Interrupción de la vacunación deja a niños expuestos a enfermedades que pueden ser mortales

La interrupción de los programas de inmunización es un efecto más de la pandemia del covid-19, lo que pone en riesgo a la población infantil ante el contagio de enfermedades como la tuberculosis, tos ferina y sarampión. Las consecuencias, incluso, pueden ser letales.

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La vacunación debe ser una prioridad de los gobiernos, pues proteger a los niños contra enfermedades graves o, a veces, mortales. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
La vacunación debe ser una prioridad de los gobiernos, pues proteger a los niños contra enfermedades graves o, a veces, mortales. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

El London School of Hygiene & Tropical Medicine ha advertido que por cada muerte que se logra impedir por coronavirus, se corre el riesgo de que se registren cien o más fallecimientos de niños a consecuencia de enfermedades que pueden prevenirse con la vacunación.

Evitar el contagio del covid-19 es una de las razones que ha llevado a interrumpir la vacunación rutinaria en unos 68 países, según la Organización Mundial de la Salud. Guatemala no es ajena a esta amenaza, y eso se refleja en los números, pues el Ministerio de Salud reporta que hasta mayo de este año se vacunó a 33 mil 699 niños menos que en el mismo período del 2019.

Si bien enero comenzó con una cifra alentadora, cerca de 95 mil niños inmunizados, febrero tuvo una baja considerable de infantes menores de cinco años que fueron vacunados, se registraron 15 mil 690 menos.

Para ese entonces, aún no se reportaban casos de covid-19 en el país, pero comenzaban a establecerse los lineamientos y protocolos ante el ingreso inminente del virus.

Fue en marzo que se reportó el primer contagio, el día 13. Las medidas de contención quedaron instituidas, el distanciamiento físico y las restricciones de movilidad, entre ellas. Según el Ministerio de Salud, esto ha afectado las jornadas de vacunación.

Ese mes se inmunizó a 6 mil 890 niños menos que en febrero, y en abril, la cifra disminuyó otros 4 mil 371.

La cantidad de niños vacunados tuvo un cambio en mayo, esta aumentó, acciones como el acercamiento del personal de salud a las casas de los niños para vacunarlos podría haber contribuido. Aun así, no se supera la cifra de infantes que se logró inmunizar el año pasado hasta esa fecha. En el 2019, durante los primeros cinco meses se vacunó a 423 mil 143 niños menores de cinco años, mientras que este año fueron 389 mil 444.

El peligro de una baja cobertura es “que puedan reactivarse enfermedades prevenibles por vacunación ya erradicadas del país o que se presenten focos epidémicos de otras cuyas tasas se han mantenido controladas. Con esto un incremento substancial de la mortalidad infantil enfatizado en las poblaciones indígenas, que tienen menos acceso y oportunidades”, refiere la Alianza Nacional de Organizaciones de Mujeres Indígenas por la Salud Reproductiva y Nutrición (Alianmisar).

Panorama complicado

En medio de las restricciones de movilidad y distanciamiento social no es sencillo para la población trasladarse a los puestos de vacunación. Sin transporte para movilizarse, en las áreas rurales deben caminar de una hasta dos horas para llevar a los niños a su control.

A esto se suma el miedo de los padres de exponerse ellos y a sus hijos al contagio del nuevo coronavirus. Prefieren quedarse en casa y posponer la inmunización, lamentablemente esta decisión puede poner en peligro la vida de los niños.

La vacunación oportuna protege a las poblaciones, al tiempo que reduce las posibilidades de que se produzcan brotes de enfermedades prevenibles a través de una vacuna, menciona el médico Marc Rondy, asesor de Inmunización de la Oficina de Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) en Guatemala.

Este blindaje comienza desde las primeras horas de nacido de un niño, cuando debe suministrarse las primeras dosis contra la Hepatitis B y la vacuna BCG que previene las formas más graves de la tuberculosis (meningitis e infección diseminada en varios órganos y tejidos). A partir de ese momento hay que continuar con el esquema de vacunación que incluye vacunas contra la poliomielitis, difteria, tosferina, tétanos, meningitis, sarampión, paperas, rubéola, neumococo y rotavirus. Estas deben ser aplicadas antes de cumplir los cinco años.

En el territorio guatemalteco los últimos casos de poliomielitis se reportaron en 1990, mientras que de rubeola fue en 2006. El sarampión se erradicó hace más de dos décadas, sin embargo, una bajo nivel de vacunación hace tambalear el progreso logrado contra este virus. El peligro se hace mayor cuando ya se reportan casos en países cercanos, como México.

En una población que no tiene sus vacunas al día, un caso de sarampión puede producir hasta 18 casos secundarios.

Servicios mermados

No solo son las restricciones de movilidad o el temor de contagiarse al llegar a los centros y puestos de salud, lo que influye en la interrupción de las jornadas de vacunación, también entra en juego el recurso humano.

Con la aparición de la pandemia, los servicios de atención primaria se han visto mermados. Mucho del equipo que trabaja en estas áreas también tienen dificultades para movilizarse por falta de transporte.

Además, se ha dado una reasignación de tareas. El personal también debe apoyar en la respuesta del covid-19. Son ellos quienes están enfocados en visitar a los pacientes positivos que están asintomáticos, en cuarentena, y les dan seguimiento. Esto diezma aún más al personal y disminuye la capacidad para atender el programa de vacunación.

En el campo

Un sondeo rápido realizado por World Vision en comunidades de Sololá, Quetzaltenango y Chimaltenango evidencia que hay puntos donde la asistencia de la población a los servicios de salud ha disminuido, pero el personal hace esfuerzos por mantener al día el programa de inmunización.

Lidia Matzir de la comunidad Santa Sofía, en Chimaltenango, indica que las enfermeras han realizado visitas domiciliarias para vacunar a los niños.

Lo mismo sucede en Buena Vista 2, sector San José, pues la recomendación a la población es acudir al puesto de salud cuando el caso lo amerite, para evitar aglomeraciones. Esto ocasiona que no todos los padres de familia lleven a sus hijos a vacunar, por lo que el personal hace una búsqueda activa de los niños para suministrarles las dosis que les hacen falta.

“Las familias están más interesadas en que vacunen a los niños porque piensan que eso ayuda a que no se enfermen de coronavirus y van al centro de salud, si no, los llegan a visitar a sus casas”, dice Silvia Orozco, originaria de Palestina de los Altos en Quetzaltenango.

Aunque para Mishel Puac Mench, de la misma comunidad, el programa de vacunación sí se ha visto interrumpido porque la gente tiene temor de salir de sus casas y contagiarse de covid-19.

En el centro de salud de Chirj Maza Palilic las puertas permanecen abiertas a la población, pero la afluencia de personas ha mermado. La enfermera Marta Pocop dice que uno de cada dos niños que requieren ser vacunado ha llegado a su consulta, los que no, ella va en su búsqueda.

De acuerdo con el Ministerio de Salud, los puestos y centros de salud continúan con la inmunización a demanda, pues se administra en el momento que los padres llevan a sus hijos. El programa de vacunación también se mantiene a través de puestos móviles y con las visitas domiciliares.

En otros países se han adoptado medidas innovadoras para no interrumpir la vacunación, en Brasil, por ejemplo, las escuelas que ahora están vacías por el confinamiento se habilitaron como puestos para inmunizar contra la gripe a poblaciones en riesgo, lo mismo se hizo en supermercados y farmacias.

En el caso de El Salvador se han colocado puestos de vacunación antigripal en los bancos, mientras que en Chile hay lugares donde es posible que se le aplique la dosis sin bajarse del automóvil.