída de la función de producción se debiese a un importante debilitamiento institucional durante la era democrática. En detalle, una mayor pérdida de confianza, gasto defensivo, trabas burocráticas, extorsiones, y una perversión de los incentivos a favor del robo y en contra del trabajo duro y la inversión serían suficientes para tener dicho efecto.

El nuevo desplazamiento hacia abajo en la última década del análisis sugiere un nuevo estadio en el deterioro institucional del país, afectando ya la acumulación de capital relativo a la cantidad de trabajadores.

En efecto, la mezcla de un fuerte crecimiento poblacional (algo inferior al 2 % anual) y un bajo nivel de inversión (menor al 15 % del PIB anual) pone presión a la baja al ratio de capital por trabajador.

Naturalmente, estas hipótesis son sólo especulativas y no podemos ni buscamos desarrollarlas adecuadamente aquí. Como muestra de esto, los datos para testear la hipótesis del deterioro institucional provistos por el Worlwide Governance Indicators entre 1996 y 2019 no son concluyentes.

El indicador “Control de la corrupción” mejoró entre 1996 y 2011, aunque luego se deterioró fuertemente hasta 2019. “Voz y responsabilidad” cae, pero no mucho y tiene gran variabilidad. También cae “Efectividad gubernamental” entre 1996 y 2009, pero luego se estabilizó. “Calidad regulatoria” osciló fuerte entre 1996 y 2009, pero luego también se estabilizó, mientras que “Estado de Derecho” se mantuvo estable y “Estabilidad política y no violencia” mejoró progresivamente.

No obstante, los datos provistos en la sección anterior son lo que son y pintan un escenario complejo sin importar la interpretación específica que se haga. Si la historia que especulamos resulta convincente, la buena noticia es que las acciones que se deben tomar en el país son claras.

Si lo que contrajo progresivamente la función de producción fue la pérdida de confianza, el gasto defensivo y el deterioro de incentivos, la solución está en reconstruir la confianza, reducir la necesidad de gasto defensivo y establecer los incentivos correctos. En breve, la solución está en construir instituciones fuertes e inclusivas. La mala noticia es que la coyuntura no es alentadora.

La necesidad de cambios institucionales para alcanzar el desarrollo está muy bien establecida en la literatura y es una necesidad clara para Guatemala. Este artículo sugiere que, si el deterioro institucional está a la base de la caída de la función de producción, entonces éste perjudica incluso a quienes se creen beneficiados del actual estado de las cosas.

Una mejor institucionalidad, en cuanto expande la función de producción, guarda la promesa de permitir que todos los trabajadores produzcan más con menos, que existan más bienes y servicios en la economía, y así que aumente el salario real y el beneficio de empresas simultáneamente. Sumado a mayor confianza y menor violencia, esta es la imagen de un país a la altura de lo que Guatemala promete.

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Benjamin Leiva, PhD. Profesor e investigador Universidad del Valle de Guatemala


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