Cómo pintar de colores la docencia y dejar el vicio del acomodamiento

La carrera docente, en medio de las dinámicas pandémicas a lo largo del presente año, se ha tenido que reformular. Algunos mencionan una metamorfosis obligada, pero que, a todas luces, se ha constituido como una gran oportunidad para la educación en general.

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Hay que mencionar que esta metamorfosis ha tenido que darse en varios niveles: el adaptar los horarios de clase virtual a las dinámicas diarias, el convertir algún espacio del hogar en un búnker anti-ruidos, e incluso el invertir en un aparato de cómputo adecuado junto a un servicio de internet de calidad para salvaguardar las exigencias de esta modalidad.

A sabiendas de que no todo lo que pasa por un cambio sobrevive y, que todo lo que avanza a una nueva etapa, usualmente, será algo mejorado, renovado y lleno de colores, sobre todo esto último, dotar de colores a la docencia. La pregunta que puede surgir es: ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo dotarla de colores? Incluso, consultarse: ¿A qué puede referirse ello?

Al aplicarlo a nuestra realidad, se debe, en primer lugar, contextualizar este momento a razón de la pandemia y cómo vino a cambiar nuestras dinámicas sociales, familiares y laborales, entre otras. Respecto de la enseñanza, habrá que mencionar que todo ello ha generado un cambio de discurso frente a nuestros estudiantes.

Hoy, puede que vivamos un presente que ninguno había imaginado; de ahí que deba tenerse en cuenta que esto permeará el enfoque del futuro que hemos trasmitido. Corresponde, “darle color” y, en algunos casos, más tonalidades en los colores para que esos ecosistemas de aprendizaje puedan potenciar las posibilidades de nuestros estudiantes y, nosotros también, lo sigamos haciendo.

Muchos nos vimos en la necesidad de cambiar los cuadernos por computadoras, teléfonos, tabletas, según las posibilidades y necesidades de los grupos; o incluso, encontrarle nuevos usos a las hojas de papel recicladas que teníamos y que utilizábamos para dar una enseñanza significativa. He ahí parte del color necesario, la enseñanza significativa, la pandemia hizo que desempolváramos todo aquello que ya se tenía planificado desde hace años; esas rutinas docentes donde por generaciones muchas veces se había transmitido el mismo conocimiento, desde las mismas dinámicas. La pandemia provocó que se dotará de color a la enseñanza tradicional, esa donde los alumnos solo escuchaban y anotaban en su cuaderno. Esto, para darle paso a técnicas como la clase invertida, a la gamificación, al aprendizaje basado en retos o, dar un giro al estudio de casos.

Ilustración: Diego Sac
Ilustración: Diego Sac

Enrique Pestalozzi mencionó que “el fin último de la educación no es la perfección en las tareas de la escuela, sino la preparación para la vida”. Frase que resulta un discurso común en nuestras reuniones, pero poco activada en nuestros salones de clases; por lo que a cada uno de los docentes le ha correspondido innovar, transformar la dinámica de enseñanza tradicional que hoy pareciera que fue descontinuada a la fuerza. Un cambio que desde hace años se hacía más que necesario.

Por supuesto que han existido muchos retos; uno que debe destacarse es el tiempo laboral del docente; hoy, pareciera haberse multiplicado de manera exponencial, el uso de la computadora en la preparación de clase, las sesiones sincrónicas, las charlas los padres de familia para resolver diversas dudas.

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Había una comodidad latente; ya hace varios años atrás, se hablaba de que las instituciones educativas públicas y privadas debían estar preparadas para tener una educación remota. La pandemia pareciera que se topó con nosotros de golpe, sin aviso y sin prevención; todo esto en función de nuestra comodidad dentro del sistema educativo.

Hay que hacer mención que, en Guatemala, la carrera docente está impregnada de retos, muchos de ellos sin la necesidad de la pandemia como propulsor; lo cual, ya había hecho explorar “otros colores” a los docentes en diversos territorios creativos.

Así, el segundo color del cual se ha podido colorear la educación, es la creatividad. Esto plantea una necesidad imperante para la educación en nuestro país, sea en el contexto de la pandemia o no, y es el de renovar las competencias de vida para los estudiantes por medio del desarrollo de la educación plena, íntegra y con visión panorámica de futuros inexplorados hasta este momento.

Puesto que, habrá que recordar que los docentes han entrado en un proceso de metamorfosis para transformar la didáctica tradicional y los vicios de acomodamiento por la brillantez y las rutas para alcanzar las diversas metas establecidas; y puede que en ello resida el verdadero color de la educación; el trazar las metas que en conjunto: docentes, estudiantes, institución educativa, padres de familia y demás factores que inciden en la educación establezcan metas educativas concretas y se actúe para acercase a cada una de ellas.

Todo esto, con la finalidad de “dotar de color” a aquello monocromo y que el discurso respecto de la preparación para la vida también viva el proceso de metamorfosis hacia la acción.

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Universidad del Valle de Guatemala. Facultad de Educación.

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